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| 9/18/2005 12:00:00 AM

Los rezagados

Nueva Orleans recordó que entre los norteamericanos hay pobres como para poblar un país tercermundista.

Una de las víctimas del Katrina fue la imagen de Estados Unidos como una sociedad opulenta capaz de proyectar su influencia mundial sin adversarios a la vista. Las multitudes que se agolpaban para recibir un mendrugo de pan lanzado desde un helicóptero parecían más propias del Tercer Mundo que de la primera potencia mundial. De un momento a otro, Estados Unidos se convirtió en un país como los demás.

La imprevisióndel gobierno de George W. Bush, ampliamente reseñada por la prensa mundial, comenzó por presumir que cada norteamericano tenía un carro para empacar sus cosas y una tarjeta de crédito para pagar un hotel lejos del huracán. La idea no parecería descabellada en la nación mas rica del planeta, pero en Nueva Orleans demostró ser una trágica equivocación.

La razón es que en la 'tierra de las oportunidades', estas no son iguales para todos. Según las cifras oficiales, en Estados Unidos hay 37 millones de pobres, casi el mismo número de habitantes de un país como Argentina. Y la tasa de pobreza alcanza al 12,7 por ciento de la población, la más alta en el mundo desarrollado y el doble de la de muchos países industrializados.

Aunque las razones son complejas, gran parte del fenómeno se puede explicar por el darwinismo social, una doctrina del siglo XIX que vive en la política estadounidense. A grandes rasgos, argumenta que el gobierno no debe regular la vivienda, la salud pública y el empleo, pues hacerlo impide el desarrollo de la libre empresa y las leyes del mercado, que deben ser los únicos creadores de la riqueza. Según esa doctrina, el gobierno, reducido a su mínima expresión, debe limitarse a proveer las condiciones para que las leyes del mercado dirijan la economía con total libertad.

Bush y sus ultraconservadores llegaron a la Casa Blanca decididos a remover todo lo que perciben como obstáculos para el libre mercado. Recortaron los impuestos a los grandes contribuyentes, lo que afectó la disponibilidad de fondos de la seguridad social, y promovieron la privatización de las pensiones con efectos muy controvertidos. Y es innegable que la situación ha empeorado desde que está en el cargo. A pesar del crecimiento económico, los índices de pobreza han aumentado por cuatro años consecutivos. Entre 2003 y 2004, la sociedad creó más de un millón de pobres. "El último experto notable en pobreza que trabajó en la Casa Blanca, John Dilulio, salió en 2001 después de explicar que la administración no tenía interés en un verdadero análisis de las políticas públicas", aseguraba Newsweek en su más reciente edición.

En esas condiciones, el nivel de bienestar de los más pobres depende en gran medida del mercado de trabajo. Con unos sindicatos debilitados, los sueldos no se han mantenido al nivel del costo de vida. El salario mínimo (5,15 dólares la hora) no ha aumentado desde 1997 y, en términos reales, ha perdido valor. "La erosión del salario mínimo ha ocurrido por décadas; en 1968 equivalía a 9,14 dólares de 2005", explicó a SEMANA Doug Henwood, autor del libro Después de la Nueva Economía. "La gente de Nueva Orleans no estuvo abandonada sólo durante el tiempo del huracán, ellos estuvieron abandonados desde hace bastante: al asesinato y caos en las calles, a escuelas por debajo del nivel normal, a viviendas deterioradas, a inadecuados servicios de salud, a un penetrante sentido de la desesperanza", recordó a Newsweek Barack Obama, el único afroamericano en el Senado de Estados Unidos.

Y los números demuestran que entre los afroamericanos y los latinos la pobreza es mayor. El 8 por ciento de los blancos anglosajones vive en la pobreza, mientras ese porcentaje se dispara al 22 por ciento de los hispanos y a casi uno de cada cuatro afroamericanos. "Casi todas las ciudades están segregadas por raza, y las minorías asisten a peores escuelas. Los afroamericanos y los latinos no tienen las mismas oportunidades de empleo o educación.", dijo a SEMANA Mark Weisbrot, codirector del Centro para la Investigación Económica y Política en Washington. "Hay una creencia profundamente arraigada de que esta es la tierra de las oportunidades y si no te va bien, es tu culpa", afirma Henwood.

Esa situación es más aguda en el sur, la región más pobre del país por cuenta del legado histórico de la esclavitud."En muchos sentidos, el sur es como nuestro propio trozo de tercer mundo, asegura Henwood. La estructura social es casi feudal".

"El huracán tendrá un impacto tan traumático sobre Estados Unidos, como la depresión de los años 30. Dicha catástrofe resultó en dos décadas de gobiernos del partido Demócrata y aun más: revirtió el darwinismo social del libre mercado aplicado por ambos partidos en los 150 años anteriores ", escribió Harold Evans, analista de la BBC. La mayor lección debería ser una mejora en las condiciones de los menos favorecidos, pues en un país con los recursos de Estados Unidos, la resurrección de Nueva Orleans no debería ser la reconstrucción de la pobreza.
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