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| 6/23/2012 12:00:00 AM

Mademoiselle Le Pen

El extremista Frente Nacional entra al Parlamento en cabeza de Marion Maréchal-Le Pen, la nieta de 22 años del radical Jean-Marie Le Pen. Su victoria representa la llegada de la nueva generación de la ultraderecha francesa.

Acomienzos de mayo de 1990, 34 sepulturas fueron encontradas destrozadas en el cementerio judío de Carpentras, una remota comuna del sur de Francia. Entre ellas, el cadáver de un judío enterrado dos semanas antes fue hallado exhumado, desnudo y tirado boca abajo. El hecho conmocionó a los franceses. El expresidente François Mitterrand participó en una manifestación contra el acto antisemita y exigió la identificación de los responsables. Todas las miradas se dirigieron hacia Jean-Marie Le Pen, que llevaba varios años destilando un discurso racista en los medios y tribunas como presidente del extremista Frente Nacional (FN). Seis años después, cinco neonazis sin vínculos con el partido de ultraderecha fueron identificados como los autores de la profanación. Le Pen había visto durante el affaire un ultraje a su buen nombre. Por eso, esta semana, dos décadas después de los hechos, vio lavada la supuesta afrenta: Marion, su dulce nieta de 22 años, fue elegida diputada de la Asamblea Nacional por la circunscripción de Carpentras.

Se creía que el FN no podía contar con un rostro más amable que el de Marine Le Pen, presidenta del Partido. La excandidata al Elíseo, en efecto, es capaz de decir con una sonrisa que es necesario restablecer la pena de muerte en Francia o reducir en un 90 por ciento la inmigración. Pero Marion Maréchal-Le Pen, fiel copia de su tía, rubia y de sonrisa permanente, tiene la ventaja de poder llevar el discurso de su partido sin una sola arruga y con una agradable voz de veinteañera. Esto significa un gran cambio de imagen para quienes crecieron con el agrio ronquido y amargas bromas racistas de Jean-Marie Le Pen, excombatiente en Argelia y cabeza del Partido durante cuatro décadas. Sin duda, su aparición en la escena electoral como candidata a las legislativas que terminaron el 17 de junio completa la estrategia del Partido para quitarse el estigma de movimiento político marginal.

Hija de Samuel Maréchal, exmilitante del FN, y de Yann Le Pen, segunda hija de Jean-Marie, Marion estaba destinada a prolongar la ideología familiar. Estudiante de Derecho en la universidad parisina Panthéon-Assas, la joven ya se había presentado sin éxito a las elecciones regionales de 2010. Su inexperiencia política salió a relucir en medio de esa campaña, cuando casi estalló en lágrimas frente a una periodista que le hizo una simple pregunta sobre su programa.

En las legislativas de este año se mostró mucho más avezada frente a las cámaras y recitó de memoria el libreto frontista: repitió una y otra vez que Francia no puede asimilar hordas de inmigrantes con costumbres distintas a las francesas y con reivindicaciones identitarias, y acusó a la clase política tradicional de la crisis económica. Finalmente fue elegida diputada por la tercera circunscripción del departamento de Vaucluse (que incluye Carpentras), una región con una alta inmigración magrebí.

Su copartidario Gilbert Collard también logró obtener un escaño en la Asamblea. Pero el triunfo del FN no fue completo. Marine Le Pen se presentó en una circunscripción del departamento norteño Pas-de-Calais y fue vencida en segunda vuelta. Además, el Partido Socialista, radicalmente opuesto al FN, logró una aplastante victoria al obtener 291 de 577 escaños.

Sin embargo, lograr dos sillas en la Asamblea es un histórico avance para el partido radical. Los expertos explican que la crisis económica ha puesto en jaque la credibilidad de los partidos tradicionales europeos y le ha dado lugar a los 'antisistema'. Pero en Francia, parte de la responsabilidad recae sobre el gobierno de Nicolas Sarkozy, que defendió tesis similares a las del FN y, por lo tanto, permitió durante cinco años que en la agenda mediática se hablara de defender la identidad francesa a todo lugar.

La dinastía Le Pen ha mostrado que va a estar incrustada en la vida política gala durante décadas. La joven Maréchal-Le Pen es muchas veces menospreciada por sus detractores y tratada de "Marion-eta" de su clan político. Pero, para otros, no hay que subestimarla pues, como lo cree el exprimer ministro Jean-Pierre Raffarin, "es peligroso que un rostro inocente represente ideas que no lo son".
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