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| 12/21/2003 12:00:00 AM

Lula, un líder mundial en cierne

El presidente de Brasil quiere armar un bloque de países de desarrollo medio que le haga contrapeso a Estados Unidos y a la Unión Europea.

Despues de Fidel Castro, que lleva decadas aislado del continente y de todo el mundo, y de Hugo Chávez, que dividió políticamente a Venezuela en dos, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, constituye la gran apuesta en materia de liderazgo de la izquierda en Suramérica. Es un liderazgo en observación; pero que ya da muestras claras de que -contrariamente a Fidel Castro y a Hugo Chávez- no desea entrar en confrontaciones ni internas ni externas.

A diferencia de Fidel y de Chávez, Lula ajusta su discurso y su accionar, haciéndole un guiño al centro en materia de política económica y de tratamiento a los militares, por ejemplo. Al contrario de los otros dos líderes de izquierda, Lula viene intentando ser, en la presidencia, aquel "Luliña de paz y amor" que anunciara en la campaña electoral.

El rasgo más visiblemente de izquierda de su gobierno es justamente la política exterior. Tanto él como el canciller Celso Amorim y el asesor internacional de la presidencia, Marco Aurelio García, clasifican la acción en el área internacional como "independiente", "altiva" y "proactiva". Ello significa mantener autonomía en relación con Estados Unidos y una influencia cada vez mayor, no solamente en América del Sur sino en Africa y los países árabes.

Evidentemente, se trata de una tentativa de movilizar a los países de crecimiento medio y ascendiente, como es el caso del propio Brasil, con el fin de enfrentar la hegemonía y las idiosincrasias de los países ricos (léase de Estados Unidos, en primer lugar; pero también de la Unión Europea).

Fue así como Brasil se alió con Africa del Sur y con India en el G-3 (Grupo de los 3), el cual se contrapone al G-8 de los ricos y tiende a ampliarse con el nombre de G-5 para incluir a China y a Rusia. Esa adhesión viene siendo gestionada principalmente por el canciller Amorim.

Fue también así como Brasil lideró el G-20 (que pasó a ser el G-X), un grupo creado informalmente, y de prisa, para combatir los subsidios agrícolas de Estados Unidos y de la Unión Europea en la Organización Mundial del Comercio. La primera victoria fue que el grupo reunió socios de las Américas, de Asia y Africa y consiguió pegarles un susto a los países ricos en la reunión de Cancún, en México. Por lo menos logró mostrar que existe reacción en contra de un mundo unipolar y que ningún país está dispuesto a quedarse quieto y a decirles "amén" a los países ricos, limitándose a acatar las "órdenes de arriba".

En el escenario de Suramérica, Brasil se ha aproximado como nunca a Argentina, enfatiza su lealtad al Mercosur (Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay) y ha desarrollado relaciones cada vez más cercanas con casi todos sus vecinos. Cada vez que puede visita Buenos Aires, Caracas, Asunción. Y esas visitas han sido correspondidas.

Reciprocidad

Con ocasión de su posesión, Lula recibió la visita de los presidentes de todos los países de América del Sur. En algunos casos recibió la visita de dos presidentes: el que ocupaba el cargo y aquél que había de sustituirlo. Ejemplos: Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, de Argentina, y Gonzalo Sánchez de Losada y Carlos Mesa, su sucesor, de Bolivia. Además, Lula también recibió ya varias veces al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, y en dos ocasiones al nuevo presidente de Paraguay, Nicanor Duarte Frutos.

Estas aproximaciones no empezaron desde cero. Por el contrario, ya venían siendo buscadas por el gobernante anterior, Fernando Henrique Cardoso (Psdb). Un caso típico de esa línea diplomática es Venezuela. Con Chávez defiende una política 'bolivariana' de refuerzo de los lazos latinoamericanos, enfatizando la importancia de Brasil en el continente. Brasil y Venezuela, hoy en día, no cuentan solamente con buenas relaciones diplomáticas, sino también con promisorios contratos comerciales. Basta con desembarcar en el aeropuerto de Caracas para ver las pancartas con los nombres de ejecutivos de empresas brasileñas.

No fue una simple pirueta ornamental el hecho de que Brasil hubiera liderado la creación del 'Grupo de Amigos de Venezuela', el cual reunió inclusive a Estados Unidos y a dos países de Europa Occidental (Portugal y España). La iniciativa, para intentar una salida pacífica a la grave crisis política del país, fue una muestra de la política brasileña 'proactiva'. Es la intención de actuar, incluso aunque haya dudas acerca de la flexibilidad política de Chávez.

Falta de recursos

Una crítica que se le hace a toda esa estrategia 'altiva' y 'proactiva' es que no puede constituirse en un liderazgo real si no va acompañada de ayuda económica y/o financiera. En el discurso brasileño, inclusive en las visitas a presidentes y a primeros ministros, Lula habla de "diálogo y cooperación". Los países más pobres que Brasil probablemente preferirían traducir eso a dólares.

El poder de voto de Brasil está en riesgo, sin embargo, por sus deudas con los organismos internacionales, incluso con las Naciones Unidas. Hay más: en diciembre, mientras Lula viajaba por los países árabes, cortaron la luz en el palacio de Itamaraty (sede de la cancillería) por falta de pago. El hermoso palacio de concreto y vidrio, obra del arquitecto Oscar Niemeyer, pasó más de una hora a oscuras.

Faltan recursos; pero a pesar de ello, en un año, Lula ya ha viajado más que su antecesor Cardoso. La cancillería justifica los viajes tras argumentar que la diplomacia presidencial tiene un aspecto simbólico importante: "Poner la cara", recaudar simpatías, y que Lula es el presidente perfecto para esa tarea. Es el migrante del noreste, el mecánico tornero, el líder sindical que sobrepasó las barreras y llevó a la izquierda al poder en uno de los países emergentes más importantes del mundo actual.

Cuando hablan de "recaudar simpatías", también pueden referirse a cosas concretas. En el caso de los países árabes, por ejemplo, podría obtenerse un rendimiento considerable y rápido. El mundo árabe importa bienes por cerca de 150.000 millones de dólares al año y está en proceso de cambio de socios prioritarios, debido a la tensión en sus relaciones con Estados Unidos. Al viajar personalmente a Siria, Líbano, Egipto, Emiratos Arabes y Libia, Lula trató de dejar muy claro algo que puede traducirse así: "Estamos a sus órdenes. Entramos en este vacío".

Los viajes

El itinerario de viajes del presidente Lula, diseñado antes de su posesión en enero, sigue al pie de la letra sus prioridades en política exterior. Tanto Africa, donde Lula visitó cinco países en noviembre, como los países árabes, donde él estuvo entre los días 2 y 10 de diciembre, son considerados "mundos por explorar". Ello significa invertir en la aproximación política para cosechar frutos económicos, especialmente porque -en ambos casos- petróleo es lo que no falta. Existe, en cambio, carencia de infraestructura, algo que es de gran interés para las empresas brasileñas.

A pesar de los vaivenes que acontecen con Estados Unidos y de que Lula condena siempre con vigor la invasión de Irak, por ejemplo, su política exterior no desprecia aquello que no puede ser despreciado: los socios acaudalados tradicionales. Es por eso que, aunque se dedicó a viajar por el Tercer Mundo, también estuvo en Estados Unidos tres veces desde su elección en 2002, así como en cinco países de Europa: Alemania, Francia, Portugal, España y Suiza (fue a la reunión del Foro Económico Mundial).

Al frente del itinerario, diseñado con una visión del mundo propia de Lula y de su partido, el Partido de los Trabajadores, se encuentra el profesor Marco Aurelio García, quien fue asesor internacional del PT durante 10 años (hasta 2000) y actualmente ocupa la misma función en la presidencia de la República. El fue uno de los factores decisivos de la elección del embajador Amorim para el cargo de canciller y los dos participan estrechamente en las decisiones de política exterior, inclusive en la selección de los destinos de viaje.

En 2004 Lula ya tiene varios viajes planeados. Primero irá a India, luego a China, a Rusia y regresará a Africa del Sur. En su regreso al continente africano es posible que se detenga en Nigeria, país rico en petróleo y muy ligado a Estados Unidos.
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