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| 5/25/2011 9:00:00 AM

Los vínculos de la Libia de Gadafi con las guerrillas de América Latina

El apoyo de Muamar Gadafi a movimientos guerrilleros en el continente es clave para entender las relaciones entre Libia y América Latina.

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BBC
Inspiración política, armas o entrenamiento para guerrilleros en pleno desierto; los lazos que unen a la Libia de Gadafi con buena parte de la izquierda latinoamericana son muchos, muy estrechos y empezaron a tejerse hace casi cuatro décadas.
 
"Fue a mediados de los 80 que se inició una relación muy fuerte entre las guerrillas colombianas con el gobierno libio", le dijo a BBC Mundo León Valencia, director de la Corporación Nuevo Arco Iris y antiguo miembro del Ejército de Liberación Nacional, ELN.
 
"Pero antes de eso ya había una fuerte coincidencia ideológica", reconoció Valencia, quien se reintegró a la vida civil en 1994.
 
Según Valencia, en los años 70 muchos movimientos guerrilleros colombianos encontraron inspiración en las ideas del manifiesto político de Gadafi, el famoso "Libro Verde".
 
"Ahí Gadafi combinaba el marxismo con otros elementos con que los latinoamericanos podían identificarse, como el nacionalismo, el anticolonialismo y una dimensión religiosa que encontró eco en el contexto de la Teología de la Liberación", explicó Valencia.
 
"Era una alternativa interesante al proyecto soviético", le dijo a BBC Mundo.
 
Algo parecido ocurrió -o ya había ocurrido- con otros movimientos guerrilleros en toda latinoamérica. Y la simpatía era mutua y rápidamente se tradujo en apoyo directo.
 
"Libia le ha proporcionado armas, entrenamiento y financiamiento a movimientos revolucionarios en Colombia, Chile, Ecuador y posiblemente Perú", afirmaba, por ejemplo, un informe desclasificado de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, CIA, elaborado en 1986 y actualmente disponible en su sitio web.
 
Y, para entonces, Libia ya mantenía estrechas relaciones con los gobiernos revolucionarios de Cuba y Nicaragua.
 
Armas y dinero
 
BBC Mundo intentó en reiteradas ocasiones obtener un comentario de la embajada de Libia en Caracas sobre sus relaciones con los movimientos guerrilleros en América Latina, pero desde la representación diplomática se aseguró que no iban a realizar ninguna declaración al respecto.
 
Pero ya en 1982 la CIA se decía preocupada por "las nuevas tácticas de Moscú para apoyar a los movimientos latinoamericanos" que, según ellos, incluían el uso de "terceras partes" entre las que se destacaba el gobierno de Gadafi.
 
"Los soviéticos parecen estar alentando a Libia y la Organización para la Liberación de Palestina para que le den asistencia y entrenamiento militar a los nicaragüenses", se lee en el documento "Políticas y actividades soviéticas en América Latina y el Caribe", también disponible en el sitio web de la agencia de inteligencia.
 
Aunque según el nicaragüense Erik Flakoll Alegría, Gadafi ya era un aliado del Frente Sandinista incluso antes de triunfo de la revolución nicaragüense, que se produjo en julio de 1979.
 
"La prueba es que Tomás Borge fue a Libia casi inmediatamente después del triunfo. Y luego hizo muchos otros viajes, en algunos de los cuales yo lo acompañé", recordó Flakoll, quien se desempeñaba como intérprete y encargado de seguridad del comandante sandinista que fue miembro de la junta de gobierno y luego ministro del Interior.
 
"La ayuda libia era bastante cuantiosa. Estoy hablando de centenares de millones de dólares", le aseguró a BBC Mundo.
 
El apoyo "oficial" del gobierno libio a su similar de Nicaragua terminaría dejando una deuda de US$313.6 millones, condonada parcialmente en febrero de este año.
 
"Pero además había un envío muy importante de armas, que no eran sólo para Nicaragua, sino también para El Salvador", afirmó Flakoll.
 
El enemigo común
 
Según el exguerrillero sandinista, Libia empleaba a Nicaragua como "base de irrigación" hacia otros movimientos latinoamericanos, además del salvadoreño Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional.
 
"Que yo recuerde, había gente del MAPU de Chile, gente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, también de Chile, y del Partido Comunista Hondureño", le dijo por su parte a BBC Mundo Ignacio Holguín, un exguerrillero del ELN que viajó a Trípoli en 1987.
 
Valencia, por su parte, afirma que el apoyo de Libia a las guerrillas colombianas incluyó -además del ELN-, a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC; al Movimiento M-19, al Ejército Popular de Liberación, EPL, y "otros grupos pequeños", organizados en la Coordinadora Nacional Guerrillera colombiana.
 
Y también hay reportes -de la CIA, o publicados en sitios especializados como globalsecurity.org- que vinculan a Libia con los ecuatorianos de ¡Alfaro Vive, Carajo!, con el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru, de Perú, y hasta con el Frente de Liberación de Haití, entre otros.
 
"Gadafi no pedía mucho. Lo que aspiraba era que estas organizaciones golpearan intereses norteamericanos, lo que pedía era que atacaran embajadas y objetivos de los EE.UU.", dijo Valencia.
 
El exguerrillero, sin embargo, afirma que esa nunca llegó a convertirse en una prioridad para los grupos insurgentes latinoamericanos.
 
Y, según Valencia, el apoyo libio a las guerrillas colombianas tampoco llegó nunca a alcanzar los niveles que ellos esperaban.
 
"Gadafi hablaba mucho sobre ayuda económica, armas, y al final eso nunca aparecía", le dijo a BBC Mundo.
 
"Los comandantes regresaban ilusionados y después, nada. Los barcos con armas nunca llegaron. La sensación iba quedando que todo era una broma de Gadafi", dijo.
 
Había, claro está, expresiones de apoyo más concretas, como los campamientos de entrenamiento para guerrilleros instalados por Gadafi en el desierto.
 
Pero, según Valencia, los guerrilleros colombianos por lo general regresaban desilusionados, pues no sentían que ahí aprendían cosas útiles o nuevas.
 
"Esos entrenamientos no incluían nada significativo en lo que se consideraba que la lucha armada en América Latina requería", coincide Ignacio Holguín.
 
Moussa Koussa
 
Según Holguín, la comunicación entre libios y guerrilleros latinoamericanos tampoco era muy fluida.
 
"Por un lado, pues naturalmente estaba el idioma. Pero había también mucho intermediario, había una jerarquía de intermediarios a través de la que se desarrollaba el proceso. Y todo era a iniciativa de ellos", le dijo a BBC Mundo.
 
Su impresión es que la mayoría de los viajes organizados por los libios "era como una labor de propaganda sobre el Libro Verde".
 
La experiencia de Erik Flakoll Alegría, tal vez por acompañar a uno de los líderes de una revolución triunfante, fue sin embargo bastante diferente.
 
Al lado de Tomás Borge, Flakoll no sólo conoció personalmente al coronel Gadafi, sino también al encargado de la política exterior libia, Moussa Koussa, quien renunció a su puesto a finales de marzo de este año.
 
"Él era el encargado de manejar la relación con los diferentes movimientos latinoamericanos, era el encargado de manejar la plata", le dijo Flakoll a BBC Mundo.
 
"Tomás (Borge) le llamaba bromeando "mucha cosa", porque era mucho lo que manejaba", recordó.
 
Flakoll también destacó la relación de amistad entre el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, y Gadafi.
 
"Daniel también fue varias veces (a Libia), incluso después de la derrota electoral (de 1990). Hay una relación afectiva muy grande entre Gadafi y Daniel", afirmó.
 
Conexión emocional
 
Esta relación explicaría el apoyo del actual gobierno de Nicaragua a Gadafi en medio del conflicto que actualmente lo opone a parte de la población libia y de la comunidad internacional.
 
Un apoyo también brindado por los gobiernos de Cuba, Bolivia y Venezuela, así como por amplios sectores de la izquierda latinoamericana que en algún momento encontraron en Libia apoyo o inspiración.
 
La conexión emocional entre Libia y América Latina, sin embargo, parece ser mucho más fuerte que la material desde hace ya algún tiempo.
 
La Libia de Gadafi empezó a distanciarse de la región durante la década de 1990, para concentrarse en intentar aumentar su influencia en el continente africano.
 
Durante esa década también desparecieron muchos de los movimientos guerrilleros que justificaban la relación con América Latina.
 
Y los esfuerzos de Libia por normalizar sus relaciones con el resto de la comunidad internacional también la llevaron en 2003 a renunciar públicamente a darle apoyo a los que Washington considera "grupos terroristas", incluyendo movimientos guerrilleros como las FARC.
 
Ciertamente, la relación cobró nuevas fuerzas con la llegada al poder de varios gobiernos de izquierda en la región.
 
Pero según un cable diplomático estadounidense filtrado por WikiLeaks, cuando el presidente nicaragüense Daniel Ortega visitó Libia en diciembre de 2008, dos años después de haber regresado al poder, se encontró con que Gadafi ya no estaba tan dispuesto a colaborar.
 
"Como le ocurrió antes al presidente boliviano Evo Morales, Ortega dejó Libia con las manos vacías", afirma el documento enviado por la embajada de EE.UU. en Trípoli, que supuestamente recoge confidencias de altos funcionarios del ministerio de Relaciones Exteriores libio.
 
"Parece que (Libia) no tiene ni el interés ni la capacidad para mantener una interacción más sustantiva con los gobiernos latinoamericanos", se lee en el cable, reproducido por el diario costarricense La Nación y el semanario nicaragüense Confidencial.
 
En febrero de este año, sin embargo, días antes de que estallara el actual conflicto en Libia, el Banco Central de Nicaragua anunció la firma de un acuerdo para condonar US$195.8 millones de una deuda de US$313.6 millones contraída en los años 80.
 
Un buen recordatorio de lo duradera de esa relación y de la disposición de las dos partes a darse una mano en tiempos de necesidad.
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