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| 8/3/2003 12:00:00 AM

"Los israelíes quieren hacer concesiones"

SEMANA entrevistó en Tel Aviv a Shimon Peres, el ex primer ministro y líder de la oposición israelí, sobre las posibilidades de paz con los palestinos.

Cuatro semanas de una tregua de tres meses, después de que comenzara la segunda Intifada en 2000, envuelven a Jerusalén y Tel Aviv en un manto de esperanza. Para el gobierno de Ariel Sharon, incrédulo del interés de paz de los grupos radicales palestinos, la responsabilidad de este proceso está en manos del primer ministro palestino, Mahmud Abbas (Abu Mazen), y su capacidad para acabar con el terrorismo. Para éste, en hacer respetar la hoja de ruta trazada por el grupo de Madrid y en obtener concesiones que el pueblo palestino considera justas con relación a la liberación de presos políticos, derechos de los ciudadanos palestinos y, finalmente, la creación del Estado Palestino.

Después de dos procesos fallidos, uno en Oslo (1994) y otro en Camp David (1999), la mayor parte de israelíes alineados con el gobierno afirman que el obstáculo para la paz es el líder Yasser Arafat. No obstante el escenario es nuevo en muchos sentidos: la presencia norteamericana en Irak, la de Abu Mazen y del Likud (partido de derecha) frente a una posible negociación. En medio de las expectativas Sara Araújo, corresponsal de SEMANA, habló en Israel con el ex ministro y premio Nobel de Paz (1994) Shimon Peres.

Peres, varias veces primer ministro y protagonista del fallido intento de Oslo, que cobró la vida del entonces premier Isaac Rabín a manos de un radical israelí en 1995, hizo parte de la coalición de Ariel Sharon el año pasado como ministro de Relaciones Exteriores. Cuando se convocó a nuevas elecciones en 2002 Peres dejó el encargo de canciller y el partido de gobierno, Likud, hizo coalición con el partido de los religiosos ortodoxos. Hombre de Estado y experto negociador, observa desde la oposición el nuevo intento por llegar al fin del conflicto ente israelíes y palestinos.

SEMANA: ¿Cómo ve este nuevo proceso de paz liderado por el Likud con relación a los inicios fallidos en Oslo y Camp David?

Shimon Peres: Veo avances en dos temas principalmente: por una parte, hay un consenso sobre cuál es la solución, es decir: dos Estados para dos pueblos. Por otra, hay un avance retórico e ideológico en las partes: para el Likud llegar a la conclusión de que hay que crear un Estado palestino es como para un judío ortodoxo la decisión de comer cerdo, y en este caso se han comido el cerdo.

Las dificultades están en la puesta en marcha. Ahora el problema ya no es la visión conjunta sino cómo evitar los errores del pasado. Por parte de Israel los asentamientos y por parte de los palestinos las organizaciones militares, que son incapaces de crear una coalición civil. Ambos problemas difíciles de superar. Cada una de las partes espera que la otra introduzca los cambios necesarios, la cuestión es que hay que hacerlo de manera simultánea.

SEMANA: ¿Qué tan condicionada está la política del proceso de paz con los palestinos por la presión de los partidos de la derecha radical israelita que forman parte de la coalición del gobierno?

S.P.: Mientras los palestinos sigan con los actos terroristas la política israelí estará en las manos del Likud y la derecha. Si interrumpiesen los actos terroristas el Likud perdería su importancia. Porque la mayoría de la población en Israel está a favor de las concesiones del laborismo pero mientras haya terrorismo no hay con quién hablar y eso le da ventaja al Likud.

El proceso de Oslo de 1993 se detuvo como resultado del terrorismo de los palestinos. Los israelíes dijeron a los laboristas "un momento, ¿qué hacen ustedes?, el terrorismo no ha cesado". Perdí las elecciones por un tercio gracias a la ola de terrorismo. Algunos años más tarde, cuando Arafat rechazó las propuestas de Clinton en Camp David, los israelíes eligieron a Sharon.

SEMANA: ¿Está de acuerdo con que el problema de este proceso es Arafat? ¿Cree usted que la política israelí de fortalecer la presencia de Abu Mazen y debilitar a Arafat es la indicada?

S.P.: En lo que concierne a Arafat, el problema no es su personalidad compleja porque no conozco a ningún estadista que no tenga una personalidad difícil. Los problemas con Arafat son dos. Primero, fue el líder principal de la causa palestina por su independencia, pero un fracaso total al pasar de la revolución al Estado. Pensó que un Estado es la continuación de la lucha clandestina con otros medios y creyó que el dinero se reparte en sobres de manila y las palabras se envuelven en azúcar; por eso perdió la confianza de todos, principalmente de los norteamericanos.

El otro problema tiene que ver con la división de las fuerzas armadas palestinas. Los palestinos tienen 40.000 hombres en las fuerzas policiales que podrían combatir con éxito a todas las organizaciones clandestinas, sólo que de esas fuerzas 40 por ciento está alineado con Abu Mazen y 60 por ciento con Arafat. Aunque la inteligencia israelí afirma que Arafat es el que imparte órdenes y que es el gran estratega del terrorismo (a veces quisiera que admiraran a algún líder israelí tanto como sobreestiman a Arafat) yo creo que el problema es otro. Lo conozco, tiene muchas virtudes y muchos defectos, como cualquiera de nosotros, pero no creo que él ordene los ataques terroristas pero mucho menos exige el cese de los mismos. En realidad creo que no da órdenes y ese es su segundo gran problema. Cuando alguien comanda 60 por ciento de las fuerzas armadas y no da las órdenes crea un problema real, pero así aumenta su popularidad entre el pueblo palestino. El que Abu Mazen combata el terrorismo y Arafat se calle a medias crea una ruptura en la lucha antiterrorista.

SEMANA: La posición norteamericana es también contraria a Arafat.

S.P.: Gústenos o no, Estados Unidos es la fuerza más importante hoy en el Oriente Medio. Si alguien hubiera dicho hace un año que ellos iban a ser nuestros vecinos no lo hubiera creído, pero ocurrió, y por eso hay que arreglar las cosas con Arafat, La posición estadounidense es no matarlo, no desterrarlo y no hablar con él. Así es muy difícil, hay que llegar a una posición en la que se pueda hablar con él, para eso tendrá que ceder a la existencia de un comando separado por parte de sus fuerzas armadas y en ese rumbo tenemos que avanzar.

SEMANA: ¿Considera usted que la posición casi hegemónica de Estados Unidos, en términos económicos y militares, frente a unas instituciones internacionales debilitadas puede ser peligrosa en el equilibrio con el mundo árabe?

S.P.: Todas las instrucciones que tenemos se refieren a un siglo que ha muerto. Durante estos 100 años hubo guerras culturales, militares y sociales; entre ellas las dos guerras mundiales, que costaron la vida a 50 millones de personas, jóvenes que combatieron por dos asuntos: ideología y territorio. Todas las ideologías del siglo pasado, que costaron millones de víctimas, han llegado a la crisis, llámense comunismo, fascismo, nazismo o capitalismo, por esto nadie quiere sacrificar su vida o su patria por esos ideales.

Y lo segundo, el territorio tampoco tiene valor. Mientras a mediados del siglo XX todavía había imperios y colonias, ya hoy son muy pocos los que quisieran conquistar un territorio. Ni siquiera hoy la reina Victoria de Inglaterra recibiría como regalo Bangladesh, Afganistán o Paquistán.

Nadie lucha por nuevas ideologías porque hubo un cambio revolucionario en el pensamiento humano: la ciencia y la tecnología se han revelado como recursos más importantes que la tierra y los minerales. La ciencia ridiculiza hasta las fronteras y los ejércitos porque para ésta no existen. Las únicas causas que quedan para la guerra son la nostalgia y los recuerdos. Por eso la globalización no es una nueva concepción de mundo sino un mundo nuevo en donde se imponen nuevos valores y normas: una actitud de apertura, la transparencia y la decencia para hacer negocios, y se impone la libertad. Ante todo, no pueden coexistir dictadores y ciencia porque la dictadura se establece en la mentira y la ciencia en la verdad. No hay mentira científica, no hay propaganda científica. Hay sólo verdad científica.

Pero todos estos cambios generan resistencia. La prueba es el terrorismo, que es más una protesta que una ideología. Es una guerra intergeneracional más que una concepción ideológica, y eso es cierto especialmente en lo que concierne al mundo musulmán. Muchos temen que la modernidad vaya a destruir las tradiciones. Pero dentro de las tradiciones no es posible subsistir. Por ejemplo, las musulmanas son sociedades agrícolas y la agricultura se ha reducido de 50 por ciento de la fuerza económica mundial a 1 ó 2 por ciento. Sin técnicas modernas de agricultura no dejarán de causar la desertificación, que aumenta el nivel de pobreza. Son países de hombres y no de mujeres cuando el mayor logro del siglo XX fue la igualdad de géneros. No hay quién pague subvenciones a una agricultura no desarrollada, subvenciones para oprimir a la mujer y subvenciones a regímenes corruptos.

El único país que se ha puesto a la cabeza de la lucha contra el terrorismo es Estados Unidos. Europa no ha participado por falta de voluntad no de fuerza. Además es necesario reconocer que fue Ben Laden quien atacó primero a Bush y no al contrario. Como dijo Gandhi: si el gato que persigue al ratón no tiene sentido que éste pida un armisticio, si quiere vencer debe demostrarle al gato que es un tigre.

SEMANA: El anterior proceso de paz se dio posteriormente a la Guerra del Golfo de 1991. ¿Podría ser un riesgo para el nuevo proceso y la hoja de ruta que el conflicto en el Golfo Pérsico se prolongue?

S.P.: Hay una gran diferencia entre la situación de 1991 y la actual. Hace 12 años el objetivo era sacar a las tropas iraquíes del territorio de Kuwait. Por eso los países árabes se adhirieron. Ahora la guerra es contra el terrorismo y no contra una invasión. Esto ha confundido mucho al mundo árabe, por eso no optaron por ninguna resolución. Pero en realidad nada divide al mundo árabe tanto como la unión entre ellos, esto hace la situación diferente.

Lo que ha cambiado ahora, para bien y para mal, es que antes se trataba de terrorismo palestino contra Israel. Hoy la guerra es contra el terrorismo, no importa de dónde venga, sea palestino o de cualquier origen. El mensaje de Estados Unidos para los palestinos es que los combatirán no por ser palestinos sino por ser terroristas. El mensaje para Israel es que hay que combatir el terrorismo y sus causas. Las razones, que son políticas y económicas, y el efecto del terrorismo, que es violento y militar. Por eso la posición del Partido Laborista es que hay que combatir el terrorismo como si no hubiera paz y al mismo tiempo mantener las negociaciones como si no hubiera terrorismo. Como el proverbio chino que aconseja a los estadistas "bum bum-bla bla".
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