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| 3/4/2006 12:00:00 AM

Los mejores amigos

Los controvertidos acuerdos entre Estados Unidos e India, tras el viaje del presidente George W. Bush, dejaron claro que Washington quiere de su lado al recién nacido gigante asiático.

La gira por Asia del presidente de Estados Unidos, George W. Bush, fue sin duda una prueba de fuego para su gobierno. Su acercamiento con India requería ser tratado con guantes de seda, pues los acuerdos comerciales y de cooperación nuclear entre ambos países podrían generar molestia en vecinos clave como China y Pakistán y, de paso, desestabilizar una región frágil de por sí.

La tensión por la visita de cuatro días, programada a India y Pakistán, pero que incluyó una sorpresiva escala relámpago en Afganistán, se hizo evidente apenas Bush abordó el Air Force One. Protestas callejeras convocadas por grupos musulmanes y de izquierda congregaron a decenas de miles de personas en varias ciudades indias antes del arribo del mandatario. En la capital, Nueva Delhi, cerca de 100.000 manifestantes se reunieron bajo el grito de "Muerte a Bush" o "Asesino, Bush lárgate".

El jueves, la víspera de la llegada a Pakistán, un ataque con explosivos cerca del consulado de Estados Unidos en la ciudad de Karachi dejó dos personas muertas y 22 heridas. También en Washington, algunos activistas se reunieron frente a la estatua del Mahatma Gandhi, situada en cercanías a la embajada india, para protestar por el acuerdo de cooperación nuclear que iba a ser firmado. Para muchos resultó indignante que el primer acto oficial en India del Presidente guerrerista fuera rendir honores a un mártir del pacifismo como Gandhi, mientras el tema nuclear estaba sobre la mesa. "Mi abuelo dijo que el destino de India no depende del sangriento Occidente, sino del camino sin sangre de la paz. No creo que un hecho como este le hubiera agradado", dijo a SEMANA Ela Gandhi, nieta del Mahatma, ex parlamentaria de Suráfrica y una reconocida activista por la paz.

A pesar de las protestas, Bush llegó a un arreglo con el primer ministro indio, Manmohan Singh, para cooperar en este sentido. Este convenio se venía gestando desde la visita de Singh a la Casa Blanca en julio del año pasado. Básicamente, implica que Estados Unidos compartirá tecnología nuclear civil con India, mientras ésta se compromete a permitir la inspección de sus complejos nucleares, a no exportar tecnología con la cual se puedan desarrollar armas y a dar cuenta, por separado, de sus programas civiles y militares.

"Una de las motivaciones de India para realizar este acuerdo es que la producción doméstica de uranio no es suficiente para mantener la demanda de los reactores. Ahora, India podrá importar Uranio de cualquier parte y liberar su producción de material para sus armas nucleares", explicó a SEMANA M.V. Ramana, miembro del Comité Nacional para el desarme nuclear indio.

Ante la preocupación de ciertos sectores, entre ellos la prensa de su país, Bush procuró suprimir cualquier alusión sobre la posibilidad del incremento de la capacidad bélica del gigante asiático y desvió la atención hacia el problema energético."A los países del mundo les interesa que India desarrolle una industria de energía nuclear porque contribuirá a reducir la demanda de combustibles fósiles y a rebajar el precio de la gasolina", dijo Bush en suelo indio.

Pero lo que para él es un paso 'histórico', para otros es motivo de preocupación, ya que viola el Tratado de No Proliferación Nuclear (NPT, por su sigla en inglés), firmado en 1968, y por el cual los países signatarios con arsenal nuclear (ver infografía) se comprometieron a no transferir tecnología de este tipo a países que no renunciaran a tener armas nucleares y no fueran firmantes del NPT, como es el caso de India, país que incluso ha realizado pruebas atómicas.

La cosa va más allá. India siempre se opuso a que las cinco naciones firmantes del tratado y en posesión de arsenal nuclear se quedaran con el monopolio de estos. Por eso, hoy resultan extrañas las buenas relaciones entre estas dos naciones. Más cuando Estados Unidos es el primero en señalar a otros regímenes por su tenencia de este tipo de armas. Como dijo a SEMANA Laurence Wittner, profesor de historia de la Universidad Estatal de Nueva York y escritor del libro Hacia la abolición nuclear, "Bush usa un doble estándar cuando considera a Irán como parte del 'Eje del mal', incluso sin que haya pruebas de que esté desarrollando armas nucleares, pero considera a India como una nación 'amiga'. Está alentando a otras naciones como China e India a fortalecer sus arsenales".

La revista The Economist, entre otros medios, advirtió sobre los errores que podría cometer Bush en este nuevo 'romance con India', en cuanto al mensaje que se les estaría dando a países del vecindario como China y Pakistán. Basta recordar la tensión existente entre Nueva Delhi e Islamabad por los problemas fronterizos en Cachemira. Un mal cálculo político podría representarle a Estados Unidos perder el apoyo paquistaní, un aliado que, además de poseer armas nucleares, es clave en la búsqueda de Osama Ben Laden y los capos de Al Qaeda, de los cuales se dice que se esconden en la frontera con Afganistán. Por eso no es raro que, después de su visita a India, Bush haya parado en Pakistán para tranquilizar al presidente Pervez Musharraf.

Por otro lado, muchos han sostenido que los acercamientos con India esconden la intención de hacerle contrapeso al otro gigante de la región, China. Aunque Newsweek puso en duda este argumento al asegurar que India estaría demasiado preocupado por mantener en buenos términos sus propias relaciones con su vecino como para anteponer los intereses norteamericanos, para otros las intenciones de la Casa Blanca son claras. "Uno de los objetivos de Estados Unidos para tener a India como amigo es lidiar con el reto impuesto por China en la región. Quiere prevenir una arquitectura asiática construida alrededor de la cooperación entre China, India y Rusia, que podría excluirlo", le dijo a SEMANA Siddharth Varadarajan, editor de Asuntos Estratégicos del Diario Hindú, de India.

Y es que India es el único país de la región con el potencial de equilibrar la balanza en Asia. En el Foro Económico de Davos quedó claro que un nuevo gigante ha llegado. Allí fue promovida como la democracia de más rápido desarrollo. El año pasado creció a 7,5 por ciento, lo que es sorprendente si se tiene en cuenta que es la segunda nación más poblada del planeta, después de China, con unas 1.000 millones de personas. Según una proyección citada por Newsweek, para 2040 ocupará un lugar entre las tres mayores economías del mundo, al lado de China y Estados Unidos.

Algo que para muchos resulta increíble, ya que históricamente el país siempre ha ocupado los primeros lugares dentro de los más pobres. Incluso hoy, en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas, ocupa el puesto 124 de 177. Pero, aunque tenga poco de moderno y su infraestructura sea la de un país tercermundista, la apertura económica, impulsada por el actual Primer Ministro desde 1991, ha favorecido el surgimiento de robustas compañías privadas que son las que hoy jalonan la economía.

En los últimos años, India ha emprendido el camino hacia la privatización. Del Estado casi socialista impulsado por el primer ministro Jawaharlal Nehru después de la independencia de Gran Bretaña, en 1947, se ha movido hacia un capitalismo que si bien ha sido caótico y ha aumentado las desigualdades, también le ha permitido constituirse como una de las economías emergentes más poderosas. Hoy, los ojos del mundo se posan sobre este país del que sólo se hablaba por el Kamasutra, los intocables y las vacas sagradas. India va rumbo a convertirse en una superpotencia, y Estados Unidos, al parecer, va a hacer todo lo posible para tenerla de amiga.
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