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| 5/28/2001 12:00:00 AM

Los comuneros

Una aguda crisis política y social amenaza al gobierno boliviano de Hugo Banzer Suárez.

Bolivia esta viviendo una situación de malestar social muy delicada. En el último año el país ha soportado tres escaladas de violencia que tienen en vilo a las instituciones. Todas ellas han sido motivadas por reivindicaciones sociales y protestas contra el gobierno de Hugo Banzer, un ex dictador militar que regresó al poder por medio de las urnas.

El 9 de abril comenzó la última escalada con una marcha encabezada por el diputado izquierdista y líder cocalero Evo Morales, quien decidió caminar desde Cochabamba a La Paz con el fin de llegar el 23 de abril para organizar un cabildo abierto en la Plaza de San Francisco. La idea del dirigente era convocar una nueva asamblea constituyente y exigir al gobierno la derogación de una ley antidrogas patrocinada por Estados Unidos que permite la erradicación de los sembradíos de coca, una costumbre ancestral para los indígenas del país. En la marcha participaron también campesinos, trabajadores oficiales y sindicalistas inconformes con la crisis económica, el desempleo y la corrupción gubernamental.

Otros grupos, como los indígenas y campesinos liderados por Felipe Quispe, así como los grupos de pequeños comerciantes, critican también las privatizaciones y las políticas neoliberales del gobierno de Banzer. Las consideran la causa del desempleo, la baja inversión estatal en las áreas apartadas y la caída de los salarios reales. Quispe ha prometido una fuerte conmoción para este primero de mayo e hizo un llamado a todo el país para bloquear las carreteras en ese día.

A pesar de que las protestas surgen de un inconformismo social que pocos se atreven a calificar como ilegítimo el gobierno de Banzer las ha tratado como problemas de orden público. Así, el 23 de abril los manifestantes que llegaron a La Paz fueron recibidos por la policía con gases lacrimógenos. A pesar de las numerosas protestas por el uso exagerado de la fuerza pública, y la muerte de dos personas en los disturbios, el presidente boliviano consideró exitosos los operativos que hicieron desistir a los marchistas de llegar a la Plaza de San Francisco.

La reacción de Morales fue decretar un plazo de 24 horas para que el gobierno cumpliera con sus exigencias antes de empezar un bloqueo de caminos bajo la consigna ‘Fuera Banzer’, el cual comenzó el miércoles de la semana pasada. Lo más grave de esta situación está en que ambas posiciones son radicales. Morales dice que no va a levantar el bloqueo hasta que se aprueben sus 10 puntos y se niega a considerar una política de sustitución de cultivos. Y para Banzer no existe la más remota posibilidad de negociar con los cocaleros liderados por Morales pues, según él, éste “quiere una ley para sembrar coca en todo el país y eso no lo permitiremos”. Y en relación con Quispe, los diálogos quedaron congelados.

Esa situación de conflicto social, unida a la crisis económica, le dio pie al MRN, el principal partido de oposición, para pedir la renuncia de Banzer, con lo cual se agregó un clima de incertidumbre política y de ingobernabilidad a la difícil situación boliviana. A su llegada de la Cumbre de las Américas el presidente declaró, sin embargo, que no renunciaría y consideró anticonstitucional la iniciativa del MRN en pro de su renuncia. Lo peor, como dijo a SEMANA Carlos Valdés, analista político del diario La Razón de La Paz, es que aunque por ahora “las diferentes protestas no están unificadas, como confluyen en el tiempo podrían unificarse” . En ese caso el país podría enfrentarse a la mayor crisis institucional de su renaciente democracia.
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