Jueves, 23 de octubre de 2014

| 1995/01/16 00:00

LUCES EN LA CUMBRE

Cuando casi nadie lo esperaba, la Cumbre de Miami sentó las bases para el libre comercio continental.

LUCES EN LA CUMBRE

UN ALTO FUNCIONARIO COlombiano que estuvo en la plenaria de los presidentes de la Cumbre de Miami, decía que nunca antes un primer mandatario de Estados Unidos había tenido que escuchar tantas quejas juntas de sus vecinos. En la sesión hubo de todo: el cascarrabias presidente peruano, Alberto Fujimori, que siempre aprovecha estos eventos para atacar a Estados Unidos, le dijo a Bill Clinton que si quería meter presos a los 200.000 campesinos que siembran coca en su país, él tenía sus nombres y direcciones.
El presidente colombiano, Ernesto Samper, leyó una lista de los productos nacionales que tienen problemas para entrar a Estados Unidos debido a las barreras para arancelarias. Samper dijo que la política de Estados Unidos en narcotráfico había llegado a niveles 'esquizofrénicos' y citó el caso de los campesinos del Cauca que han sido invitados por su gobierno a sembrar flores en lugar de amapola. "¿Qué les digo ahora a los campesinos"?, diría Samper, luego, en una entrevista con el Herald de Miami. "¿Que se lleven las flores para la casa, que eran de adorno"?
Por su parte el presidente argentino, Carlos Menem, que habló más de Cuba que de su país durante los tres días de cumbre, se lamentaba de que el tema de la isla no hubiera sido considerado. Violeta Chamorro reclamaba por lo mismo y México recordaba enérgicamente el principio de la no intervención.
A pesar de todo, las quejas sirvieron como preámbulo a un acuerdo que cambió el panorama de escepticismo que rodeó a la cumbre y cerró, como dijo el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA) César Gaviria, un capítulo de la historia de la región caracterizado por la desconfianza "Ustedes han terminado de tumbar el muro que dividía el norte y el sur", le dijo Gaviria a los mandatarios en una ceremonia donde se comprometió a asumir las múltiples cargas de la cumbre.
Colombia logró que su iniciativa de convertir el lavado de dinero en un delito quedara como la primera acción en la lucha contra el narcotráfico. Argentina incluyó el curioso plan de los cascos blancos -una especie de legión internacional de acción inmediata para combatir las hambrunas y la pobreza absoluta en el hemisferio- que no le gustaba a Colombia porque dejaba un resquicio para la intervención extranjera. Venezuela y Ecuador aportaron su proyecto de lucha internacional contra la corrupción y Brasil puso un grano de protección a los derechos humanos.


EL BABEL TARIFARIO
De todos los capítulos del plan de acción tal vez el más preciso es el de la integración comercial, y ahí podría estar la clave del éxito de la cumbre, pues a diferencia de otras reuniones multinacionales esta es la primera que se compromete con un calendario a corto plazo y una fecha límite de negociaciones para el año 2005.
Los 34 países acordaron reuniones de sus ministros en enero y julio de 1995 con el objeto de evaluar los acuerdos que ya existen y lograr una de las metas más difíciles del proceso: desentrañar la torre de babel de los idiomas tarifarios de la región y definir si el fortalecimiento de las alianzas regionales existentes puede convertirse en una desventaja para cumplir el plan de una zona de libre comercio continental.
A corto plazo, los países latinoamericanos lograron aprobar un compromiso de evitar la imposición de 'barreras disfrazadas' al comercio. Lo que esto significa es que de ahora en adelante será más incómodo para Estados Unidos imponer restricciones comerciales a los países por no cumplir con normas ambientales, por violar derechos humanos o desconocer principios laborales. La virtual eliminación de estas barreras es un éxito para la agenda colombiana, que insistió en que la cumbre debía servir para 'limpiar la mesa', como dicen los jugadores de cartas.
Los ambientalistas y activistas de derechos humanos no estaban muy contentos, pues los castigos comerciales son los únicos recursos que parecen funcionar en Latinoamérica cuando los comunicados, las protestas y los informes de estas organizaciones no inmutan a los gobiernos.
Más que un aporte novedoso, la propuesta de Colombia de penalizar el lavado de dinero es un recordatorio de la Convención de Viena para los países que no la han aprobado. Para empezar, hay que aclarar que el plan de acción aprobó perseguir el lavado de dinero no sólo del narcotráfico sino de cualquier delito o actividad ilegal. Independientemente de que se trate de una propuesta colombiana, muy aplaudida por el Departamento de Estado, la aprobación de la legislación no garantiza un mayor avance en la guerra contra el narcotráfico, pues el delito del lavado es tal vez una de las conductas más difíciles de probar en el mundo financiero.
Sin embargo, los expertos que siguieron paso a paso este capítulo del plan de acción sostienen que la propuesta de Colombia fue una doble victoria, pues además de quedar consignada en el documento, derrotó a otra del Departamento de Estado, mucho más combativa a nivel de interdicción.
"Lo importante es que porprimera vez se llega a un acuerdo en consenso y no impuesto por Estados Unidos", dijo Eduardo Gamarra, profesor de la Universidad de Miami, experto en narcotráfico en Latinoamérica.

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