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| 1/1/1990 12:00:00 AM

LOS DINOSAURIOS

En Cuba y Rumania la perestroika de Gorbachov es una herejía inaceptable.

Mientras el bloque comunista se estremece con los movimientos hacia el cambio, promovidos o permitidos desde el Kremlin por Mijail Gorbachov, hay paises comunistas en los que, por ahora, la perestroika esta proscrita del diccionario político. Uno de ellos es Cuba, el viejo enclave ruso en el Caribe, donde, en las goteras de los Estados Unidos, un líder legendario se enfrenta a su compromiso con la historia. Otro es Rumania, un país balcánico que se aferra a las tradiciones del más puro estalinismo. El mundo se pregunta cuales serán las reales posibilidades de Fidel Castro y Nicolas Ceausescu de mantenerse en esa posición durante largo tiempo.

CUBA
Para empezar, probablemente no existe en el mundo socialista un país en el que se haga tan evidente la de pendencia económica. La frágil economía cubana, asegurada por los fuertes subsidios que recibe, sobre todo de la Union Soviética y de Alemania Oriental, con las que Castro tenía irrompibles lazos ideológicos y comerciales, puede desmoronarse tan rapidamente como el muro de Berlin.

Para colmo de males el lider cubano, que inicialmente trató por todos los medios de ocultar lo que estaba sucediendo en los paises "aprendices de capitalistas", como él llamaba a Polonia y a Hungria, tiene que empezar a pensar en lo que ya se ha comenzado a manifestar lentamente: el éxodo masivo a imagen y semejanza del ocurrido en Berlin Este.

"Quién sabe en qué momento las dificultades objetivas del mundo de hoy nos obliguen a un máximo de heroísmo", dijo Fidel Castro recientemente a varios periodistas norteamericanos que le preguntaron por lo que estaba ocurriendo en el Este, dias antes de la caida del muro de Berlin. Y con cierto aire de humor agrego: "A lo mejor un día de estos tenemos que aplicar la guerra a todo el pueblo para que sobreviva la Revolución"
Esto ha sido interpretado por la prensa internacional como el rostro feroz de Castro, en el que refleja que no vacilaría en emular con el gobierno de Pekin para derrotar las "ideas burguesas" y que no oculta que esta decidido a soportar el aislamiento y las penalidades del corredor de fonda en la busqueda de la sociedad igualitaria y feliz, haciendo causa comun con los dirigentes albaneses y el dictador rumano.

Superada la etapa de la desinformación sobre los cambios ocurridos en la Europa Oriental, o mas bien desbordada ante lo inocultables que resultaban los "alarmantes fenómenos", como los ha comenzado a llamar la prensa cubana, el gobierno decidió dar rienda suelta a las informaciones, sin entrar a matizar, en una especie de apertura de debate, en el que hasta el momento Fidel Castro cree tener las de ganar. "Nosotros vamos a seguir adelante, pase lo que pase", dijo en una reciente intervención.

El pueblo cubano, mientras tanto refrenda las épicas convocatorias de lider a la resistencia y, segun parece maldice interiormente su cerrazón inalterable rechazo de cualquier veleidad liberal. O, si no, asiste confundido a un debate intrafamiliar sobre el socialismo y las doctrinas aperturistas inéditas en la isla.

Sin embargo, nadie dedica tanto, tiempo a la reflexión ideológica. Todo el mundo está pendiente de un rompecabezas cotidiano: el abastecimiento de artículos agroalimentarios y el hallazgo de una respuesta a las carestías derivadas del fuerte deficit estatal en divisas, la denegación de nuevos creditos y el retraso de los suministros de las fábricas en huelga en la URSS.

En medio de esta situación, y ante el hecho de que el ultimo remezón de solidaridad que consiguió Castro, cuando fusiló a los militares narcotraficantes, ha visto pasar su cuarto de hora, el líder de la Revolución cubana ha empezado a pensar en mejorar las relaciones con China y ya ha enviado a su jefe de diplomacia a Corea del Norte, Albania y Rumania, con el fin de promover una alianza política, que en el momento sólo se ha dado de hecho, pero que, si toca, habrá que formalizarla, e inclusive venderla como la versión marxista leninista del próximo Siglo.

RUMANIA
Pero si en Cuba llueve, en Rumania no escampa. La semana anterior, el XIV congreso del Partido Comunista rumano reeligió por sexta vez como su secretario general a Nicolae Ceausescu, un hombre menudo y prepotente de 71 años que ha regido el país en el más puro modo estalinista desde 1965.

Casi nada de lo que sucedió en Bucarest se salió del molde. El congreso de 3.500 miembros nombró muy cumplidamente por unanimidad al comite central de 467 miembros, que a su turno "escogió" de igual forma al comite ejecutivo (Politburó) de 47, quienes cuando les tocó el turno "señalaron" a Ceausescu como líder del partido. Elena Ceausescu, la esposa del dirigente, fue colocada en el puesto numero 3 de la jerarquía del país y su hijo, Nicu, "logró" su reelección como miembro suplente del misma comite. Como esperaban todos los observadores extranjeros, nada cambió.
El funcionamiento del congreso demostró la capacidad organizativa de los seguidores de Stalin. Segun todos los corresponsales que asistieron, cada vez que Ceausescu elevaba la voz como poniendo énfasis en una frase determinada, todos los miembros saltaban de sus asientos como un sola hombre para aplaudir rítmicamente mientras gritaban "Causescu, héroe del comunismo" o "Ceausescu y el pueblo". Luego, cuando el orador movía hacia abajo ambas manos extendídas horizontalmente, a la manera de un director de orquesta, los delegados volvían a sentarse en forma instantanea.

Más tarde esa capacidad de control quedó demostrada en la "manifestación multitudinaria" que saludó la reelección del dirigente. Decenas de miles de personas fueron reunidas durante 4 horas, en medio del frío, en la plaza frente al edificio de la secretaría general del Partido Comunísta, bíen equipadas con banderas y pancartas.
Pero la solemnidad y la falta de entusiasmo eran subrayadas por la presencia en cada uno de los accesos a la plaza de mílícianos y miembros de la Guardia Patríótica, encargados de evitar que la multitud se disolviera antes de tiempo.
Pero si Ceausescu defendió reiteradamente su camino hacia "la siguiente etapa, que alcanzaremos al bordear el próximo milenio: el comunismo", esta vez se pasó. En un velado ataque contra Mijail Gorbachov, Ceausescu se refirió a las fronteras acordadas entre Hitler y Stalin poco antes de la Segunda Guerra Mundial, que terminó con la anexión a la URSS de la Besarabia, región rumana que hoy hace parte de la República Soviética de Moldavia. Allí vive una mayoría rumana que ha ganado recientemente, contra la oposición de los residentes rusos, el derecho a usar el alfabeto latino en vez del cirílico, impuesto bajo Stalin. Ceausescu le dió a Gorbachov el golpe bajo de explotar uno de los puntos más debiles de su política, los nacionalismos crecientes en algunos sectores de la URSS.
Lo que muchos observadores vieron detrás de ese ataque es el reflejo de la profunda anímadversión de Ceausescu contra todo lo que le suene a perestroika. Para el dirigente rumano reconocer las dificultades económicas que enfrentan los países socíalistas equivale a una "capitulación" y rechaza de plano todo recurso a "la llamada economía de mercado". A falta de mejores argumentos, parece que Ceausescu resolvió cortar camino y atacar a Gorbachov en donde más le duele. Pero pocos dudan que en una epoca en que los pueblos le han salido adelante a sus dirigentes, Ceausescu podría estar comenzando a jugar con fuego, sobre todo si ese fuego tiene característícas de conflagración en países otrora tan cercanos ideológicamente como Polonia, Hungría y Checoeslovaquia .-
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