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| 5/1/1989 12:00:00 AM

¿Los días contados?

Tirios y troyanos buscan la desmovilización de los contras.

Ningún analista del planeta discute hoy que Ronald Reagan la embarró en Centroamérica. El sonado caso Irán-Contras, por ejemplo, amenaza todavía con llevar al ex mandatario hasta un estrado judicial, por presuntas responsabilidades en la patriótica tarea negociadora o mercenaria del mismo hombre que él llamase alguna vez "héroe nacional", el teniente coronel Oliver North. Eso lo sabe muy bien George Bush y mucho más, su actual secretario de Estado, James Baker III, quien en aquellos tiempos como asesor de Reagan compartió durante una década con el Presidente el fracaso de una política criticada hasta el cansancio desde dentro y fuera de las fronteras norteamericanas.

El asunto era pues crucial para el dúo Bush-Baker, que sentía tanto la obligación como la necesidad de abrazar frente a los problemas de América Central una política bien distinta y, por supuesto, de mayor beneficio para los intereses de los Estados dos Unidos en la región. Sólo que se demoraron un poco y los cinco presidentes centroamericanos lograro por su parte, sin contar con el tío Sam, un acuerdo de paz el mes anterior, estableciendo, entre otras cosas un plazo inferior a 90 días para encontrar la fórmula de desmantelar los contras de la frontera "nica" con Honduras. Lo curioso fue que Honduras, no Nicaragua, fue el país que solicitó con mayor rigor el retiro de esas tropas, las mismas que alguna; vez Reagan comparara con las de los pioneros ingleses que fundaron hace varios siglos esta nación.

Por eso, el acuerdo de Playa Tesoro, en El Salvador, cogió a los norteamericanos fuera de base. En Washington, la prensa criticó la lentitud paquidérmica del nuevo gobierno y dedicó varios editoriales inquisidores al tema. Pero cinco semanas después de Playa Tesoro, Bush y Baker daban a conocer el texto definitivo de un plan, que en su forma y aproximación resultaba igualmente innovador y distante del modelo Reagan.

Para empezar, el plan fue trabajado en conjunto con cuatro comisiones del Congreso estadounidense, rompiendo la confrontación ejecutivo legislador que había dominado en el pasado periodo. El acuerdo bipartidista, que según varios observadores entrega demasiado poder a los congresistas en el manejo de la política exterior, asegura una ayuda humanitaria a los contras con la condición de que se reintegren a la vida política de Nicaragua y encabecen allí la oposición para derrotar a los sandinistas en las próximas elecciones de febrero de 1990. Es decir, no más Honduras ni más Miami. Según Bush, si los sandinistas cumplen su promesa y hay elecciones libres, el lugar donde deben estar los contras es precisamente su país. No seguir en los Estados Unidos pidiendo, ni en la frontera disparando. Sólo que, desde la óptica norteamericana, no es tampoco el momento de desmantelarlos como puntas de lanza suyos en este conflicto. Los contras sirven para obligar a que Daniel Ortega cumpla su compromiso de disponer elecciones libres y pluralistas. Y sirven para tenerlos ahí, como prueba irrefutable de que se encuentran preparados para, si es necesario, regresar a la trinchera.

Por ahora, la ayuda de cuatro millones y medio de dólares será invertida fundamentalmente en comida, ropa, medicamentos y traslado de los contras a Nicaragua. Otro fondo de 400 mil dólares mensuales fue recortado a 200 mil porque se supone que de ahora en adelante los de la resistencia deberán estar en Managua y no viajando entre Miami y Washington como lo hacían. La nueva ayuda humanitaria funcionará inicialmente por seis meses y será renovada después a la luz del mismo acuerdo logrado entre el Ejecutivo y los legisladores, cuyas cuatro comisiones participantes podrán usar con propiedad su derecho al veto.

El plan Bush-Baker presenta en el papel con claridad sus objetivos. Asegura al Congreso de su país participación en el manejo del conflicto, apoya en esencia el plan Esquipulas II, financia a los contras pero los condiciona a una lucha ahora política y no militar, presiona al gobierno sandinista para que garantice las libertades individuales que prometió con miras a las elecciones y exige de soviéticos y cubanos descontinuar su ayuda militar a los movimientos subversivos de El Salvador y Guatemala. Expresa que la región no amenaza los intereses de seguridad de la Unión Soviética como sí los de Estados Unidos.

En Viena, tres semanas atrás, el Secretario de Estado norteamericano, James Baker III, le pidió al canciller de la Unión Soviética, Eduard Shevardnadze cortar o condicionar la ayuda militar de los soviéticos a los sandinistas y el canciller Shevardnadze respondió: "Moscú sólo consideraría dicha acción si Washington cortara la ayuda militar a sus aliados en la región". Se sabe que Baker rechazó la propuesta. Por otra parte, el ministro de Información de Costa Rica, Guido Fernández, pidió a los soviéticos asumir una política clara de paz, suspendiendo su apoyo militar a Nicaragua. "No envien más armas a Centroamérica". Se estima que los soviéticos aportan mil millones de dólares anuales en ayuda integral a los sandinistas .

Al conocer el plan de Bush, Nicaragua respondió airada que aquel violaba el último acuerdo de las cinco naciones centroamericanas sobre la paz en la región, el que a su vez había establecido un término de noventa días para encontrar la manera de desmantelar los contras de la frontera siguiendo una petición del gobierno hondureño. Manuel Espinoza, funcionario de la cancillería nicaraguense expresó que el plan de Bush no afectará sin embargo el acuerdo de Playa Tesoro porque es éste el que hace un llamado a elecciones libres y cambios democráticos en Nicaragua.

Entonces se pregunta el mismo vocero: "¿Quién señaló a Estados como ángel vengador de nuestros problemas? ¿Cómo se atreve a ser no sólo juez y jurado sino también verdugo del acuerdo centroamericano?".

Para buena parte de la oposición democrática que siempre ha vivido en Nicaragua, financiar a los contras es un cuchillo de doble filo. Creen que los sandinistas en el poder intentarán unir una vez más a los nicaraguenses alrededor de un nacionalismo amenazado por lo que ellos llaman "el ejército de los contras, es el ejército de los gringos". Por otro lado, temen que si los sandinistas ganan las elecciones de febrero, sería bien difícil evitar que muchos contras retornen como grupo militar a la guerra de frontera.

En cualquier caso, el plan BushBaker, ha sido considerado como una movida brillante del gobierno norteamericano en el nada sereno ajedrez político de Centroamérica. El turno es ahora de Gorbachov, que está en Cuba hablando con Fidel.--
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