Sábado, 20 de diciembre de 2014

| 2013/05/25 02:00

Los lobos solitarios del islam

Ataques como el que golpeó a Londres son la nueva pesadilla del terrorismo islámico: invisible, autónomo e incontrolable.

Poco después de haber acuchillado al soldado Lee Rigby en una calle de Londres, Michael Adebolajo le explicó a un peatón que lo grababa que lo asesinó para vengar a sus hermanos musulmanes. Este tipo de acciones, además de sembrar miedo y sozobra,son un impactante método de propaganda , replicado una y otra vez en los foros islamistas. Foto: AFP

Lee  Rigby y Michael  Olumide Adebolajo hubieran podido ser amigos. Ambos nacieron en el Reino Unido en los años ochenta, les encantaba el fútbol y vivían en Londres. Pero se cruzaron con la intolerancia. 

El miércoles pasado Adebolajo y un acompañante iban en un Ford Fiesta por una calle de Woolwrich, un barrio del suroeste de Londres. De pronto vieron a Rigby con su corte militar y un saco de Help for Heroes, una organización que apoya los veteranos británicos. Sin pensarlo, lanzaron su carro sobre Rigby. Era soldado desde 2006, sirvió en Chipre, en Alemania, fue tambor de la guardia del palacio real y combatió en Afganistán. Después de la guerra, consiguió un puesto de reclutador. Pero el frente afgano lo alcanzó en las calles de Londres. 

Después de atropellarlo, Adebolajo y su cómplice se abalanzaron sobre Rigby, lo arrastraron en la calle y lo acuchillaron. El asesino dijo con una tranquilidad pasmosa. “Lo matamos porque muchos musulmanes mueren por los soldados británicos. Ojo por ojo, diente por diente. Por Alá juramos que nunca dejaremos de enfrentarlos. Me excuso con las mujeres, pero en nuestras tierras nuestras mujeres tienen que ver lo mismo. Su gente nunca estará a salvo”.  

Fue el final de la corta, pero mortal carrera yihadista de Adebolajo. De origen nigeriano, nació en Londres en una familia cristiana. En 2003 se convirtió al islam y frecuentaba hasta hace dos años una mezquita radical. Desde entonces pocos habían vuelto a saber de él. 

Todos los que lo conocieron concuerdan en que era “chistoso, un buen tipo, nada fuera de lo normal”. Palabras más, palabras menos lo mismo se dijo de Mohamed Merah, que asesinó a siete personas en Toulouse, de los hermanos Tsarnaev que pusieron una bomba en Boston, del albanokosovar Arid Udka que mató a dos solados estadounidenses en Alemania en 2011, de Nidal Malik Hassan, el mayor gringo que acribilló a 13 militares en Fort Hood en 2009 o de Oshonara Choudhry, una estudiante londinense que apuñaló un parlamentario británico en 2010.  

Todos ellos eran ciudadanos cualesquiera y estaban por fuera del radar de las agencias de inteligencia. Son los nuevos soldados del yihad, los lobos solitarios del islam, guerreros amateurs criados en Occidente, que se radicalizan en su hogar, sin contacto con Al Qaeda, que aprenden a sembrar el caos desde su computador y atacan con lo que tienen a la mano: explosivos caseros, pistolas e incluso vulgares cuchillos. Son los freelance del terrorismo, una amenaza creciente e invisible. 

Los islamistas saben que ahora es imposible organizar un atentado como el del 11-S. Miles de soldados, policías, informantes y drones están detrás de ellos, pero pueden incitar a alguien para que tome el riesgo de manera solitaria. Y para ello cuentan con jóvenes pobres, olvidados, estigmatizados y con un arma tan banal como poderosa e incontrolable: internet. 

En la red florecen videos yihadistas subtitulados, prédicas, instrucciones de conspiración en todos los idiomas. El objetivo es llamar a la guerra santa personal, o terrorismo Nike, por el eslogan de la marca deportiva “Just do it “ (solo hazlo), donde ya no hay una organización central sino una especie de franquicia Al Qaeda, una marca globalizada con la que cualquiera se arropa. 

Uno de los principales medios de propaganda de Al Qaeda es Inspire, una revista en inglés con fotos impecables, entrevistas con terroristas famosos, artículos como “Vida y sociedad: perder un amigo en el yihad” y una sección de “hágalo usted mismo” con instrucciones para “hacer bombas en la cocina de su madre”. La publicación, cuyo contenido en pdf se consigue en la red, fue consultada por los hermanos Tsarnaev para fabricar sus explosivos. Así, mientras los atentados de las Torres Gemelas se planearon por años, con cómplices en varios países, ahora es imposible detectar quién, de los millones de personas que ven este material, va a atacar algún día. 

Y ahí está la fuerza de los lobos solitarios. No violan ninguna ley hasta que actúan. No siguen planes, ni órdenes que pueden ser interceptados. No hay células donde se comparta información con posibles agentes infiltrados. Sus métodos son baratos, se reducen a una idea y un arma. Y cuando resuelven atacar, por lo general hay muy poco tiempo entre esa decisión y la acción en sí, lo que reduce los comportamientos sospechosos.

Para Al Qaeda la relación costo beneficio de la cruzada personal es enorme. No dejan cientos de muertos como en el 11-M de Madrid, pero destrozan la confianza en la sociedad y mantienen viva la llama del yihad planetario. Como ahora todo es filmado y fotografiado, estos ataques son además la mejor propaganda para contagiar aún más candidatos al martirio. 

Pero sobre todo, son incontrolables, pues, ¿cómo combatirlos? ¿Hay que tener a un policía detrás de cada persona que visita páginas islamistas? ¿Hay que investigar a millones, solo por ser musulmanes? ¿Hay que prohibirle la entrada a todos los inmigrantes? Esas son preguntas resbalosas que cuestionan el alma de las democracias: libertad y tolerancia. Al fin y al cabo, ellas son el objetivo del terrorismo. 

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×