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| 7/1/1985 12:00:00 AM

LO QUE EL MAR SE LLEVO

Víctimas del maremoto que dejó 15 mil muertos en Bangladesh relatan sus experiencias

Para Entaj Alí, un conductor de bus en la isla Chair Pir Bux de Bangladesh, el violento huracán que arrasó a su pueblo la semana pasada, le obligó a experimentar la aventura más grande de su vida: volar por los aires en su cama de madera. Después de ser rescatado por la marina, el hombre describió el prodigio: "El ciclón nos pilló totalmente desprevenidos", dice. "Al principio empezó a soplar el viento, que cada vez lo iba haciendo con más fuerza, pero no nos preocupamos porque estábamos acostumbrados a ello". Describe luego que una ola inmensa barrió su casa. "Después de eso no sé lo que ocurrió. Me agarré a mi cama de madera y cuando me di cuenta de la situación me encontraba flotando en el mar". La fuerza de los vientos, que en algunos puntos alcanzaron los 160 kilómetros por hora, lo habían arrojado 37 kilómetros mar adentro. El asombrado chofer permaneció a la deriva 48 horas en una zona tradicionalmente infestada de tiburones hasta el momento de ser rescatado.
Mohammed Ibrahim, un pescador de 50 años, de Char Clerk narró a los periodistas cómo se le vino encima una ola de 5 ó 6 metros de altura y cómo vio que familias enteras inútilmente se aferraban a postes y puertas de sus casas en desesperado esfuerzo para evitar ser llevados por el viento.
Al final de la pesadilla la Cruz Roja y el creciente rojo estimaban en 40 mil el número de muertos. No era para menos. Poblaciones enteras como las de las islas Sanwip, Purbaksh y Pukiarchaga fueron borradas por el fenómeno natural. En Monpura, otra isla, la mayoría de sus 25 mil habitantes desapareció. Además se calcula que cerca de 500 embarcaciones menores, con más de dos mil pescadores que se encontraban en el mar al producirse el huracán, han desaparecido.
La fuerza de las aguas a lo largo de decenas de kilómetros (que en algunos puntos formaron olas de 15 metros de altura), fue tan grande que embarcaciones de varios miles de toneladas salieron volando del mar para ir a estrellarse a decenas de metros de las costas.
El tifón tomó forma en uno de los deltas mayores del mundo, donde los ríos Ganges y Brahmaputra arrojan sus aguas sobre la bahía de Bengala.
Bangladesh tiene 90 millones de habitantes y es uno de los países más pobres del mundo. En 1970 otro huracán golpeó la misma región dejando, según cifras no oficiales, 300 mil bengalies sin vida. El de ahora ha dejado a 250 mil bengalíes sin hogar.
El gobierno dirigido actualmente por el general Hussain Mohammed Ershad, dijo que los muertos oscilaban entre 5 mil y 10 mil. El general, tras el desastre, movilizó al Ejército para organizar el rescate de los cuerpos sin vida y hallar a los desaparecidos. También visitó la zona y repartió entre los damnificados 100 takas, lo que equivale a tres dólares por persona. Pero eso no sirvió de mucho a los afectados, pues no había lugares donde gastar ese dinero. El primer ministro hindú, Rajiv Gandhi envió suministros y helicópteros para ayudar a Ershad.
Los únicos edificios que resistieron el embate del tifón fueron algunas construcciones de cemento de tres pisos que el gobierno habia construido años antes para que sirvieran como refugios durante las tormentas. Pero para la mayoría de bengalies de la zona, tal construcción y el sistema oficial para advertir a la población sobre la proximidad de una tormenta, no sirvió. El gobierno insiste en que sus advertencias radiales fueron hechas horas antes de que el ciclón desarrollara toda su fuerza asesina, y señala que muchas gentes oyeron las señales y las acataron. Pero muchos sobrevivientes aducen que eran muy pobres para poder comprar un radio y que por ello las gigantescas olas los cogieron por sorpresa.
El conjunto de la población se disponia, al finalizar la semana, a reconstruir sus viviendas y buscar nuevas fuentes de agua. Y los que han estado enterrando sus muertos tuvieron choques con las autoridades pues éstas tratando de impedir que se desaten epidemias, han ordenado enterrar los cadáveres lo más pronto posible en fosas comunes. Esa práctica viola la ley islámica que exige que los cuerpos sean cremados. "Es la peor tragedia de la historia de Bangladesh" dijo el presidente Ershad. Y tiene razón. -
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