Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 6/20/2004 12:00:00 AM

Los kurdos de América

Detrás del linchamiento de los alcaldes está el germen de la primera reivindicación nacionalista de un pueblo indígena americano: los aymara.

Los alcaldes de los poblados aymara ya no duermen tranquilos. Ya son varios los que han sido atacados por sus vecinos enfurecidos, y dos de ellos terminaron linchados por la comunidad. El 15 de junio, el alcalde Benjamín Altamirano, de la localidad boliviana de Ayo Ayo, situada entre La Paz y Oruro, fue sacado de su casa, asesinado a golpes de pala y luego quemado en una hoguera en la plaza principal. El acto pareció reflejar otro ocurrido el 26 de abril, cuando una multitud de unas 10.000 personas en Ilave, la tercera ciudad aymara del Perú, dio muerte a Cirilo Robles, su alcalde, y a varios allegados suyos.

El linchamiento de los delincuentes no es extraño en Perú y Bolivia, donde los quichuas y los aymaras suelen tomar la justicia por su mano, exasperados por la inacción del Estado. "Hemos hecho justicia", dijeron los 'comunarios' de Ayo Ayo, para quienes Altamirano había infringido la ley que ordena "no robar, no mentir y no ser holgazán" (ama sua, ama llulla, ama kella) . Pero la muerte de los alcaldes tiene una connotación de otras dimensiones. Aunque al menos en el caso de Altamirano, el gobernante era un indígena aymara, los observadores interpretan esa ola de insurrecciones momentáneas y violentas como una reacción contra lo que consideran un poder político invasor. En otras palabras, la muerte de los alcaldes sería una explosión de ira contra la dominación centenaria de los criollos 'blancoides' y un paso más en la gestación de un nacionalismo aymara, capaz de poner en tela de juicio la organización política heredada de la colonia en América Latina.

Al menos en Bolivia, la amenaza de los aymaras contra la organización estatal es un hecho conocido. El líder del nacionalismo aymara es Felipe Quispe, quien fundó el Ejército guerrillero Túpac Katari a comienzos de los 90 y luego pasó varios años preso. Quispe hoy es líder del bloque parlamentario Movimiento Indio Pachacuti, de La Paz, y de la Confederación Única de Campesinos de Bolivia. Quispe habla abiertamente de su proyecto de reconstituir el Quillasuyo, la nación aymara, y rechaza la bandera boliviana a cambio del pendón de siete colores, la wilpala. Resulta diciente que en su rechazo a la muerte del alcalde de Ilave, el presidente del Perú, Alejandro Toledo, acusó tácitamente a Quispe de haber sido el instigador de esa aplicación de la justicia colectiva. Y que éste haya salido a defende a los indígenas de Ayo Ayo y a responsabioizar por la muerte de su alcalde a "los doctores que manejan las leyes y dejan en la impunidad a quienes roban al pueblo".

La reivindicación aymara, aunque en principio sea dirigida sobre Bolivia, tendría necesariamente que afectar a otros países del área. Según la página www.aymara.org, los censos oficiales registran 1.237.658 aymaras bolivianos, 296.465 peruanos y 48.477 chilenos, sin que se incluyan los datos del norte de Argentina. Los conocedores hablan de al menos dos millones de personas.

Sus características .hacen que los aymara sean la etnia que reúne con mayor claridad las características de una nación. Tienen una cultura y un idioma homogéneos que los hacen el grupo unitario más importante, un territorio definido que abarca al menos cuatro países, rasgos étnicos diferenciados y una indumentaria particular. Mantienen un espíritu comunitario, creen en la divinidad de la tierra, las montañas o 'apus', el sol o 'Inti', la madre tierra o 'Pachamama'. Creen que descienden del legendario imperio de Tiawanako y reivindican los movimientos anti 'blancoides' de Zárate Wilca (1899) y Túpak Katari (1795). Para muchos el aymara es el pueblo andino que mejor conservó su identidad, atrincherada en una meseta inhóspita y escasamente respirable a 4.000 metros sobre el nivel del mar.

Quispe ya no está en la lucha armada pero es muy radical. Marca un gran contraste con el dirigente del MAS (Movimiento al Socialismo) Evo Morales, líder de los quechuas, quien aceptó una cartera en el gobierno del presidente Carlos Mesa. Y es que los quechuas, la etnia más numerosa, pero menos homogénea, no tiene tan definida su reivindicación nacionalista y más bien trabaja por una reforma del Estado criollo antes que por su desmantelamiento.

La plataforma del 'Mallku' (cóndor) Quispe es radical. No busca traer el electorado 'blancoide' o mestizo, y pretende la alcaldía de la ciudad de El Alto de La Paz, su mayor bastión, para establecer un poder paralelo. Es hostil a la Iglesia Católica y promueve la religión cósmica. Convoca a echar a las autoridades en las regiones que dominan, lo que han conseguido en decenas de localidades. Plantea regresar a las ayllus, o comunidades igualitarias campesinas, con una economía basada en el trueque. En una reciente entrevista, Quispe sostuvo que "las 'ayllus' y el capitalismo son incompatibles".

La amenaza de los aymara se concreta en acciones aparentemente aisladas, pero de gran capacidad de influencia política. Al fin y al cabo fueron ellos quienes desencadenaron la caída del presidente Gonzalo Sánchez de Losada, a finales de 2003. Su reemplazo, el vicepresidente Carlos Mesa, está bajo amenaza desde que asumió y, de hecho, múltiples bloqueos de carreteras en las regiones fronterizas con Argentina y Paraguay le recuerdan al mandatario que las consignas de Quispe son seguidas en todo el territorio aymara. Mesa someterá a referéndum la política de hidrocarburos, en un certamen en el que la fuerza de los aymara se hará sentir.

El nacionalismo aymara se da en un contexto en el que varios pueblos indígenas del continente proyectan un replanteamiento del orden político heredado de la colonia, al que identifican con la explotación y el despojo de sus riquezas ancestrales. Desde Alaska, con los inuit, hasta la Patagonia con los mapuche, pasando por los quichuas de Ecuador o los mayas de Guatemala, los movimientos indios vienen reivindicando sus derechos. Es tan clara la tendencia que hasta el Banco Mundial, en un ejercicio de realismo político, celebró entre el 22 de mayo y el 12 de junio 'cursos de gobernabilidad' para líderes indígenas en teleconferencias simultáneas en estrecha colaboración con los líderes de los cinco países andinos.

Pero el más avanzado en la radicalidad de sus demandas es el de los aymara. Se trataría de la primera manifestación en el Nuevo Mundo de una tendencia que creció en Europa desde la caída del muro de Berlín y la globalización. Entonces se crearon 22 repúblicas entre 1990 y 1992, y una decena de aspirantes pugnan por ser reconocidos, como los kurdos, los baluches y los vascos.

La división de Bolivia para crear el Estado aymara es para unos una forma de minar el capitalismo, pero para otros es la reinstauración de un sistema autoritario basado en la servidumbre y el inicio de un proceso de balcanización en pleno continente suramericano. Pero lo que no está en discusión es que la reivindicación de los aymara será uno de los grandes temas en el siglo que comienza. Ellos recuerdan cada vez que pueden la promesa de su líder histórico Túpak Katari antes de morir: "Volveré y seré millones".
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.