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| 6/9/1997 12:00:00 AM

LOS CARTELES GRINGOS

Recientes condenas muestran la existencia de poderosas organizaciones de narcotraficantes en Estados Unidos. Por ahora sólo se ve la punta del 'iceberg'.

Cualquiera que haya sufrido en carne propia el 'rigor' de los aduaneros en los aeropuertos de entrada a Estados Unidos sabe que un alto número de colombianos, mexicanos y otros extranjeros son tratados en ese país como narcotraficantes hasta que demuestren lo contrario. Esa es una manifestación más de la tendencia estadounidense a considerar la droga como un problema externo, una conspiración internacional para sacar la mayor cantidad posible de dólares de un negocio ilegal aun a costa de socavar las bases de la sociedad norteamericana. Esa tendencia a culpar a otros, que existe gracias a que el gobierno federal no la desmiente en forma explícita, está siendo sin embargo rebatida por las autoridades judiciales. En las últimas semanas se han producido múltiples informaciones sobre condenas de ciudadanos de Estados Unidos que desde hace años dirigen verdaderas organizaciones criminales y cuyas historias tienen un curioso paralelismo con las de los narcos colombianos o mexicanos, no sólo en su estilo de vida sino en el tratamiento privilegiado que han recibido en algunas cárceles. El mes pasado el diario mexicano La Jornada escribió un artículo sobre Larry Hoover, un narcotraficante que está preso en el estado de Illinois desde 1973 y que dirigió su cartel desde la cárcel hasta agosto de 1995, cuando fue descubierto su juego. La organización, denominada 'Gangster disciples' (literalmente 'Discípulos del pandillero'), llegó a emplear cerca de 100.000 personas en la distribución de LSD, cocaína, heroína y marihuana y en la recolección de ingresos por más de 100 millones de dólares anuales generados en fechorías cometidas desde Chicago hasta Nueva Orleans, esto es, en más de medio país. Un verdadero capo del narcotráfico, Hoover tenía el privilegio de deambular por la prisión, usar teléfonos, portar drogas y armas y consumir alimentos preparados especialmente para él. Como informó La Jornada, un guardián carcelario reconoció recientemente ante un gran jurado que la celda del capo era especial, que nunca estaba cerrada y que en ese recinto Hoover pudo efectuar reuniones con sus lugartenientes para manejar el tráfico y resolver problemas internos de la organización, como la recaudación de impuestos. Según declaró un fiscal asistente de Chicago, la pandilla de Hoover "es, en un sentido muy real, una forma ilegal de gobierno". Como satélites operan diversas bandas callejeras que han evolucionado a verdaderas industrias del narcotráfico, como la 'New Zulu Nation' en Filadelfia, los 'Crips' y los 'Bloods' en Nueva York y el 'First Street Crew', que opera nada menos que en Washington D.C.
Las drogas domesticas
Otras historias hablan de narcotraficantes que no tienen vínculo alguno con el extranjero pues producen y distribuyen drogas sintéticas producidas en pequeños laboratorios a lo largo y ancho del país. Es el caso, por ejemplo, de Charles Wesley Arlt, que fue encontrado culpable el 23 de abril por 19 acusaciones relacionadas con el tráfico de metanfetamina, un poderoso estimulante. Según la información de la oficina del fiscal del distrito central de California, a la que SEMANA tuvo acceso, Arlt produjo y vendió al menos 15 toneladas de la droga, lo cual le produjo enormes ganancias. Tantas que su actitud demuestra que los narcos actúan de modo sorprendentemente parecido en todas las latitudes. En una ocasión Arlt compró en una sola subasta tres carros Jaguar, un Bentley y ocho automóviles de lujo adicionales y pagó en efectivo. Es el dueño de un avión privado y un helicóptero. Para explicar sus ganancias y la compra de los químicos precursores necesarios para su 'industria', Arlt aparentaba ser un próspero minero de oro y hasta cargaba en sus bolsillos una bolsa con pepitas del mineral sacadas de sus 'minas'. Se espera que su juicio termine el 7 de julio, cuando eljuez Dickran Tevrizian deberá decidir sobre su condena. Exportando a Australia Otros capos superan el ámbito doméstico y tienen empresas exportadoras. Es el caso de una organización dirigida por David Kulik, nacido en Canadá pero nacionalizado en Estados Unidos, quien junto con otros siete compinches fue capturado en relación con el envío de 25 toneladas de hachís a Australia. Nora Manella, la fiscal de California encargada de las acusaciones, puso de presente el carácter internacional de la operación cuando dijo que "este 'indictment' ataca una conspiración masiva dedicada a la distribución de narcóticos en el mundo entero. Si hubiera tenido éxito habría distribuido toneladas de droga en por lo menos tres países diferentes. La destrucción de este complot es un tributo a las habilidades tácticas y a la cooperación de las autoridades internacionales". Junto con Kulik fueron arrestados Gary Matsuzaki, Vagn Bo Larsen, Brian Alan Auchard, Charles Staunton, Wanda Marie Halpert y Douglas Martin Secor. A excepción de Larsen, de quien se cree es holandés, los demás son estadounidenses y canadienses. En el sur de Florida Al menos estos esperan un juicio y Hoover está tras las rejas y su manejo gerencial desde la cárcel ha sido desmantelado. Otra es la historia de dos norteamericanos hijos de cubanos: Augusto 'Willie' Falcón y Salvador 'Sal' Magluta. Según la fiscalía que se encargó de su acusación en el sur de la Florida, Falcón y Magluta importaron directamente a Estados Unidos 2.000 millones de dólares en cocaína entre 1978 y 1991, año en que fueron aprehendidos por las autoridades. Conocidos como 'los muchachos' o 'los reyes de la cocaína',estos hombres vivieron ostentosamente durante muchos años. Como resulta usual en este tipo de personajes, su afición por los automóviles lujosos y las joyas exageradas se convirtió en leyenda. Financiaban equipos deportivos y múltiples haciendas, sobre todo en el centro de la Florida, donde tenían sofisticadas pistas de aterrizaje. Para justificar su flota de lanchas de alta velocidad Magluta se convirtió en patrocinador de un equipo de lanchas de carreras y él mismo fue campeón nacional de esa especialidad. Pero Falcón y Magluta estaban mejor preparados que muchos para enfrentar a las autoridades. Según dijo La Jornada en una serie de informes sobre el tema, los dos hombres contrataron un equipo de abogados de primer nivel, uno de los cuales había defendido con éxito al sobrino de John Kennedy, William Kennedy Smith, de una acusación por haber supuestamente violado a una mujer en su mansión de West Palm Beach. Según la DEA, ambos utilizaron dinero y amenazas para conseguir privilegios en prisión, como la visita de prostitutas y el uso de un teléfono celular, con el cual seguían manejando sus operaciones desde la sombra. La Jornada reseña que cinco testigos fueron asesinados, como Juan Barroso, quien había accedido a testificar contra sus antiguos jefes. También la esposa de Magluta, muerta en 1992 a la salida de un salón de belleza. En esas condiciones es fácil explicar que, aunque los propios abogados reconocieron en el juicio que Falcón y Magluta habían traficado en el pasado, resultaran absueltos. De acuerdo con la oficina antidrogas del gobierno de Estados Unidos, ellos introdujeron al país 75 toneladas de cocaína, esto es, 60 más que Juan García Abrego, el narco mexicano-texano considerado el jefe del cartel del Golfo y preso de por vida en Estados Unidos. La DEA había perdido un juicio estelar, y con él más de 10 años de trabajo, en su propia casa. Y el caso sirvió para subrayar que, hasta en Estados Unidos, también se cuecen habas.
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