Jueves, 19 de enero de 2017

| 2003/12/21 00:00

Los dilemas del poder

Ante la peligrosa Corea del Norte, Washington cuida su interés estratégico de velar porque no surja un noreste de Asia integrado e independiente de su dominio.

Kim Jong Il y su aparato militar en Pyongyang

Mientras Estados Unidos lucha por imponer el orden en Irak, junto con un régimen que estará subordinado a los intereses norteamericanos, otra crisis amenaza con estallar en Corea del Norte. Del llamado "eje del mal", Corea del Norte es el miembro más peligroso. Como Irán, pero a diferencia de Irak, falló en el primero de los criterios de Estados Unidos para que sea un blanco legítimo: no es un país indefenso.

Corea del Norte tiene un elemento de disuasión: no armas nucleares (todavía) pero artillería concentrada en la zona desmilitarizada, y enfilada hacia Seúl, capital de Corea del Sur, y contra decenas de miles de soldados estadounidenses al sur de la frontera. Se ha pensado retirar a las tropas para que estén fuera del alcance de la artillería, y eso ha causado preocupación en ambas Coreas acerca de las intenciones de Estados Unidos.

En octubre de 2002 Estados Unidos denunció que Corea del Norte había iniciado de manera clandestina un programa para enriquecer uranio, violando un acuerdo de 1994. Desde entonces esa arriesgada política nuclear ha recordado a algunos observadores la crisis de los misiles en Cuba.

Este año, Washington ha enseñado al mundo una desagradable lección: si desean defenderse de nosotros, es mejor que imiten a Corea del Norte y representen una creíble amenaza militar.

Corea del Norte también falló en un segundo criterio para ser el objetivo de Estados Unidos: es uno de los países más pobres y miserables del mundo. Pero Corea del Norte tiene un significado geoestratégico que podría convertirlo en blanco de un ataque de Estados Unidos, esto es, si puede neutralizarse la disuasión. Corea del Norte se halla en el noreste de Asia, una región que presenta su propio desafío a los sueños de Washington de un dominio global.

Hay tres centros económicos enfrentados: Estados Unidos, Europa y el noreste de Asia. Se trata de una nueva forma del sistema mundial "tripolar" que ha estado emergiendo en los últimos 30 años. En una dimensión, la militar, Estados Unidos es clase aparte, pero no en las otras. Las regiones están maniobrando en una competencia por el poder pese a los complejos vínculos entre ellos y a intereses compartidos de las élites.

Un estudio reciente de la Fuerza de Tareas sobre la política de Estados Unidos hacia Corea, dirigida por Selig Harrison, del Centro de Política Internacional, en Washington, y el Centro de Estudios del Este de Asia, en Chicago, examina las cuestiones que surgen para el noreste asiático, y para el mundo. El noreste de Asia es, en la actualidad, la región económica más dinámica del mundo, con cerca de 30 por ciento del producto bruto interno global, mucho más que Estados Unidos (19 por ciento). Cuenta además con la mitad de las reservas de divisas extranjeras a nivel mundial. Estados Unidos y Europa tienen ahora más intercambio comercial con el noreste de Asia que entre ellas.

El noreste de Asia abarca dos grandes sociedades industriales: Japón y Corea del Sur. Y China se está convirtiendo en una sociedad industrial. Siberia es rica en recursos naturales, incluido el petróleo. La región está aumentando su comercio interno y vinculándose con los países del sureste asiático en una entidad informal en ocasiones denominada Asean, más tres: China, Japón y Corea del Sur. Se están construyendo oleoductos desde centros de recursos, como Siberia, a centros industriales. Algunos de esos oleoductos irán de manera natural a través de Corea del Norte hacia Corea del Sur, y el ferrocarril trans-siberiano podría seguir la misma ruta.

Estados Unidos es ambivalente acerca de la integración en el noreste de Asia. La preocupación de Washington es que regiones integradas como Europa o el noreste de Asia podrían buscar un curso más independiente y convertirse en lo que solía ser denominado "la tercera fuerza" durante los años de la Guerra Fría.

La Fuerza de Tareas sobre la política de Estados Unidos hacia Corea recomienda que Washington busque una solución diplomática a la crisis en torno a Corea del Norte, un proceso que comenzó a trancones durante Clinton, "garantizando la seguridad de una Corea del Norte no-nuclear, promoviendo la reconciliación de Corea del Norte y Corea del Sur, y propiciando que Corea del Norte tenga compromisos económicos con sus vecinos".

Tales interacciones podrían acelerar las reformas económicas en Corea del Norte, conduciendo, con el transcurso del tiempo, a "la difusión de poder económico que permitiría aflojar los controles políticos totalitarios y moderar los abusos a los derechos humanos". Esa política podría avenirse a un consenso regional. La alternativa: una confrontación en el estilo de Bush-Cheney-Rumsfeld de una gran estrategia de guerra preventiva, "podría arrastrar al noreste de Asia y a Estados Unidos hacia una guerra innecesaria", dice la Fuerza de Tareas.

Una política más moderada podría alentar al noreste de Asia, como Europa, a seguir un curso más independiente que, sin embargo, hará más difícil para Estados Unidos su intención de mantener un orden global en el cual otros respeten su lugar. La dependencia en materia de energía ha tenido un lugar central en esas interacciones. Desde la Segunda Guerra Mundial, planificadores de Estados Unidos han intentado dominar los incomparables recursos de energía del Oriente Medio como una herramienta eficaz de control mundial.

Reconociendo los mismos hechos básicos, Europa y las nacientes potencias asiáticas han buscado obtener sus propios recursos al margen del "poder de veto" de Estados Unidos basado en el control de las fuentes de energía y de las rutas marítimas. Gran parte del conflicto sobre el Oriente Medio, así como en Asia Central, refleja esas preocupaciones.

Estados Unidos ha reaccionado con dureza contra el "exitoso desafío" de países del Tercer Mundo como Cuba que han buscado un camino de desarrollo independiente, asignando prioridades a las necesidades locales antes que a las de los inversionistas extranjeros y los planificadores de Washington.

Para Washington, las inquietudes siempre han llegado al corazón industrial de las mayores potencias, ahora más que nunca a medida que el carácter básicamente "tripolar" del orden económico mundial adquiere nuevas formas.

La invasión de Irak fue una "acción ejemplar", que demostró al mundo que el gobierno de Bush hablaba muy en serio cuando enunció su doctrina de usar la fuerza para reafirmar su dominio del mundo y para impedir cualquier desafío potencial, por remoto que fuese. Seguramente otros toman en cuenta la lección.

La violencia es un poderoso instrumento de control, tal como lo demuestra la historia. Pero los dilemas del poder no son desdeñables.

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