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| 7/31/2010 12:00:00 AM

Los asuntos internos

Chávez anda desatado, y la discusión con Colombia es apenas una parte. Pelea con la Iglesia, exhuma a Bolívar, acosa a la oposición, y enfrenta elecciones parlamentarias en dos meses.

La tensión diplomática entre Bogotá y Caracas tiene en el trasfondo la proximidad de una crucial cita electoral en el país vecino. Por eso, analistas como Teodoro Petkoff, una de las voces más lúcidas de la oposición venezolana, advertían la semana pasada que el presidente Hugo Chávez puede convertir las diferencias binacionales en parte de la campaña, de cara a las elecciones legislativas del 26 de septiembre. Unos comicios en los que está en juego nada menos que la continuidad del poder omnímodo del que ha disfrutado el mandatario en los últimos cinco años.

Suele ocurrir en la República Bolivariana que cada vez que se acercan unos comicios, que ya suman más de una docena desde que Chávez llegó al poder, las aguas se agitan, y esta vez la cosa va mucho más allá. Todo apunta a que el ex militar golpista va a utilizar su habitual recurso de convertir la cita en un referendo sobre su figura, y ya ha advertido que si la oposición gana posiciones, después "vienen por mí".

De entrada, Venezuela enfrenta problemas de envergadura como la recesión económica, la inflación más alta de Latinoamérica (31 por ciento en junio) y una delincuencia rampante. En los últimos meses, el gran escándalo de turno ha corrido por cuenta de la comida descompuesta que apareció en contenedores de Pdvsa destinados a la red pública de mercados populares que gestiona esa empresa petrolera. En total serían más de 130.000 toneladas de alimentos podridos.

Para muchos observadores de la oposición, que ven cortinas de humo en todas partes, resultó muy curioso que pocos días después, el 16 de julio, Chávez anunció la exhumación de los restos de Simón Bolívar, con el pretexto de dilucidar las causas de su muerte. "Tiene que ser Bolívar ese esqueleto glorioso, pues puede sentirse su llamarada", escribió de madrugada en su cuenta de Twitter. En el pasado ha dicho estar convencido de que el Libertador fue asesinado por enemigos que convenientemente coinciden con los suyos: Colombia y la oligarquía.

Todos los gobernantes venezolanos han tratado de apropiarse de la figura de Bolívar, pero ninguno como Chávez. "Demostró que tiene tanto poder que puede exhumar los restos de Bolívar. Nadie se había atrevido. Fue eso, una exhibición de poder -dijo a SEMANA el sociólogo Amalio Belmonte, profesor de la Universidad Central de Venezuela-. Aparte de las críticas, en el imaginario colectivo venezolano puede tener un efecto".

A la exhumación de Bolívar, que algunos consideran un irrespeto y ha sido bautizada con sarcasmo 'CSI Caracas', se suman episodios como la pelea con la Iglesia. Ante las declaraciones del cardenal Jorge Urosa, quien advirtió que Venezuela iba rumbo a una dictadura marxista, Chávez lo insultó y amenazó con romper relaciones con el Vaticano. Esta semana, el cardenal reiteró sus críticas al socialismo del siglo XXI delante de la Asamblea Nacional, aunque su discurso no fue transmitido por televisión. Tampoco ha cesado el acoso a los opositores políticos y a Globovisión, el único canal crítico con el gobierno.

En ese ambiente enrarecido, las elecciones podrían representar un cambio de escenario. Gran parte de los excesos del chavismo se debe a que ha dominado la Asamblea Nacional desde que en 2005 la oposición decidió abstenerse de participar, un error estratégico que hoy todavía está pagando. A los comicios de septiembre llega agrupada en la Mesa de Unidad. Aunque nada garantiza que obtenga un buen resultado, la campaña promete ser emocionante.
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