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| 9/6/2014 10:00:00 PM

Los europeos de la yihad

La ola de europeos que empuñan las armas en Siria o en Irak sigue creciendo. Los gobiernos del Viejo Continente temen que a su regreso cometan actos terroristas.

El rapero británico lyricist Jinn no saltó a la fama internacional por sus canciones ni sus improvisaciones, sino por ser el principal sospechoso de haber decapitado a sangre fría a dos periodistas norteamericanos como venganza contra Estados Unidos por bombardear las posiciones del grupo terrorista Estado Islámico. El joven de 23 años, cuyo verdadero nombre es Abdel-Majed Abdel Bary, sería el hombre que aparece asesinando a Foley en un aterrador video difundido hace poco en Youtube. 

Abdel Bary habría dejado hace cerca de un año las calles de los suburbios de Londres por el yihad en Oriente Medio. Su caso está lejos de ser el único. Recientemente, con el progreso en Irak y en Siria del grupo sunita Estado Islámico, este fenómeno se ha hecho más visible: se calcula que alrededor de 2.500 europeos están en la zona como miembros de organizaciones extremistas. El centro de investigación estratégica The Soufan Group calcula que, contando  a quienes han regresado a sus países y quienes han muerto, Francia encabeza la lista de yihadistas con 700, seguido por Reino Unido con 400 y Alemania con 270.

Durante los conflictos en Bosnia o en Afganistán ya se había presentado este fenómeno. En ese entonces se trataba en general de pequeños delincuentes que decidían participar en la guerra santa. Pero hoy el perfil del yihadista europeo es más difícil de identificar. “Estamos frente a un hecho que afecta a todas las clases sociales y a todo tipo de personas. Hay yihadistas veteranos, es decir aquellos que ya han combatido en el pasado; otros son musulmanes radicales que viven desde hace tiempo en Europa; otros son personas que se han convertido al Islam y que desean partir. También encontramos muchos jóvenes”, dijo a SEMANA Jean-Charles Brisard, asesor internacional y especialista en terrorismo.

El grupo que más llama la atención de los musulmanes radicales en Europa es Estado Islámico, antes conocido como el Estado Islámico de Irak y el Levante (Isis por su sigla en inglés), sucesor a su vez de Al-Qaeda en Irak. Su origen remoto se puede rastrear a finales de los noventa, aunque en 2003, poco después de la invasión de Irak liderada por Estados Unidos con el objetivo de derrocar a Saddam Hussein, la organización tomó una forma más madura. En los últimos tres años, en medio de la rebelión contra Bashar Al-Assad, en Siria, el grupo no ha parado de expandirse.

Con cerca de 100.000 miembros, el Estado Islámico declaró fundado un califato que cubre todas las zonas bajo su control, principalmente en el norte de Irak y Siria. Allí, la sharia (Ley islámica) ha sido impuesta como legislación suprema. Amnistía Internacional denuncia una “limpieza étnica” de no musulmanes a través de masacres y secuestros. Al menos 700.000 personas, la mayoría cristianos y yazidíes que se niegan a convertirse han sido desplazados o asesinados.

Sus victorias militares son tan importantes como su éxito propagandístico. Su popularidad en los círculos extremistas en Europa reside en un dispositivo de propaganda profesional en las redes sociales, que incluye mensajes en inglés, francés y alemán. Los internautas pueden entrar fácilmente en contacto con las redes de yihadistas y encontrar documentos, canciones, revistas y tutoriales. 

Los gobiernos occidentales intentan imponer mecanismos para luchar contra el fenómeno. El primer ministro británico, David Cameron, ha planteado la posibilidad, por ejemplo, de prohibir la entrada a quienes hayan luchado en Oriente Medio y decomisar el pasaporte a los sospechosos de viajar a zonas sensibles. Según Brisard, también es importante hacer un trabajo de prevención: “Es necesario identificar los casos con la ayuda de las familias, de los colegios y de la comunidad musulmana”.

El hecho de que tantos hijos del Viejo Continente viajen a asesinar y a ser asesinados muestra que, incluso en la tierra de la libertad y el laicismo, el germen del extremismo existe. Europa debe actuar rápido para evitar que más de sus hijos salgan a la guerra y para que los que ya están afuera no vuelvan para vengarse de la tierra que los vio crecer. 
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