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| 3/4/1985 12:00:00 AM

LOS LABERINTOS DEL PODER

Luces sobre un viejo enigma: cómo es el reparto de los puestos claves del Pontificado.

¿Cuál es la diferencia entre Dios y el Papa Wojtyla? Que Dios está en todas partes y el Papa ya estuvo. Este es el chiste que circula en algunos medios italianos y con el que encabezó su artículo el vaticanista del prestigioso diario italiano La Repubblica, Doménico del Rio, un chiste algo irreverente pero que delinea el aspecto seguramente más característico del actual pontificado de Juan Pablo II: los viajes. El artículo del periodista de Repubblica, titulado "Cuánto viaja este Papa", que apareció el pasado 15 de enero, le costó la exclusión del viaje papal a Venezuela, Ecuador, Perú y Trinidad Tobago, que se llevó a cabo del 26 de enero al 6 de febrero pasados, el sexto en América Latina de los 25 que ha hecho fuera de Italia. Esta exclusión abrupta fue una reacción "nueva" del pontificado que hasta ahora se había identificado como un buen conocedor de los medios de comunicación de masa, abierto, utilizador de "la propaganda" como lo escribe el director de la revista Lumiere et Vie, de Lyon, el padre dominico Michel Damaison, reacción que para la prensa italiana tiene "olor de censura". Y es que la encuesta del periodista, realizada en varios países, interrogando teólogos, sacerdotes y estudiosos católicos a cerca del actual pontificado, tenía como objetivo dar a los lectores algunos elementos críticos del actual debate teológico y político que se está llevando dentro de la Iglesia, debate que nace no sólo del ataque del Vaticano y concretamente de la Congregación por la Doctrina de la Fé (ex Santo Oficio) a la Teología de la Liberación y a los amplios sectores de la Iglesia que la sostienen, sino también del reequilibrio y reajuste de los distintos grupos de poder que existen en ella, y que tienen obviamente su representación en el Vaticano. Porque el Vaticano al fin y al cabo es un Estado, el más pequeño del mundo, pero un Estado con problemas de burocracia interna, deuda externa, intrigas políticas, pluralismo, etc.
"Para el Papa los viajes son un instrumento para gobernar", dice Emile Poulat, historiador francés, especializado en fenómenos eclesiásticos, consultado por el periodista del Río. "Es un hombre carismático, que conoce muy bien el uso de los mass-media. Es el Papa espectáculo. Como Reagan, es también un actor, Hay dos grandes actores en el mundo: Reagan y Wojtyla". No en vano Wojtyla formó parte de un grupo de teatro en su juventud. Otro teólogo, el español José María González Ruíz, opina que "para que el viaje papal sea verdaderamente apostólico, debería desnudarse de todo el triunfalismo que lo circunda". Pero al Papa le gustan esas cosas. Tanto que ha llamado al director de cine Franco Zeffirelli (Romeo y Julieta; Hermano sol, hermana luna) a dirigir las funciones solemnes en la basílica de San Pedro. "El Papa con sus viajes triunfalísticos, con su compromiso directo y personal, se quiere imponer como único mediador universal, ya sea entre Oriente y Occidente, como dentro de la misma Iglesia", explica a SEMANA Filippo Gentiloni, director de la revista católica IDOC.
Porque el Papa quiere dar la imagen de un hombre fuerte y seguro con una Iglesia fuerte y segura. Por eso los sectores de ésta, que sostienen una línea dura, se han reforzado; grupos de carácter internacional como el Opus Dei, Comunión y Liberación, o el de los obispos polacos. Para Gentiloni, no hay dudas de que "el Papa se está apoyando en estos grupos de poder para no quedar solo, para no terminar como los monarcas que reinan pero no gobiernan".
El nombramiento en Roma el pasado 4 de diciembre del español Joaquín Navarro Valls, ex corresponsal del diario derechista español ABC, miembro del Opus Dei, como director de la sala de prensa de la Santa Sede, demuestra -según los observadores de cuestiones del Vaticano- que el Papa tiende a rodearse de sus más fieles sostenedores. No puede, pues, descuidar sectores tan importantes como la prensa, la televisión, las comisiones pontificias, las púrpuras cardenalicias. Con Navarro en la nómina, el Opus Dei obtiene un puesto de gran importancia: es el portavoz oficial del Pontífice. No son pocos los que creen que el aumento de poder del Opus Dei, una "institución secreta, elitista y conservadora': como lo define el diario francés Le Monde que tiene 74 mil miembros casi todos laicos en 87 países, y que es propietaria de universidades, casas editoriales, cadenas de televisión, agencias de prensa, se debe al hecho de que esa institución asumió el pago de los 250 millones de dólares de deuda que tenía el IOR, el Banco del Vaticano, con el Estado italiano, a raíz de la exportación ilegal de divisa extranjera a través del famoso Banco Ambrosiano y de su entonces presidente Roberto Calvi, miembro de la Logia masónica P2, que terminó misteriosamente ahorcado en el puente londinense de Blackfriars el 18 de junio de 1982. En agosto de 1982, la "Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y del Opus Dei" había sido elevada en señal de gratitud a "prelado personal", es decir, diócesis sin territorio dependiendo directamente del Papa, aun si con esto despertaba las reacciones del episcopado español.
Con el nuevo organigrama de los mass-media del Vaticano se evidencia un mal típicamente italiano y hasta colombiano. La llamada lotizzazione, es decir la repartición, como si fueran lotes, de los puestos claves de la administración pública. Como los liberales y conservadores colombianos, en el Vaticano se están repartiendo, según el equilibrio del poder, la prensa, la televisión, las comisiones, las secretarías, las asesorías. Así, la sala de prensa es pues del Opus Dei, la potente Radio Vaticana, que transmite en todo el mundo y en todas las lenguas, es dirigida por el padre Roberto Tucci y sigue siendo un feudo jesuita (los cuales no podrían definirse como sostenedores de Wojtyla). La orden, fundada por San Ignacio de Loyola, está en crisis, y el Papa polaco los tiene bajo observación. Un ejemplo es la expulsión del padre Fernando Cardenal, ministro sandinista, a la cual el nuevo general de los jesuitas, Hans Peter Kolvenback, quien reemplazó al legendario Pedro Arrupe, el "Papa negro", se opuso al máximo sin resultado.
Por otro lado, el diario de la Santa Sede, L'Osservatore Romano, tiene como director a Mario Agnes, ex presidente de la Accion Católica, una de las dos "almas del catolicismo italiano" especie de mayoría silenciosa de padres y obispos italianos. La recién creada televisión vaticana, así como el diario Avvenire está en manos del movimiento Comunión y Liberación, la otra alma del catolicismo italiano, una agresiva minoría de obispos, padres y laicos jóvenes que practican con éxito la llamada "estrategia de la presencia" en la sociedad civil. Fuerte rival de Acción Católica, este movimiento participa en cooperativas y partidos políticos (sobre todo en la Democracia Cristiana) y va perfectamente de acuerdo con la imagen del Papa Wojtyla, ágil y fuerte.
En el fondo, este Papa no se fía de nadie. Por eso se ha rodeado de un círculo cerrado y exclusivo de monseñores, secretarios, asistentes que constituyen sus "pretorianos" como los llaman en la burocracia vaticana. Parte de ellos son los polacos, que constituyen prácticamente una curia dentro de la curia, como el cardenal Ladislao Rubin, prefecto de la congregación de las iglesias orientales, el obispo Andrea Deskur, presidente de la Comisión Pontificia para las Comunicaciones Sociales y el omnipotente monseñor Stalislao Dzwisz, secretario privado del Papa. Dentro de los "pretorianos" se cuenta también un buen número de latinoamericanos. El cardenal colombiano Alfonso López Trujillo es uno de ellos. De él se dice que viaja cada semana de Colombia al Vaticano. Igualmente, el cardenal Agnelo Rossi, brasilero, ex prefecto de Propaganda Fide y monseñor Jorge Mejía, argentino, colaborador del cardenal Ratzinger en la preparación del documento de acusación a la Teología de la Liberación, quienes, a pesar de su línea fuerte, no pudieron liquidar al brasilero Leonardo Boff y al peruano Gustavo Gutiérrez. Especial tensión habría entre un "pretoriano" latinoamericano (López Trujillo) y el cardenal italiano Agostino Casaroli, actual secretario del Estado del Vaticano, pues habría el deseo por parte de los "pretorianos" de poner en el cargo de Casaroli al mismo López Trujillo, otro adalid, con Ratzinger, de la guerra santa contra la Teología de la Liberación.
Este panorama de bloques, fricciones sectarias, etc.,es para los analistas un sintoma de debilidad del poder pontificio, una "pérdida gradual de poder real del papado, más allá de la imagen espectacular y triunfante que Wojtyla pretende transmitir tras de sí", segun el periodista italiano Mauricio Matteuzzi, quien en un artículo citaba al padre Virgilio Levi, ex director de L'Osservatore Romano, criticando desde la derecha a Juan Pablo II con estas palabras: "Este Papa está destruyendo el papado".
A pesar del cambio de los esquemas clásicos de la tradición vaticana que Wojtyla ha operado por medio de su personalidad, con su cultura polaca, con sus discursos que hablan más del hombre, de la Virgen y hasta de sexo, que de Jesús y de dogmas, Juan Pablo II no ha podido hegemonizar en torno a si la Iglesia. Por esto algunos teólogos lo ven como a un hombre solitario, solo en sus viajes, solo cuando grita paz en los países en guerra y solo cuando grita justicia social en los países con hambre. Solo tanto en el bien como en el mal.
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