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| 4/9/1990 12:00:00 AM

LOS NARCOMARINES

Lo que faltaba: soldados norteamericanos involucrados en narcotráfico en Panamá.

Los escándalos de faldas, espías y homosexualismo que han salpicado la imagen pública de la marina norteamericana han sido hasta ahora equivocaciones socialmente procesadas como gajes del oficio. Pero la captura de dos marines la semana pasada que usaban el correo militar para introducir cocaína a Estados Unidos no será fácil de asimilar para una gran mayoría del pueblo de ese país que ve en estos hombres una especie de ángeles de la guardia camuflados.
Los dos empleados del US Army fueron encausados en Miami el miércoles junto con 20 personas más por introducir desde Panamá cientos de libras de cocaína en valijas militares.
La operación de captura tiene las características comunes a otras redadas menores en las que caen colombianos anónimos. Cinco agentes de la DEA le siguen el rastro a una red de narcotraficantes a través de informantes que los conducen a la casa de uno de los involucrados. En este caso es el sargento del ejército Raphael Fults, operador de radar que vive al sur de la Florida. Los agentes de la DEA inspeccionaron la residencia y sus perros encontraron en el closet de una de las habitaciones 100 mil dólares en efectivo guardados en un maletín. El maletín contenía el último pago que había recibido el sargento por concepto del transporte desde Panamá por correo militar, de 88 libras de cocaína. El siguiente paso de la operación es también una gambeta clásica: el acusado se ve perdido y decide colaborar con la justicia. Fults identificó a los otros 19 acusados entre quienes se encontraba Jarvos Earl Worelds de 34 años, un cocinero del Army que había sido enviado a Panamá en octubre con tropas de California. Pero Worelds ya había caído el 28 de febrero. Está detenido en California.
Para penetrar en la red y capturar a los narcotráficantes, la DEA le exigió al militar que arreglara otro negocio. Esta vez sus contactos en Panamá, colombianos casi todos, multiplicaron entusiasmados el envío y empacaron 400 libras de cocaína en pequeñas envolturas que a su vez pusieron en las tulas. El cargamento llegó a finales del mes pasado a través del correo militar y después fue transferido al correo ordinario para ser entregado y distribuido en la Florida. Pese a que se incrementó el volumen de la mercancía, los socios colombianos no aumentaron los honorarios de su mula militar.
Los colombianos Gabriel Alvaro Scaff Martínez, Juan David Ramirez y Gerardo Cerón Gómez fueron arrestados en Miami en poder de 430 mil dólares. Los gestores de la red en Panamá, también colombianos, fueron enviados a Estados Unidos por orden del nuevo gobierno de ese país. Emilia Borjas de Lozano, Germán Emilio Ortiz Reynel, Miguel Antonio Lozano Cerón y Luis Eduardo Salas Rovira, enfrentan cargos junto a sus correos de un mínimo de 10 años de prisión. De acuerdo con el fiscal de Miami, Dexter Lehtinen, ninguno de los acusados tiene vínculos con los carteles de la droga. En la operación se capturó un total de 400 libras de cocaína y 700 mil dólares y el fiscal advirtió que no existe una masiva participación de militares en el tráfico de drogas.
La captura del sargento y el cocinero es un nuevo caso para sumar a los expedientes de la creciente corrupción por drogas en todos los niveles de la autoridad en Estados Unidos, incluidos aquellos que habían permanecido relativamente limpios.
Recientemente altos funcionarios de la DEA manifestaron su preocupación por el aumento inusitado de casos de agentes de esta oficina que han utilizado su cargo para extorsionar narcotraficantes o colaborar con su negocio a cambio de jugosas ganancias. Siete veteranos de la agencia están involucrados en estos casos en Los Angeles, Miami y Washington. La situación ha provocado un desmoralizante ambiente en las filas de la agencia. "Salimos a la calle y estamos dispuestos a dar la vida por lo que nosotros creemos", dijo recientemente al diario The New York Times el agente John M. Zienter, encargado de la DEA en Los Angeles, "y cuando encontramos que uno de los nuestros está dispuesto a hacer lo contrario eso lo aniquila a usted, no sólo internamente sino en la medida en que se refleja en la gente que está dispuesta a dar la vida".
La DEA ha registrado un aumento de un 176 por ciento de casos de corrupción en los últimos años. Algunas de las irregularidades son consideradas menores pero tienen un efecto negativo para la agencia como la que involucró a un agente de Atlanta que fue pillado en Washington comprando dos paquetes de marihuana de un vendedor callejero. Pero un cuarenta por ciento de los casos incluyen asuntos de mayor cuantía como sobornos, fraudes, obstrucción de la justicia y venta de drogas. En la policía la corrupción llegó mucho antes que a la DEA. Sonados encausamientos por narcocorrupción de policías de Miami en 1981 y 1987 no sirvieron de escarmiento para algunos de sus colegas. A finales de enero de este año cuatro agentes de Dade fueron acusados de utilizar sus cargos para robar a narcotraficantes y vendedores de marihuana.
Pero no es sólo la corrupción del dinero del narcotráfico el origen de la desmoralización de los empleados que trabajan en las entidades involucradas en la lucha contra la droga. La evidencia de que el alcalde de la capital del país compraba y consumía droga es sin duda una prueba de que la sal se está corrompiendo. Y cuando la sal se corrompe...
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