Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1984/02/20 00:00

LOS MISTERIOS DE LURIGANCHO

Surgen nuevas ideas acerca de qué hubo tras el intento de fuga en la cárcel de Lima

LOS MISTERIOS DE LURIGANCHO

La ambulancia en la que se fugaban detuvo su marcha a 250 metros del penal de Lurigancho luego de chocar con un microbus y casi volcarse cuando sus llantas fueron destruidas por disparos policiales. Las balas, avispas ardientes, atravesaron desde todos los ángulos a la ambulancia detenida. Cuando ya estaba herido de muerte y en pleno tiroteo, Alejandro Velásquez Jibaja, alias "Cri Cri", el recluso que dirigía la frustrada fuga, se desplomó sobre una de las monjas rehenes, y le dijo: "¿No ve hermana? Ustedes tampoco valen".
Los policias se acercaron, disparando siempre. El director de prisiones, Armando Castrillón, quien sabía que los diez prófugos estaban armados sólo de puñales, introdujo su mano por la ventana y disparó al confuso montón de presos evadidos y mujeres rehenes. Cuatro de las cinco mujeres rehenes (tres monjas, una animadora de televisión y una asistente social) resultaron heridas por las balas policiales. Una de ellas, la hermana Joan Sawyer, irlandesa, de la congregación Sancolumbano, murió a consecuencia de las heridas que recibió.
El sangriento balance de tal episodio del 14 de diciembre pasado fue este: de los 10 presos evadidos, 8 murieron, uno quedó herido y el más diminuto, Miguel Marcelo Olivera, alias "Retaco", quedó milagrosamente ileso. Esto se debió a que los policías no solo dispararon a ciegas contra la ambulancia, hiriendo a prófugos y rehenes, sino a que también victimaron a boca de jarro a los reclusos que descendían de la ambulancia levantando las manos y dando voces de rendición. Todo ocurrió frente a las cámaras de televisión, cuyos reporteros filmaron la loca y corta carrera de la ambulancia proporcionada a los presos, y la alcanzaron cuando se detuvo.
El momento más dramático ocurrió cuando uno de los profugos que viajaba en la cabina delantera, al ver cómo eran muertos sus compañeros, se abrazó desesperadamente de la mujer que iba sentada a su lado, una actriz de televisión de 52 años, que colaboraba con las monjas en la tarea de reeducación carcelaria. Ambos, el prófugo y su rehén, bajaron de la ambulancia estrechamente juntos. "El me abrazaba del cuello, pero los policías me desprendieron violentamente de él y cuando ya estaba indefenso le dispararon con una metralleta en el pecho, a pesar de que gritaba: nos rendimos. Pobrecito": declaró posteriormente Ingebord de La Torre, más conocida como la "Gringa Inga".
Obviamente, el público televidente quedó horrorizado por la conducta policial: fuera de lo anterior, los heridos y muertos fueron arrastrados de los pelos, amontonados unos sobre otros en la pista y luego introducidos en los baúles de los automóviles policiales.
La sospecha de que algunos de los heridos fueron rematados posteriormente pronto se difundió. Una reportera del diario La República, aseguró haber hablado con uno de ellos, antes de ser llevado en el carro policial. El preso le dijo a ella que él también era un rehén, porque el grupo comandado por "Cri Cri" lo obligó a sumarse a la fuga. "Yo hablé con él, me dio su nombre, que luego aparece en el parte de la autopsia como muerto con tres balazos en el cráneo. Estoy segura que no tenía ninguna herida en la cabeza cuando hablaba conmigo", dijo la reportera.
La primera reacción de las autoridades fue responsabilizar de lo ocurrido a los propios prófugos. ("Solamente cobardes sin dignidad viril se esconden detrás de las mujeres", dijo el presidente Fernando Belaunde) y a la tensión que experimenta la policía ante los embates del terrorismo de Sendero Luminoso. Pero los testimonios de los sobrevivientes, especialmente de las rehenes, que desmintieron que los prófugos tuvieran armas de fuego, obligaron a cambiar la actitud oficial prometiendo adelantar una investigación.
"Tenían un cuchillo de cocina y otro más pequeño. Nos preguntaron si teníamos alguna tijera, para tener un: arma más... y eso se lo comuniqué a las autoridades de la prisión", declaró la monja Ana Marzolo, quien fue intermediaria en las primeras negociaciones en la cárcel.
El afán exterminador de los policías y la falta de respeto por las vidas de los rehenes, motivaron una serie de estremecedoras explicaciones e hipótesis. "Se ha puesto nuevamente en evidencia que vivimos en una sociedad policiaca, autócrata. La verdadera autoridad en el Perú no es el Parlamento ni el gobierno de origen electoral, sino esta autocracia policial que tiene salvoconducto para hacer lo que le plazca", expresó el diputado aprista Javier Valle Riestra.
"Se está tratando de consagrar, en la práctica, la pena de muerte en el Perú, a pesar de que la Constitución lo prohibe. Por eso se cometió esa carnicería a la vista de todos, en el mismo día en que, según un informe oficial, eran muertos 100 campesinos en la Sierra Central dentro de las operaciones de represión de las guerrillas": dijo por su parte el diputado Javier Díaz Canseco, del partido Unidad Demócrática Popular (UDP).
"Me pregunto si detrás de esa acción maquiavélica no está el intento de alejar a la Iglesia de las cárceles, testigo de los crímenes y dramas que ocurren en las prisiones". expresó el senador Enrique Bernales, del Partido Socialista Revolucionario (PSR).
Otra explicación, más tenebrosa aún, sugiere que el director de prisiones, Armando Castrillón, participó de alguna manera en la promoción de la fuga interrumpida sangrientamente, como parte de un plan destinado a disimular la fuga de 15 reclusos narcotraficantes, vinculados a las millonarias bandas colombianas. Esta tesis, investigada por el fiscal Ad Hoc, Benjamín Madueno (quien denunció a finales de diciembre intentos de presión para que lo saquen del caso y varias amenazas de muerte) está respaldadada por un importante líder politico, el diputado Alan Garcia, secretario general del partido Aprista, uno de cuyos militantes se enteró, por azar, de la simultánea fuga de los narcotraficantes.
"A ese testimonio hemos agregado otros dos más, que señalan que en el mismo momento en que se mataba a los prófugos comandados por "Cri Cri", escapaban por la puerta principal, y con ayuda de las autoridades, 15 narcotraficantes", declaró el diputado Garcia. Según una denuncia, desde que asumió Castrillón la dirección de prisiones en 1980, se han escapado 490 narcotraficantes de la cárcel de Luringancho, pagando entre 14 y 25 mil dólares cada uno. Uno de los presos, que no pudo conseguir esa suma, lo reveló recientemente en un tribunal. Luringancho, la cárcel más importante del Perú, es una de las pocas prisiones en el mundo cuyas autoridades aseguran no poder saber cuantos presos tienen, ni cuales son sus identidades.
Las investigaciones del fiscal se dirigen ahora a determinar quien dio la orden de disparar contra la ambulancia y sus tripulantes. Castrillón asegura que no fue él, y los jefes de los destacamentos policiales que intervinieron también sostienen que no dieron esa orden. Sin embargo, el fiscal Madueno -que recibió como respuesta de las autoridades desde la prisión que ignoraban si alguién escapó ese dia de la matanza- anunció un censo con pericias dactiloscópicas, para que no se produzcan suplantaciones de identidad. "No se aún quiénes son los responsables, pero si puedo afirmar que hubo delito en esa matanza", dijo.
Por otro lado, al conocerse los detalles de la preparación de la fuga (mejor dicho de su improvisación) así como la personalidad del preso que la encabezó y murió en el intento, ha comenzado a cobrar fuerza la hipótesis de que fue instigado a fugarse llevando como rehenes a las monjas, en la seguridad de que la Policía no intentaría nada para retenerlos. "Aunque ustedes no lo crean, "Cri Cri" era bueno": dice la monja Teresa Paterczek, una de las rehenes. "Era un hombre que tenía mucho respeto por las religiosas; trató de convertirse en envangelizador, pero era muy rebelde por los abusos de las autoridades, muy preocupado por los negociados y la facilidad con la que se fugan los narco de las prisiones".
Alejandro Velásquez, "Cri Cri", ingresó a la cárcel cuando tenía 17 años, acusado junto con un grupo de amigos del barrio de cometer un hurto. Muy pronto comenzó a matar en la prisión. "Su primera víctima fue un recluso que le metió la mano a su mujer, luego, en constantes pleitos carcelarios, mató a otros": dice un ex compañero suyo. En la cárcel se convirtió en adicto a las drogas y cuando salió en libertad, osciló entre su arrepentimiento y sus antiguos compañeros de delito. Regresó a la cárcel después de año y medio de libertad acusado de atracador de bancos. En 1981 participó en un concurso de canciones carcelarias. Ganó el primer premio con el tema "Los olvidados", una de cuyas frases dice: "Tu sabes leer en el libro de la noche, el mudo mensaje de los olvidados, que comprendes porqué el silencio vive siempre en el destierro". Luego escribió un libro "Acuario hace tiempo", en el que figuran los siguientes versos: "Creo en el perdón, porque Dios no puede ser tan ruin como los hombres". "Las sombrasamorfas que se mueven inquietas, cabalgan a pelo en el lomo de la muerte". En el poema "Oración de un condenado" dice: Quiero morir fuera de esta cárcelrodeado de silencio sin ruido de candados. . . ".
La monja Teresa fue quien mostró a los reporteros el último mensaje de "Cri Cri" escrito apresuradamente en los tensos momentos en que se esperaba la respuesta de las autoridades sobre el vehículo solicitado para escapar llevándose a los rehenes. "Estábamos sentados en una banca de la Capellanía... "Cri Cri" se paró y preguntó a Juanita (la monja que murió) y le pidió una hoja de papel. Estaba triste. Se fue a una mesa y comenzó a escribir rápido y en silencio. Luego entregó el papel a la hermana Juanita. Yo se lo haré llegar a la familia de Juanita, ellos comprenderán y sabrán perdonar", dijo ella. El mensaje decia: "En este fatal instante hago esfuerzos por conseguir mi libertad. ¿Lo conseguiré? Ayúdame Dios mío, no quiero hacer el mal ni exponer a nadie, pero una vez más lo hago y cuantas veces más tendré que hacerlo. Solo Dios y el tiempo lo dirán".

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