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| 7/24/2010 12:00:00 AM

Los otros derrames

La catástrofe ecológica en el golfo de México palidece frente a los vertidos de crudo en diversos lugares del mundo. La conclusión es desoladora.

Las noticias sobre el inmenso derrame de petróleo en el golfo de México, después de que la plataforma Deepwater Horizon explotó y se hundió en abril, no dan tregua. Hace dos semanas, la British Petroleum (BP) instaló una campana que, de momento, mantiene el vertido bajo control, pero los encargados de la limpieza anunciaron que el sellado definitivo podría atrasarse dos semanas por el mal tiempo. Al cierre de esta edición docenas de barcos se preparaban para dejar la zona ante la probable llegada de una tormenta tropical.

Lo que pocos saben es que lo que ocurrió en el Caribe no es un caso aislado. Las emergencias con crudo suelen ocurrir en diversos lugares del mundo, como recordó la marea negra de esta semana en las costas chinas, cerca de la ciudad de Dalian, tras la explosión de dos tuberías. Según Greenpeace, la capa de crudo llega a tener un espesor de 20 centímetros, y los funcionarios chinos han dicho que ya cubre 430 kilómetros cuadrados de superficie en el mar Amarillo. Y aunque los grandes derrames concentran la atención, una gran parte de la contaminación se debe a pequeñas fugas. El peor ejemplo está en Nigeria. El del golfo de México es el mayor vertido en la historia de Estados Unidos, pero palidece frente a la catástrofe ecológica que ocurre desde hace décadas en el delta del Níger.

Nigeria, el país más poblado de África, es también uno de los mayores productores mundiales de crudo. Muchos han advertido sobre las precarias condiciones de seguridad con las que se extrae en la región pantanosa del delta, donde hay miles de fugas y derrames, a las que se suman accidentes como la explosión que en 2008 mató al menos a 100 personas en Lagos, la capital.

Los expertos calculan que unos 546 millones de galones se han derramado desde que comenzó la exploración en la zona, hace unos 50 años, el equivalente anual a un Exxon Valdez (el petrolero que en 1989 vertió casi 11 millones de galones en las aguas de Alaska). No es claro qué tanto corresponde a robos y sabotaje y qué tanto al deterioro de las tuberías, lo que es motivo de acalorados debates entre las comunidades, los ambientalistas y las petroleras. Pero lo peor es que se espera que el tema empeore a medida que la explotación avance a regiones más remotas.

Una situación similar, a menor escala, ocurre en el lago de Maracaibo, en Venezuela. Allí se detectó el mes pasado una mancha que disparó las alarmas. Fotografías publicadas por la prensa local dan cuenta de los derrames, y los pescadores amenazan con demandar a la petrolera venezolana Pdvsa. La oposición habla de un ecocidio, calcula que las manchas cubren el ocho por ciento de la superficie y alega que todo empeoró el año pasado cuando fueron expropiadas 76 firmas de servicios petroleros encargadas del mantenimiento. Algunos hablan de millones de barriles y aprovechan la oportunidad para echarle en cara al gobierno de Hugo Chávez, que envió personal y dinero para simular la llegada de la mancha de petróleo del golfo de México a las costas cubanas, pero no ha atendido la situación en el lago. Las autoridades, por su parte, han dado declaraciones contradictorias. Primero dijeron que era apenas un goteo de menos de ocho barriles diarios y lo atribuyeron a actos vandálicos. Pero después declararon que habían reparado más de un centenar de fugas.

"El lago de Maracaibo es como una sopa de fideos y se habla hasta de 40.000 kilómetros de tubería", dijo a SEMANA Eddie Ramírez, dirigente de Gente del Petróleo, una asociación que agrupa a empleados despedidos de Pdvsa en 2003. Según explica, las fugas no son nuevas, pero antes se revisaban periódicamente las tuberías. Esas actividades se fueron descuidando, las autoridades prohibieron los sobrevuelos y ahora no hay cómo cuantificar cuánto crudo se ha derramado.

Todo ello conforma un panorama que cuestiona la seguridad de la explotación petrolera en el mar. Porque los daños que suelen presentarse son irreversibles, y hoy nada garantiza que no se presenten en cualquier parte del mundo. Si le ocurrió a la poderosa BP en aguas de Estados Unidos, la mayor potencia mundial, nadie se puede considerar inmune.
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