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| 10/22/2011 12:00:00 AM

Libia sin Gadafi

El economista libio Alaa al-Ameri analiza cuál puede ser el futuro de su país.

Yo, como muchos, habría preferido que lo juzgaran, pero no puedo culpar a los que lo mataron. Gadafi y su familia tomaron la riqueza de la nación como su fortuna personal, asesinaron con base en rumores e impidieron que generaciones enteras aspiraran a un futuro. El nivel de crueldad del régimen en estos años es difícil de comprender y aún más difícil de describir. En los próximos meses y años se revelará en toda su extensión.

Es difícil negar que su muerte salvará al pueblo libio y al incipiente gobierno de meses de incertidumbre y de los riesgos por mantener a Gadafi detenido. A pesar de la decisión de la Corte Penal Internacional de juzgarlo en La Haya, para el Consejo Nacional de Transición (CNT) hubiera sido políticamente imposible entregarlo. Por eso, para el CNT, una muerte rápida es una oportunidad para reconstruir más pronto una Libia post-Gadafi y ayudarle a una sociedad posguerra a superar las heridas de esta y de cuatro décadas de gobierno autocrático.

La alternativa, y tal vez la visión más pesimista, es que, sin Gadafi para canalizar la indignación popular y la frustración, al CNT le resultará más difícil mantener la población de su lado. Una vez que la euforia pase, la gente necesitará alimentos, agua, electricidad, salud y seguridad, y ellos deberán entregarlos rápidamente. La oposición mantuvo las fuerzas políticas unidas detrás de una causa única. Ahora que el dictador se ha ido, el camino está abierto. Los libios tienen que vivir la libertad por la que lucharon y permitir que todo el espectro de opiniones políticas convivan.

Cualquiera que se imagine que el futuro va a ser suave, libre de errores, problemas o tensiones es ingenuo. Gadafi arrasó con todas las instituciones públicas del país, que solo existen en la mente de la gente. Los que viven en democracias dan eso por sentado.

En Libia el discurso político ha sido prohibido por más de una generación. La mayoría de los libios no saben cómo es vivir en una sociedad en la que las opiniones políticas son refutadas con algo diferente a la violencia. Se necesitará tiempo para que la gente aprenda a estar en desacuerdo y, lo más importante, que acepten perder. Son componentes esenciales en una sociedad democrática, incluso más que las elecciones o los partidos políticos.

La buena noticia es que la sociedad está ávida de instituciones y parece estar recuperando todo lo que nunca tuvo. A medida que la revolución avanzaba, surgieron periódicos y emisoras. La libertad de prensa, la libertad de expresión y el debate abierto se convertirán en pasatiempos diarios de personas hambrientas de estos derechos por décadas.

Quizás lo más importante es que la dirección del CNT logró mantenerse unida, a pesar de los desacuerdos y las diferencias ideológicas. Incluso cuando islamistas hicieron declaraciones amenazantes, el CNT les contestó con tranquilidad y con manifestaciones cívicas, y exigió un debate pacífico.

Además, se cayeron las predicciones de que Libia es una sociedad tribal y dividida. La identidad del país fue suficientemente fuerte para resistir a la Italia fascista y para oponerse después a los intentos británicos de dividirlo. Es esa misma identidad nacional que derrotó a un tirano que muchos pensaban inquebrantable.

La demografía de Libia también es favorable. Aunque es étnicamente diversa, su población es pequeña, culturalmente homogénea y relativamente liberal. Es bastante joven, la identidad tribal es una cosa del pasado, la mayoría de la gente vive en ciudades, la alfabetización es muy alta y hay una diáspora altamente cualificada que ya está volviendo al país para reconstruirlo.

No será fácil. Libia ha de lograr algo que ningún otro país ha hecho: debe convertirse en la primera democracia musulmana árabe rica en petróleo. Será una lucha, y la muerte de Gadafi simplemente ha despejado el camino para el futuro, pero no lo garantiza. Al menos por el momento, Libia tiene las herramientas adecuadas para tener éxito y unas de las condiciones más favorables para hacerlo.
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