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| 5/29/2012 12:00:00 AM

"Los revolucionarios egipcios están entre la espada y la pared"

Según los resultados oficiales de las presidenciales egipcias, publicados este martes, la segunda vuelta se disputará entre un islamista y un exprimer ministro de la dictadura. Semana.com habló con Eugene Rogan, experto de la Universidad de Oxford, sobre lo que significan estas elecciones.

Hace un año, el premio Nobel Mario Vargas Llosa se refirió a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales entre el izquierdista Ollanta Humala y Keiko Fujimori, la hija del expresidente preso Alberto Fujimori, como una alternativa entre "el cáncer y el sida".

Así se sienten muchos egipcios después de que este martes se conocieron oficialmente los resultados de las primeras elecciones presidenciales de la historia. Estos comicios son el desenlace de una larga transición, desde que los revolucionarios de la Plaza Tahrir tumbaron la dictadura de casi 30 años de Hosni Mubarak en febrero del 2011. Pero los resultados dejan mucho que desear.

Con una participación que solo alcanzó el 46 por ciento, 5,8 millones de egipcios votaron por el islamista Mohamed Morsi (24 por ciento de las voces) y 5,5 millones escogieron al exprimer ministro de Mubarak, Ahmed Shafiq (23 por ciento). En el tercer lugar quedó el candidato de izquierda Hamdeen Sabahi, que denunció un fraude masivo.

Morsi es el candidato del Partido de Libertad y Justicia, el brazo político de la poderosa Hermandad Musulmana. Islamista, prometió instaurar la Sharia (La ley inspirada en el Corán) si salía elegido. Shafiq es excomandante de la Fuerza Aérea, aliado de larga data de Mubarak y fue primer ministro en las últimas semanas de la dictadura. Muchos lo recuerdan todavía porque se burló de la revolución, prometiéndoles dulces si volvían a casa. Dijo que va a imponer la ley y el orden a como diera lugar.

Ahora el Egipto revolucionario, que inspiró la juventud indignada de España a Nueva York, se enfrenta a una segunda vuelta el 16 y 17 de junio. Pero para muchos, fracasó la Primavera Árabe, pues los valores de la revuelta no lograron imponerse. Ya se ven algunos brotes de violencia y hay preocupación porque un grupo de manifestantes saqueó ayer la sede de campaña de Shafiq.

Semana.com habló con Eugene Rogan, director del Middle East Center de la Universidad de Oxford, sobre los retos que enfrentan Egipto y la región en los próximos meses.

SEMANA.COM: ¿Cómo recibieron los resultados los egipcios?

Eugenen Rogan: Para los que esperaban voltear la página de la era Mubarak, ver a Shafik como candidato a la segunda vuelta es completamente inaceptable. Y tampoco es fácil para los que tienen dudas sobre el rol de la Hermandad Musulmana en la política. Muchos votantes egipcios y los revolucionarios están entre la espada y la pared. Para muchos este es el peor escenario. Creo que la Plaza Tahrir va a volver a ser el centro de la vida política.

SEMANA.COM: ¿Cuál es el impacto histórico de las elecciones egipcias? ¿Para el país y para el mundo?

E.R.:
Egipto acaba de organizar las primeras elecciones presidenciales abiertas de la historia árabe. Quienquiera que gane será por primera vez, el que escogió la gente. Esto tiene una consecuencias que van mucho más allá de las fronteras egipcias, y va a tener una influencia en todo el Mundo Árabe.

SEMANA.COM: ¿Cuál es el punto de organizar elecciones cuando ni siquiera hay una Constitución que define cuál va a ser su rol?

E.R.: Para los egipcios lo más importante es acabar el control formal de los militares sobre la vida política. La Junta Militar prometió que iba a entregar el poder a un gobierno civil el primero de julio, después de la posesión del nuevo presidente.

Los egipcios saben que el ejército va a seguir siendo el poder detrás de la política, pero creen que necesitan elegir presidente y parlamento para desafiar ese poder.

Esa es una preocupación más grande que el marco constitucional. Después de todo, llevan viviendo desde 1952 bajo un régimen militar, con presidentes que no se regían por Constitución alguna.

SEMANA.COM: ¿Cree que estas elecciones son el final de los 15 meses de proceso revolucionario? ¿Es un final feliz o una traición a la revolución?

E.R.: La revolución es aún una construcción en progreso. La elección parlamentaria fue un paso importante, la elección del presidente otro paso y la entrega del poder de militares a civiles va a completar ese proceso.

Sin embargo las transformaciones políticas van a continuar mientras se implementa una Constitución, que establecerá bajo qué reglas se va a guiar Egipto.

Podría decirse que solo con la promulgación de la nueva Constitución podremos decir si los valores de la revolución fueron respetados o traicionados.

SEMANA.COM: ¿Y usted cree que realmente los militares quieren entregar el poder? ¿Se puede confiar en ellos?

E.R.: Los militares son el mayor reto para los revolucionarios egipcios. Es un grupo profundamente arraigado, que demostraron que protegerían sus intereses como institución y los privilegios de la élite militar. En la superficie los militares van a respetar sus compromisos y entregarle el poder al nuevo presidente. Sin embargo, tras bambalinas, los militares van a querer seguir ejerciendo poder en áreas claves de la política. Lo que seguramente va a generar conflictos en el futuro. Si la revolución continúa después de que se promulgue una Constitución, me imagino que va a tomar la forma de una lucha entre un gobierno civil y los militares.

SEMANA.COM: ¿Qué tan violentos pueden ser estos enfrentamientos?

E.R.: Para muchos revolucionarios en el Egipto de hoy, los militares han abusado de su poder y tienen que ser apartados. Van a continuar protestando y pidiéndoles a los militares que vuelvan a sus barracas y que estos respondan a un gobierno civil electo.

Sin embargo el deterioro de la ley y el orden en Egipto desde que la revolución empezó hace que una gran mayoría de egipcios que no estuvieron involucrados en la revolución tengan simpatías por los militares y se volteen hacia las fuerzas de seguridad para reestablecer el orden en el país.

Parecería que la mayoría de egipcios están cansados de la agitación y el desorden revolucionarios y quieren volver a la vida normal. Los militares pueden jugar a apoyar los deseos legítimos de esta mayoría, para actuar contra las demandas legítimas de los revolucionarios. Eso puede provocar una división peligrosa.

SEMANA.COM: El Islam político ya controla el parlamento. ¿Con la victoria de la Hermandad Musulmana qué cree que pueda pasar? Hay algunas voces alarmistas que predicen una islamización de la sociedad.

E.R.: En Occidente estamos empezando a reconocer que los islamistas no son monolíticos. Hay una diversidad de corrientes. Entre la Hermandad Musulmana, los salafistas integristas u otros más moderados.

La pregunta no es sobre la elección de un islamista, sino sobre qué tan tolerante puede ser el individuo, sus posiciones sobre los derechos de las mujeres, de las minorías.

El verdadero reto va a ser la implementación de la Constitución y el respeto de los ciudadanos. Y aceptar que, a través de las urnas, pueda perder su poder. Un islamista no es más o menos cualificado que un político secular para llevar a cabo esta tarea.

SEMANA.COM: ¿Deberían Israel y Estados Unidos estar asustados del posible cambio del status quo?

E.R.: Creo que Israel y Estados Unidos están ambos muy nerviosos por los cambios en Egipto. Van a tener que reconsiderar sus políticas y sus relaciones con Egipto. Pero no está mal sacudir la complacencia de Estados Unidos e Israel hacia Egipto y la región. Eso no ha hecho avanzar la causa de la paz en el Medio Oriente.

SEMANA.COM: Egipto enfrenta una grave crisis económica, problemas de inseguridad. ¿Cree que los candidatos van a ser capaces de responder a estos problemas?

E.R.: Los problemas más grandes que enfrentan los egipcios hoy en día son económicos. Y si las elecciones logran traer un poco de estabilidad política, pueden contribuir a resolver la crisis. Los retos que enfrenta el nuevo presidente y sus colegas en el Parlamento van a ser la implementación de políticas de crecimiento y de creación de empleos. En ese sentido, los nuevos líderes de Egipto van a estar en una situación muy similar a los líderes de Europa.
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