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| 3/8/2008 12:00:00 AM

Lo que viene

El triunfo de Hillary en Texas y Ohio la revivió ante Obama y abre la posibilidad de que por primera vez en muchos años los demócratas definan a su candidato en la convención.

No puede estar mejor la competencia entre Hillary Clinton y Barack Obama por lograr la candidatura demócrata a los comicios presidenciales de noviembre. Tras una larga serie de elecciones primarias para escoger los delegados a la convención del partido a finales de agosto en Denver, la ex primera dama y el senador de Illinois han protagonizado una de las campañas má entretenidas de los últimos tiempos en Estados Unidos. Han desmentido a los encuestadores, han ganado por sorpresa y han perdido estrepitosamente cuando todo indicaba que tenían el triunfo en el bolsillo. Ahora las preguntas son qué sigue para ellos y cuál de los dos se va a quedar con la candidatura.

De momento, la situación es la siguiente: Según las normas del partido, para que alguien se convierta en candidato el 28 de agosto en Denver necesita el voto de 2.025 delegados, de un total de 4.048. Estos delegados son elegidos a lo largo del proceso de primarias que comenzó el 3 de enero en Iowa y que ha continuado en la mayor parte de los estados. Pero no sólo eso. Entre los 4.048 participantes en la convención se cuentan así mismo 796, mejor conocidos, ojo, como los superdelegados.

¿Quiénes son estos señores? Se trata de un grupo integrado por 19 pesos pesados de la colectividad, como los ex presidentes Jimmy Carter y Bill Clinton y el ex vicepresidente Al Gore, y también por los 31 gobernadores, 48 senadores y 220 representantes demócratas, así como por los 404 miembros del Comité Nacional del partido que integran, el aparato de esa fuerza política. ¿Para qué sirven y desde cuando están ahí?

 Como dijo Ken Rudin en National Public Radio, "fueron introducidos en 1984 para que el núcleo duro demócrata supervisara la convención e impidiera que se tomen decisiones equivocadas". 

Los superdelegados han cobrado enorme importancia a estas alturas. Según los cálculos más acertados, Hillary tiene el respaldo de 254, y Obama el de 208. Lo interesante es que la batalla por conseguir los que faltan o porque alguno cambie de bando está como para alquilar balcón. Todo se debe al virtual empate en el que se hallan Obama y Hillary y a que, como advierte Patrick Healy en The New York Times, "es prácticamente imposible que alguno logre los 2.025 delegados". Al día de hoy, y luego de conocerse el resultado de la mayor parte de las primarias, Obama ha conseguido 1.573 delegados, y Hillary 1.464. Cada voto vale oro.

La última sorpresa del proceso de las primarias la dio Hillary el martes de la semana pasada. Ese día, la ex primera dama superó al senador con el 50 por ciento de los votos contra el 48 en Texas, mientras en Ohio lo derrotó por el 53 por ciento, contra el 44 por ciento y en Rhode Island, con el 58 por ciento contra el 40 por ciento. Obama sólo pudo acortar terreno en Vermont, donde obtuvo el 59 por ciento, 20 puntos sobre la señora Clinton. Lo clave era, sin embargo, la dupla de Texas y Ohio, donde se disputaban 193 y 141 delegados, respectivamente.

¿Por qué, si las encuestas no le daban tanta ventaja, Hillary le metió la mano a Obama en tres estados decisivos el 4 de marzo? Hay varias razones. La primera fue la publicidad negativa. La ex primera dama contrató un anuncio de televisión en el que suena un teléfono rojo a las 3 de la mañana mientras varios niños duermen. Una voz en off pone de presente que es una llamada crítica y dice que la persona que va a contestar en la Casa Blanca debe poseer una vasta experiencia internacional. El anuncio puso a pensar a los gringos sobre la presunta falta de trayectoria de Obama. Como señaló Peter Wallsten, de Los Angeles Times, "la publicidad negativa le resultó positiva a Hillary Clinton".

Una segunda razón que explica el éxito de Hillary el martes tiene que ver con el juicio a Tony Rezko, 24 horas antes en Chicago. Rezko es un empresario adinerado que ha dado plata para la campaña de Obama, a quien le vendió parte del lote de la casa donde vive el candidato. Pero se le acusa de fraude fiscal y de lavado de activos. Por otro lado, una tercera razón del triunfo de Hillary fue la filtración de un memorando de un diplomático canadiense en el que sostiene que Austan Golsbee, asesor económico de Obama, le dijo en privado que el senador, cuando anuncia en campaña su intención de renegociar el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (Nafta, suscrito con Canadá y México), lo hace sólo como estrategia de campaña porque, si es elegido, hará otra cosa.

En medio de tanto embrollo, ¿cómo se definirá entonces el nombre del candidato demócrata que enfrentará al republicano John McCain el 6 de noviembre

 Los escenarios son diversos. Por si algo faltaba, los gobernadores de Florida y Michigan, Charlie Crist y Jennifer Granholm, quieren que se tengan en cuenta los resultados de sus primarias o, al menos, que se repitan esas elecciones. A Florida la deberían representar 210 delegados, y a Michigan 156. Pero no es así porque ambos estados, al cambiar sin autorización la fecha de sus comicios, recibieron un castigo del Comité Nacional del partido. Conclusión: el triunfo de Hillary en Florida no sirve para nada, pero la polémica está abierta. Un lío adicional es que repetir las elecciones en Florida y Michigan es costoso. Para hacerlo en el primero de estos estados, habría que pagar 18 millones de dólares.

El otro escenario es que la campaña avance a todo vapor en los pocos estados que faltan. La idea de Hillary y Obama es quedarse con la mayoría de los votos en las siguientes elecciones primarias para lograr la bendición de los superdelegados en Denver. Por eso se han concentrado en Mississippi, donde el 11 de marzo hay 33 delegados en juego, y especialmente en Pensilvania, donde el 22 de abril se disputan 158 delegados. Luego vendrán Carolina del Norte, con 115 delegados el 5 de junio, e Indiana, con 72, el mismo día. En mayo tendrán lugar las de West Virginia, con 28 delegados, Oregon (52) y Kentucky (51), y en junio y julio se producirán las de Dakota del Sur (15 delegados), Montana (16) y Puerto Rico, con 55 delegados.

Otro interrogante es si, en caso de que el empate persista, Hillary y Obama piensan continuar hasta la convención en Denver. Hay políticos demócratas, como el ex candidato y actual gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, que creen que uno de los dos debe renunciar pronto para evitar que la campaña se vuelva sucia -el propio Obama ha dicho que lanzará un contraataque-, con lo cual el gran favorecido será el republicano John McCain.

El problema es que ni la ex primera dama de 61 años, ni el senador negro de 46, quieren dar su brazo a torcer. En los últimos tiempos, sólo en una oportunidad se definió todo en la convención. Fue en 1980, cuando el senador Edward Kennedy pensó que decenas de delegados iban a cambiar de opinión en Nueva York y le iban a volver la espalda al candidato Jimmy Carter. Pero falló. Carter lo duplicó en votos.

Esta vez la cosa es distinta. Tiene más sal y pimienta. Y como se trata de la primera mujer y el primer afroamericano con grandes posibilidades de llegar a la Casa Blanca, ha puesto a medio país a hablar del tema. 
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