Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2001/08/13 00:00

Libre por loco

Qué hay detrás del fallo de sobreseimiento temporal que parece librar a Augusto Pinochet de su cita con la justicia.

Libre por loco

Demencia subcortical de orden vascular de grado moderado. Esa fue la razón médica para la resolución de sobreseimiento temporal que libró al ex dictador Augusto Pinochet del proceso que se le seguía como encubridor de 57 asesinatos y 17 secuestros. La decisión de la sexta sala de la corte de apelaciones de Santiago fue recibida con alborozo por los partidarios del ex general y con muestras de rechazo por muchos otros, entre ellos los familiares de las víctimas.

Pero aunque muchos se sorprendieron por el fallo, lo cierto es que esa decisión fue el resultado de una cuidadosa operación de ablandamiento dirigida contra el poder judicial, el gobierno y la opinión pública por el equipo asesor de Pinochet y cohonestada por las fuerzas armadas, la derecha política, los empresarios y la alta jerarquía de la Iglesia Católica. Y, al contrario de lo anunciado en los medios, se trata de un fallo que podría caer por razones de inconstitucionalidad. A pesar de todo, el caso Pinochet no está cerrado.

La historia comenzó en enero cuando un fallo denegó el sobreseimiento por razones de salud y se ordenó fichar a Pinochet como reo. A partir de entonces comenzó una campaña para mostrar a un Pinochet enfermo, incapaz de articular ideas y con lagunas de memoria que lo inhabilitaban para declarar sobre su participación en los hechos que se estaban juzgando.

Paralelamente los empresarios se negaban a invertir, argumentando que el juicio a Pinochet producía inestabilidad, mientras millones de dólares salían a las Islas Caimán. La derecha presionaba al gobierno para que negociara fórmulas políticas que detuvieran las querellas contra el anciano militar. Y en forma coordinada el cardenal Javier Errázuriz llamaba a los chilenos a reflexionar sobre la justicia porque —según el prelado— “el exceso de justicia conduce a la injusticia”.

Hace una semana, al igual que en las vísperas de otros fallos, Pinochet fue llevado de urgencia al Hospital Militar. Sin embargo esta vez su ingreso al centro clínico no sería por pocas horas: sus médicos recurrirían al argumento de una intervención quirúrgica en boca y harían énfasis en el riesgo para su vida.

Mientras tanto el cuerpo de generales, en un acto de abierto desacato, se reunía en el Fuerte Arteaga para discutir la situación de altos miembros del ejército que se encuentran expuestos a querellas por violacion a los derechos humanos. El lugar elegido para deliberar sobre la justicia era altamente simbólico, allí se han encontrado varios cuerpos de personas desaparececidas.

El punto álgido se presentó el viernes en la noche cuando miles de personas recibieron una llamada telefónica sobre la agonía y el inminente desenlace fatal de Pinochet. El espectáculo continuó con el traslado a su casa a toda velocidad en una ambulancia escoltada mientras un canal amigo de televisión captaba, por primera vez, imágenes borrosas de un Pinochet semidormido con una sonda apretada entre los dientes. El sábado se decía que lo habían trasladado a morir en su casa a pedido de la familia, que sería mantenida su muerte en secreto por varios días —emulando a Francisco Franco— y que los militares estaban negociando un funeral de Estado.

Con el país distraído con la supuesta agonía de Pinochet el presidente Ricardo Lagos se reunió con los cuatro comandantes de las fuerzas armadas en casa del ministro de Defensa. La agenda de la reunión de cuatro horas no fue explicada satisfactoriamente pero los ajustes de última hora al fallo judicial han hecho presumir a los abogados acusadores una negociación política. ¿Qué ganó el gobierno? A mediano plazo un respiro para las elecciones parlamentarias de diciembre, en las que espera obtener una mayoría en el Congreso que permita realizar las reformas políticas a la Constitución para dar por concluida la transición a la democracia.

Como dijo a SEMANA el abogado Eduardo Contreras, uno de los querellantes, “el viernes el fallo estaba redactado con dos votos de mayoría por rechazar el sobreseimiento y un voto de minoría por acogerlo. Por la tarde todo cambió, los abogados recibimos un llamado que Pinochet habría muerto. El día lunes inesperadamente estaba el fallo a las 8:30 de la mañana y la jueza Valdovinos había cambiado su voto, es claro que el sábado hubo negociaciones y presiones” (ver entrevista).

Y eso no es todo. Según opina el defensor penal público, Alex Carocca, “el fallo se aleja de la Constitución al referirse al artículo 10, que estará vigente a contar del año 2004 cuando se ponga en funcionamiento el nuevo Código de Procedimiento Penal”. O sea que, al incluir en el fallo una norma que aún no entra en vigencia, se está acomodando la ley para salvar a un solo procesado.

Luego de la decepción los abogados han comenzado a estudiar los recursos que presentarán ante la Corte Suprema. No quieren hablar de derrota aún porque consideran que han logrado lo que todos creían imposible: llevar a juicio a un dictador en América Latina que, si es definitivamente sobreseído, será por loco y no porque haya probado su inocencia.

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