Miércoles, 22 de octubre de 2014

| 2013/04/27 04:00

Linchamiento virtual a sospechosos

La convocatoria de internautas a colaborar en la búsqueda de los Tsanraev fue un éxito, pero abrió interrogantes.

Después del atentado, el FBI hizo un llamado al público para que mandara fotos de la carrera. Recibieron un millón de imágenes, de las que seleccionaron 2.000 para identificar y acusar a los hermanos Tsanraev.

“Uh explosiones en Boston”, tuiteó DeLoBarstool el lunes pasado, solo unos minutos después de que dos bombas estallaran en la línea de llegada del maratón de Boston. La noticia después invadió páginas de internet, cadenas de televisión y periódicos por días y días. Este usuario anónimo fue el primero en informar sobre el drama y terminó siendo un presagio de la omnipresencia y el dominio de las redes sociales en el desarrollo del drama que siguió.

Después de que la Policía identificó a los hermanos Dzhokhar y Tamerlan Tsanraev como los principales sospechosos de la bomba de Boston, los agentes del SWATT se lanzaron en una cacería frenética en toda la ciudad. 

Entre tanto y como nunca antes, millones de internautas se lanzaron en una frenética y masiva búsqueda de información, llevándose por delante medios tradicionales, métodos de investigación policiaca y presunción de inocencia. Si todavía no era claro, lo que pasó en las redes tras el drama de Boston, mostró lo mejor y lo peor de internet. 

El FBI fue el primero en abrir la cacería virtual poco después del atentado, al llamar a que le enviaran cualquier elemento que pudiera servir para la investigación. En el momento de las explosiones miles de personas rodeaban la recta final de la carrera, familiares de deportistas, fotógrafos profesionales, camarógrafos de televisión, curiosos, corredores, jueces, policías. 

La mitad de los estadounidenses tienen teléfonos inteligentes y en Boston hay cientos de cámaras de vigilancia en negocios y en las calles. La Policía sabía que en las millones de fotos y las horas de video que se tomaron ese día, en alguna parte debían estar los sospechosos. 

Para alimentar el morbo electrónico prometieron una recompensa de 50.000 dólares y publicaron fotos de las piezas encontradas en la escena del crimen. La Policía de Boston incluso abrió sus frecuencias de radio al público. Doug White, director del programa de Ciberseguridad y Ciencia forense en la Universidad Roger Williams, le dijo a SEMANA que “mientras más ojos vean la evidencia, hay más probabilidades de que alguien la reconozca”.

La respuesta en las redes sociales fue masiva. Páginas como Reddit, Flickr, 4Chan se llenaron de fotos y videos de anónimos. Como explicó Aaron Tang en su álbum de Flickr Boston Marathon Bombing: “Estaba viendo la carrera cuando las bombas explotaron. 

Lo primero que hice fue tomar fotos para buscar pistas. Esto es lo que tengo. Compartan, enlacen, publiquen, tal vez consigamos pistas”. Así se crearon grupos donde miles de internautas reconstruyeron líneas de tiempo, armaron rompecabezas, buscaron pistas y jugaron a volverse detectives. 

No se les escapó nada. Cualquiera que tuviera un bolso, una cara “sospechosa”, una actitud curiosa fueron escrutados y debatidos por miles de desconocidos. Y claro, en un espacio donde no hay responsabilidad personal, la batida derrapó. 

El diario The New York Post publicó en su portada la foto de dos jóvenes que nada tenían que ver, y se supo que las imágenes provenían de un grupo de vigilantes virtuales. Lo mismo pasó con decenas de personas condenadas antes de poder defenderse. El acoso fue tan lejos que Reedit se disculpó por algo que empezó con “intenciones nobles, pero que terminó en una peligrosa cacería de brujas ‘online’”.

Entre tanto el FBI recibió 1 millón de fotos y 1.000 horas de videos que, de una manera más discreta y técnica, fueron claves para identificar a los hermanos Tsarnaev. Hace unos días se conoció la querella criminal del FBI contra Dzhokhar, el menor. Gran parte de las evidencias para acusarlo son imágenes que los investigadores recopilaron entre el público y en cámaras de seguridad. 

Robert McCrie, profesor de Gestión de Seguridad en el John Jay College of Criminal Justice, le dijo a SEMANA que “las autoridades están usando cada vez más los medios sociales para resolver crímenes. Pero las bombas de Boston lo llevaron a un nivel sin precedentes”. Y sin duda la tendencia apunta hacia allá, con resultados a veces benéficos. 

En Estados Unidos hay incluso grupos de investigadores aficionados que se dedican a revivir casos olvidados. Todd Matthews, trabaja para el Sistema Nacional de Personas Desaparecidas (identifyus.org/es) donde le contó a esta revista que “tienen a miles de cuerpos no identificados, entre ellos muchos inmigrantes latinos. En mi tiempo libre busco, como un detective voluntario, pedazos de información de casos para obtener un panorama más amplio. Es un rompecabezas gigante”. 

Doe Network, la página para la que trabaja ha ayudado a resolver decenas de casos que llevaban décadas en la impunidad. Los defensores de ese tipo de investigación incluso sostienen que si en la época de Kennedy hubieran existido las cámaras de vigilancia, el magnicidio no sería un misterio. 

Pero también es la puerta abierta para muchos problemas. Como explicó Doug White, se corre el riesgo de acusar y estigmatizar sin pruebas, la información en la red también puede terminar ayudando al sospechoso y además depender de gente que busca confundir, desinformar o simplemente bromear a través de las redes. 

Algo que puede tener consecuencias graves, como se vio cuando fue hackeada la cuenta de Twitter de Associate Press la semana pasada, para anunciar falsamente un atentado contra la Casa Blanca , lo que provocó pánico en Wall Street (Ver Ejército electrónico). 

Y tal vez presagia un problema más profundo. Por la seguridad y la lucha contra el crimen todo se justifica, y ahora son más cámaras de seguridad, drones policiacos, grupos de vigilantes voluntarios en internet, gafas que lo filman todo, celulares inteligentes. ¿Que pasará después? Ojalá la respuesta no esté en la novela 1984, de George Orwell. 

¿Qué sabía el FBI?


El nombre de Tamerlan Tsarnaev no era nuevo para el FBI y la CIA. Desde 2011 el joven estaba en la lista del Centro Nacional Antiterrorista de Estados Unidos luego de que Rusia le pidió a la agencia que lo investigara por eventuales conexiones con fundamentalistas islámicos. 

Aunque ese año lo entrevistaron, el caso quedó archivado. En 2012 viajó como cualquier turista a Rusia y se quedó seis meses en Daguestán, una república rusa en el Cáucaso con una activa rebelión islamista armada. Aunque su familia dijo que no estuvo en contacto con organizaciones islamistas, no es claro qué hizo en ese periodo. 

En internet Tsarnaev publicaba vídeos que glorificaban al yihad. Al parecer uno de los problemas de las autoridades es que no estaban seguros cómo se escribía su nombre y su fecha de nacimiento, lo que complicó la identificación. Aunque es imposible seguirles el rastro a cada una de las 700.000 personas que están en la lista antiterrorista de Estados Unidos, el Congreso está interrogando al FBI para determinar si se hubieran podido prevenir las bombas. 

¿Quién es terrorista y quién no?


Terrorismo. Esta es la palabra que hace que el atentado de Boston aún dé de qué hablar, a pesar de que se llevó menos vidas que en masacres como la del teatro Aurora en Colorado o la del colegio de Newtown en Connecticut. 

Aunque eran de origen checheno, los Tsarnaev llevaban años en Estados Unidos, el mayor estaba casado con una norteamericana, el menor tenía la ciudadanía y estaba bien integrado. ¿Qué tan diferente son de un Adam Lanza o un James Holmes? ¿Son terroristas por haber puesto una bomba y no acribillar a sus víctimas con fusiles? 

¿O por ser musulmanes? De hecho, en un principio el propio Barack Obama se abstuvo de calificar el acto como terrorista, pero apenas se conocieron pistas sobre las ideas religiosas de los autores, la palabra salió a flor de piel. Pero por ahora no es claro si tenían motivaciones políticas, si querían llevar el yihad a Estados Unidos, si los ayudó algún grupo. 

Tal vez, como es el caso de otros jóvenes estadounidenses, lo que provocó el ataque fue esa mezcla letal de enfermedad mental, alienación social, rabia. ¿Seguirán siendo terroristas si esa teoría se confirma? 

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