09 noviembre 2012

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Los retos económicos de la nueva cúpula en China

BBC

MUNDOEn medio de la crisis global y un agotamiento del modelo de crecimiento basado en las exportaciones, la nueva dirigencia comunista busca un nuevo rumbo económico. ¿Cuáles son sus retos?

Los retos económicos de la nueva cúpula en China.

El nombramiento de una nueva cúpula dirigente en el marco del actual XVIII Congreso del Partido Comunista chino marca el fin de una década prodigiosa.

Desde la asunción del actual presidente Hu Jintao en 2002, China cuadruplicó su Producto Interno Bruto (PIB) y se convirtió en la segunda econ
omía planetaria, primer exportador e importador global, con la mayor cantidad de reservas monetarias del mundo.

El cambio de guardia ocurre en momentos en que la economía global atraviesa una profunda crisis estructural y la propia China ha agotado un modelo de crecimiento exportador que le sirvió para dar el gran salto en los últimos 30 años.

El mismo gobierno insiste en que China es un país en desarrollo y minimiza las predicciones de que en esta década, la próxima o la de 2030 superará a Estados Unidos como máxima potencia mundial.

Según Shujie Jiao, director de Estudios Contemporáneos Chinos de la Universidad de Nottingham en Reino Unido, China enfrenta los dilemas típicos de una economía en desarrollo.

"Si la primera fase de su despegue fue gracias a la exportación basada en una mano de obra barata. Ahora necesita dar un nuevo paso hacia una economía dominada por la innovación tecnológica. Esto, que fue posible para países asiáticos más pequeños como Japón o Corea del Sur, es un problema en China debido a su gigantesca población. Es un proceso que va a tomar décadas", le dijo a BBC Mundo.

La economía crecerá este año un 7,5%, muy por debajo del 10% de promedio de los últimos 30 años y menos del 8% que las mismas autoridades consideran clave para evitar conflictos sociales.

La reacción del gobierno ha sido típica: un nuevo plan de inversión estatal por un valor de US$158.000 millones.

Como respuesta de corto plazo, puede servir. En el largo plazo, refuerza algunos de los problemas del modelo chino.

Desequilibrios de un gigante

En 1999, las exportaciones de China constituían una tercera parte de las de Estados Unidos. Diez años más tarde, China se convertía en el primer exportador mundial.

Detrás de este indudable éxito hay un problema. Más del 44% de las exportaciones son de procesamiento de partes y ensamblaje, con poco valor agregado de un producto originario de otro país (Apple y Microsoft, entre otros).

El estallido financiero de 2008 profundizó otro desequilibrio. La inversión masiva estatal de unos US$586.000 millones fue crucial para la recuperación nacional (y mundial), pero generó una situación insostenible.

En 2011, la inversión constituyó un 48% del PIB chino: el consumo doméstico fue de apenas un 34%. No era una excepción. En los diez años precedentes, la participación del consumo interno en el crecimiento había registrado una continua caída y la desigualdad había aumentado tanto que se dejó de publicar el coeficiente Gini que mide el fenómeno.

Es la cruel paradoja del milagro chino. En términos del PIB, China es la segunda economía mundial.

Pero en el índice de Desarrollo Humano de la ONU se encuentra en el puesto 101, por debajo de la mayoría de los países latinoamericanos (solo supera a El Salvador, Paraguay, Bolivia, Honduras y Nicaragua). En comparación con Estados Unidos, tiene un ingreso per cápita seis veces menor.

A este fuerte desequilibrio social, se agrega que la inversión ha dejado un legado de deudas y dudosa infraestructura.

Espectaculares carreteras sin vehículos, ciudades fantasmas, un salto del crédito bancario hasta un 171% del PIB son señales de alarma que, para los pesimistas, apuntan a un aterrizaje forzoso de la economía similar al ocurrido en Occidente con la caída del Lehman Brothers.

Enderezando al gigante

El Partido Comunista es consciente de los problemas, pero es menos monolítico de lo que parece sobre la solución.

En el duedécimo plan quinquenal presentado en marzo de 2011 se planteó la transición de una economía basada en la exportación a otra en la que el consumo interno tuviera más peso. No hay desacuerdo en la consigna: el problema es cómo traducirla a la realidad.

La tasa de ahorro china es equivalente al 51% del PIB, más alta que la tasa de inversión. La población ahorra para tener un paraguas en caso de enfermedad y ante la deficiente cobertura jubilatoria para cualquier trabajador no estatal.

El gobierno ha lanzado sendos planes para una jubilación y cobertura médica universales que deberían estar en pleno funcionamiento entre 2015 y 2020.

Pero según Shujie Jiao, son insuficientes tanto a nivel social como económico.

"El costo médico ha crecido de tal manera que una cobertura parcial no es suficiente. Lo mismo pasa con la jubilación. Mientras no se le dé una solución a esto, la transición a una economía más basada en el consumo doméstico es una mera consigna. Esto a su vez complica el paso de economía en desarrollo a otra plenamente desarrollada", le dijo a BBC Mundo.

Modelos en pugna

En febrero, un documento de más de 400 páginas publicado por el Banco Mundial y por el influyente Development Research Centre, un centro de estudios chino que reporta directamente al Consejo del Estado, marcó la hoja de ruta del ala liberal del Partido Comunista.

El eje de la propuesta era que China tenía que completar su transformación en una "economía de mercado" por medio de una profunda reforma de las empresas del Estado que, según el documento, "abarcan el 50 por ciento de la economía".

La alternativa era el llamado modelo Chonqing, vinculado al ex secretario general del Partido Comunista de Chonqing, Bo Xilai, una suerte de capitalismo populista, con fuerte reinversión social de las ganancias obtenidas con el crecimiento.

La caída en desgracia de Bo Xilai en un escándalo de ribetes novelescos proyectó una pesada sombra política sobre el modelo.

Según Francois Godement, director del Centro Asia de París y autor del recientemente publicado "¿Quiveutla Chine? De Mao au capitalisme", el debate sigue abierto.

"Hay una fuerte polémica interna sobre los intereses creados en la economía, sobre el crecimiento, sobre donde debería estar China en 2030. La incógnita sólo se despejará entre este congreso y el de marzo, cuando asuman las nuevas autoridades", le comentó a BBC Mundo.

Desde los cambios traumáticos de la Revolución Cultural y la reforma procapitalista de Deng Xiao Ping -masacre de Tiananmen incluida-, el liderazgo chino busca el consenso en las decisiones.

El fantasma de los dirigentes de China es Japón. A fines de los aós 80, este último país era percibido como la principal amenaza a la hegemonía de Estados Unidos. Este "peligro" se diluyó con la explosión de la burbuja financiera y especulativa nipona y un estancamiento que dura hasta nuestros días.

Según Shaun Breslin, autor de "Chinaand theGlobalPolitical Economy", una cosa está clara: China seguirá siendo un actor de primer orden a nivel internacional.

"China no va a ser como Japón. Por mera gravitación poblacional, tendrá una influencia que irá más allá de los vaivenes económicos. Es algo que se ve en el impacto que tiene no solo en el mundo desarrollado sino en las economías de América Latina, África y Asia", le dijo a BBC Mundo.
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