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| 10/25/2008 12:00:00 AM

Los campos de batalla

La campaña republicana no levanta cabeza. Sus esperanzas de derrotar a Barack Obama dependen del resultado en un puñado de estados tradicionalmente indecisos.

A una semana de las elecciones, la lucha que libran Barack Obama y John McCain para llegar a la presidencia de Estados Unidos está más caliente que nunca. Y la cosa pinta aun más difícil para el bando republicano por lo que ha pasado en los últimos ocho días.

El primer hecho grave para McCain fue el respaldo a Obama del ex secretario de Estado republicano Colin Powell. Luego vino una revelación a mediados de la semana, según la cual el partido republicano ha gastado 150.000 dólares en trajes para la candidata a la vicepresidencia, Sarah Palin. Un dineral que no contribuye a la imagen de madre de clase media que pretende proyectar.

Pero lo más grave para McCain vino en dos artículos publicados el viernes. En el primero, The New York Times pidió en su editorial el voto para el aspirante demócrata. "Obama ha superado reto a reto y ha mostrado cabeza fría y buen juicio", dijo el rotativo, para concluir que "debe convertirse en el presidente número 44 de Estados Unidos". Para el periódico, McCain "al escoger a Sarah Palin como su aspirante vicepresidencial, eclipsó sus logros durante 26 años como senador".

El segundo artículo apareció en The Washington Post y constató que Obama supera ampliamente a McCain en las encuestas que se hacen en los estados clave para las elecciones del 4 de noviembre. "El camino que tiene por delante John McCain para ser presidente es muy precario y depende de algo inesperado", sentenció.

Y es que es allí, en esos estados, donde se deciden los comicios. Como es bien sabido, el día de las elecciones los estadounidenses no votan de forma directa por el presidente. Lo hacen por los integrantes del llamado Colegio Electoral, que determinan, en otra votación a mediados de diciembre, quién será el nuevo jefe del Estado. Lo normal, por supuesto, es que los ciudadanos saben por quién votarán sus representantes al Colegio, a los que también se conoce como 'electores'.

Los 'electores' proceden de los 50 estados del país, así como del Distrito de Columbia (D. C.), el área metropolitana de Washington. Son 538 en total y su número es idéntico al de la suma de los senadores (100), los representantes a la Cámara (435) y los delegados capitalinos (3). Los estados con mayor población tienen derecho a más electores. California, que es el más habitado del país, tiene 55, seguido por Texas y Nueva York, con 34 y 31, respectivamente.

Así las cosas, para que Obama o McCain lleguen a la presidencia necesitan un mínimo de 270 votos del Colegio Electoral. Y aquí hay un dato más que se debe tomar en cuenta y es que si un candidato logra el respaldo mayoritario de los 'electores' de un estado, recibe automáticamente todos sus votos. Esto significa, por ejemplo, que si McCain consigue el 51 por ciento del apoyo popular en Nueva York, se anota a su favor todos los 34 votos electorales de esa región.

Un sistema electoral tan complejo obliga a los candidatos a jugarse el todo por el todo donde pueden inclinar la balanza. A Obama no le interesan California, Nueva York y Massachussets, donde los demócratas ganan sin despeinarse, y a McCain no le llaman la atención Texas, Alabama ni Georgia, donde los republicanos son los amos y señores. Entonces centran sus esfuerzos en los estados cuya población puede cambiar de parecer, llamados swing states, donde hace cuatro años triunfó George W. Bush y que son Florida, Ohio, Carolina del Norte, Virginia, Colorado, Nevada y Nuevo México. Todos ellos, sumados, tienen 94 votos electorales.

Florida es el más valioso, pues sus 27 votos electorales son el 10 por ciento que requiere un candidato para echarse las elecciones al bolsillo. Hasta hace unos meses, los sondeos afirmaban que McCain era el preferido, pero ahora las cosas parecen ser distintas porque, según informa The Economist, "desde enero, hay 250.000 nuevos demócratas registrados para votar" y los sondeos ponen a Obama 2 puntos por encima de McCain. Aparte de eso, Florida, que con 18 millones de habitantes es el cuarto estado en población del país, ya no está políticamente dominado por los cubanos anticastristas que votaban por los republicanos (fue allá donde George W. Bush le ganó aquellas polémicas elecciones a Al Gore en el año 2000). El tema en Miami ya no es Fidel Castro. Es la crisis económica.

Ohio, en el llamado Medio Oeste y con 20 votos electorales, es el segundo en la lista de swing states. Aunque no posee el acierto de Missouri (en 25 de los últimos 26 comicios, el presidente ha sido el vencedor en ese estado), Ohio no lo ha hecho nada mal: ha dado en el blanco en las 11 elecciones presidenciales desde 1960. Se trata de un estado de población muy diversa. Manufacturero e industrial, en él se han perdido 240.000 empleos en los ocho años de George W. Bush, lo cual convierte a sus habitantes en los peores enemigos de los tratados de libre comercio. Tal vez eso explique por qué Obama comanda las encuestas, con 12 puntos de ventaja.

Otro swing state es Carolina del Norte, que posee 15 'electores' y que con sus nueve millones de habitantes ha sido muy conservadora (de allá era el extremista republicano Jesse Helms). En las últimas tres décadas, el dominio electoral lo han tenido los partidarios de Reagan y de Bush. Pero la demografía ha cambiado, y ahora resulta que el 21 por ciento de sus habitantes son negros y que la clase media-alta que vive cerca de Charlotte, segundo centro financiero del sur del país, ha crecido muchísimo. Y ambos segmentos apoyan a Obama. Así lo dicen los sondeos, que le dan una ventaja de 3 puntos.

Virginia es otro estado decisivo. Con 13 'electores', se ha mantenido firme a la tradición conservadora del sur. El último demócrata por el que los virginianos votaron para la presidencia fue Lyndon Johnson en 1964. Pero la tendencia se puede revertir, dicen los expertos. Al fin y al cabo, Virginia no sólo eligió un gobernador demócrata en 2005, sino que la zona norte del estado, un pequeño Silicon Valley que está en las goteras de Washington, es la segunda de mayor crecimiento económico de Estados Unidos. Sus habitantes son más liberales, lo cual deja claro por qué Obama supera a McCain por 7 puntos en las encuestas.

El mismo fenómeno, pero con 5,5 por ciento de ventaja, protagoniza el candidato demócrata en otro estado en el que las cosas pueden dar un viraje drástico: Colorado. Esta región del suroeste cuenta con nueve 'electores' y desde 1960 sólo ha votado una vez por alguien distinto a un republicano. Sin embargo, los sondeos le atribuyen a Obama una considerable ventaja de 6 puntos. En Nuevo México, con cinco 'electores' y considerado Swing State, pasa igual. El aspirante demócrata está adelante, con 8,4 por ciento de diferencia. Y ahí cerca, en Nevada, con idéntico número de votos electorales, ocurre algo similar.

Sin embargo, falta una semana para la votación. Todo se juega en los estados indecisos, pero también depende de un hecho de último momento. Si las elecciones se hubieran llevado a cabo cuando se cerró esta edición, Obama habría ganado de lejos, estaría analizando nombres para el gabinete y preparando el discurso para la posesión del 20 de enero. Pero aún le resta lo más difícil: derrotar al senador republicano John McCain el martes 4 de noviembre.
 
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