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| 11/16/2013 3:00:00 AM

La guerra económica de Maduro

Al encarcelar comerciantes y estimular saqueos, el presidente busca ganar las elecciones del 8 de diciembre; un grave riesgo a mediano plazo.

A juzgar por su cara de cansancio, la ministra de Defensa de Venezuela, la almirante Carmen Teresa Meléndez, ha dormido poco esta semana. Y en vez de lucir su impecable uniforme blanco de la Armada, se le ha visto con el verde de combate que utilizan los soldados de la Guardia Nacional Bolivariana, desplegados por todo el país para operativos especiales de la ‘guerra económica’ que empezó en Venezuela el pasado viernes 9 de noviembre.
 
Esa noche, en televisión nacional, el presidente Nicolás Maduro dio la orden de invadir la primera cadena de electrodomésticos del país, Daka, y obligarla a vender su mercancía más barata. “He ordenado inmediatamente la ocupación de esa red y sacar los productos, todos. Que no quede nada en los anaqueles”, exclamó. 

Daka fue la primera, pero a medida que fue avanzando la semana, el gobierno intervino otros almacenes de electrodomésticos, celulares y computadores, ferreterías, concesionarios de autos y almacenes de repuestos, llantas y baterías, almacenes de ropa y calzado, y hasta jugueterías.
 
La ofensiva contra los empresarios y comerciantes que estaban vendiendo, según el gobierno, mercancía con sobreprecios de más del 1.000 por ciento. Esos ‘parásitos’, como los ha llamado el gobierno, habrían importado productos a través de la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi) que las otorga a una tasa de 6,3 bolívares por dólar, pero estaban vendiéndolos como si hubieran sido comprados a la tasa del mercado negro, que esta semana, a causa de la ‘guerra’, alcanzó un récord de 58 bolívares por dólar.

La falta de acceso a divisas a través de Cadivi, y de otros instrumentos que el gobierno ha buscado aplicar, sin éxito, han disparado este año el dólar paralelo, moneda en la que realmente se están transando gran parte de las operaciones económicas en Venezuela, ante la pérdida del valor del bolívar, en medio de una inflación que podría llegar al 50 por ciento anualizada y una escasez que no baja del 20 por ciento, aunque en algunos alimentos como la leche supera el 80 por ciento, según cifras del propio Banco Central de Venezuela (BCV).

Según el gobierno, los culpables de la plaga que se está devorando los ahorros de los venezolanos, especialmente de los más pobres, no son los ministros de Planificación, Economía y Finanzas, ni el BCV, ni el presidente Maduro que ordenó la última devaluación del bolívar, y mucho menos el fallecido presidente Hugo Chávez, que implementó el control de cambio desde hace años, y quien decidió aumentar el gasto social el año pasado para ganar las elecciones, dejando como consecuencia un déficit fiscal del 15 por ciento. 

No, el gobierno ha montado una muy sofisticada operación mediática para imponer su propia versión. Para el oficialismo venezolano, el verdadero culpable de la crisis económica que atenaza al país es la ‘burguesía parasitaria’, que acapara las importaciones, especula y fija el precio del dólar paralelo según su capricho, y está negándole el derecho al pueblo a ser feliz, porque le está robando la posibilidad de tener, no lo que necesita, sino lo que sueña. 

Así lo dijo el mayor general Herbert García Plaza, quien preside el Órgano Superior para la Economía, en vivo y en directo, desde una de las tiendas intervenidas: “Tenemos que garantizar que todo el pueblo venezolano tenga un televisor plasma, que tenga una nevera de última generación”.

Es imposible que el gobierno venezolano pueda garantizar una patria de plasmas y nevecones, así lo haya querido hacer desde 2010, a través del programa Misión Mi Casa Bien Equipada, surtida con productos ‘línea blanca’ de China. 

Como no tiene los recursos suficientes para hacerlo y menos con las marcas reconocidas, que son con las que sueña la gente, optó esta vez por adelantar los aguinaldos y montar una feria de rebajas a la brava. Fue una expropiación regulatoria, no le echó mano a los activos, pero sí a las ganancias de los empresarios, que si bien pueden haber violado la ley y abusado del consumidor, aún no han sido juzgados.

De hecho, entre las 49 personas que estaban siendo procesadas por la Fiscalía, hasta el día miércoles, solo 22 eran empresarios y solo uno de ellos era el dueño de su negocio: Xinning Wu, un chino al que le encontraron diez bultos de café y 12 toneladas de harina procesada escondidas en su negocio en la ciudad de Puerto Ordaz, estado Bolívar. Los demás procesados, pero no privados de libertad, eran los gerentes de los almacenes, según reveló el diario de economía y negocios El Mundo. 

Justamente fue en el estado Bolívar, luego de que empezaron a registrar los efectos colaterales de las palabras del presidente, donde  se presentaron más robos e intentos de ‘saqueo’, palabra prácticamente prohibida por la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (Conatel), que exhortó a los medios de comunicación a seleccionar con cuidado sus expresiones.  

El primer saqueo se presentó el sábado a primera hora en la ciudad de Valencia. A lo largo de la semana, se presentaron nueve, más 30 intentos, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social. 

Un empleado de seguridad del almacén Daka de Bellomonte en Caracas le dijo a SEMANA que, a pesar de la presencia armada de la Guardia Nacional afuera del almacén, se habían presentado robos. Ese local atendió en promedio unas 1.000 personas por día. 

Las filas eran de más de tres cuadras y aunque el martes ya no quedaban televisores, lavadoras ni aires acondicionados, Yeferson Guevara, un cajero de banco que gana 3.800 bolívares mensuales y que apoya las medidas del gobierno, esperaba el turno 479 para entrar a la tienda a comprar un televisor, un microondas y un Play Station, los regalos de Navidad para su familia.
 
A pocos pasos, Carmen, una maestra pensionada, se quejaba no solo porque había más de 500 personas adelante de ella, sino porque no había ido al baño desde las 6 de la mañana, cuando llegó a coger turno. Dijo que su vida se había vuelto una eterna espera para comprar todo lo que necesita, especialmente, comida en los mercados. “Vamos hacia el comunismo”, dijo entre preocupada y enfadada con el gobierno, a quien no considera entregarle el voto, a pesar de ordenar las rebajas, el próximo 8 de diciembre.

¿Estrategia exitosa?
Pero no todos los venezolanos piensan como Carmen. Según las primeras mediciones de encuestas, que aún no son públicas, la estrategia le puede funcionar al gobierno para ganar las próximas elecciones de alcaldes y concejales en tres semanas. Si bien estas elecciones no despiertan el mismo entusiasmo que las presidenciales, la propia oposición ha planteado que estos comicios sean una especie de plebiscito sobre Nicolás Maduro y un ensayo para medir fuerzas nuevamente ante el chavismo. 

Si saca mayoría, la oposición podría buscar convocar a una constituyente, porque para revocarle el mandato a Maduro debe esperar a que se cumpla la mitad del periodo presidencial. “Esto no puede esperar tres años porque Maduro está destruyendo el país”, dijo el líder de la oposición, Henrique Capriles Radonski. 

Si la oposición pierde, no solo sería la tercera derrota consecutiva en dos años bajo el liderazgo de Capriles, sino que le daría al gobierno la legitimidad que necesita, tanto entre sus propias bases, como ante el resto del país, la misma que volvió a ser cuestionada esta semana con la aprobación a las malas de la Ley Habilitante, que le otorga superpoderes adicionales a Maduro (ver recuadro).

Esta semana se conoció que Pdvsa emitiría 4.500 millones de dólares de bonos, que serán adquiridos por el propio BCV para pagar los alimentos que el gobierno quiere comprarle a Colombia por 600 millones de dólares y para alimentar precisamente el sistema de subasta de divisas conocido como el Sicad, que no ha logrado satisfacer la demanda interna. 

Miembros de la oposición cuestionaron que el Banco no tendría suficientes reservas para adquirir esos bonos. Capriles denunció que el BCV estaba empeñando el oro a través de un contrato swap con Goldman Sachs y haciendo un convenio con el Bank of America para que este le cancele la deuda a algunos exportadores internacionales, a cambio de una comisión. El diputado Leomagno Flores dijo incluso que el gobierno podría estar negociando un préstamo con el Fondo Monetario Internacional. 

Con el anuncio de que a través de la nueva Ley Habilitante se fijarán topes máximos de ganancia para los productos, algunos comerciantes dicen que cerrarán sus negocios, con la correspondiente pérdida de trabajos en un país en el que el sector comercial y de servicios emplea al 75 por ciento de la población, y no hay cupo para nadie más en la abultada nómina estatal, que estará congelada el año entrante. 

Tampoco están llegando muchos extranjeros a invertir. “Me da mucha vergüenza. Siento que somos el hazmerreír del mundo”, señaló el presidente de Fedecámaras Jorge Roig, resaltando que Venezuela está en el puesto 181 entre 189 países en donde es más difícil hacer negocios, según un reciente estudio del Banco Mundial. 

Con este panorama, la firma Econométrica ha proyectado una inflación que puede llegar hasta el 80 por ciento en 2014 y un retroceso en el consumo de 2,5 por ciento. Para evitarlo, el gobierno tendría que crear un paquete de ajustes que le puede salir muy caro, que podría contemplar desde una nueva devaluación, el aumento de impuestos, de tasas de interés, de precios de servicios públicos, y hasta de la gasolina. 

¿Cómo hacerlo sin que desemboque en un descontento social mayor del que ya existe? Los saqueos, que se vienen presentando desde octubre, según el Observatorio Venezolano de Seguridad Ciudadana, podrían multiplicarse y las mismas bases que han salido en busca de su felicidad podrían estallar de ira, como lo hicieron en 1989 con el Caracazo. 

“Si el pueblo sale a saquear no lo vamos a dejar solo”, dijo esta semana el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, amenazando a la ‘burguesía parasitaria’, a quien según él atacarían “las masas descontroladas” para vengarse por tanto tiempo de “saquear al pueblo”.

Con esa retórica, el gobierno quedó prácticamente obligado a mantener su discurso de guerra, intimidación y miedo a la disidencia, mientras avanza en un proceso de radicalización económica y termina de imponer un modelo socialista en el que siga floreciendo la corrupción, no de los empresarios privados que financian a la oposición, contra quienes ya empezó a actuar, sino de los aliados del gobierno. 

Por estos días, se habla que el país puede convertirse en ‘Zimbazuela’, haciendo el paralelo con la Zimbabwe cleptocrática del dictador Robert Mugabe, quien con resultados catastróficos destruyó el aparato productivo, ordenó un bajón de precios similar y declaró ilegal la inflación. Un empresario opositor que leyó con espanto un artículo sobre lo que sucedió en el país africano le dijo a SEMANA con temor: “Este puede que no sea el principio del fin, como creíamos, sino el principio del principio”. 

PRESIDENTE SIN LÍMITES

Todo indica que Maduro gobernará por decreto a partir del martes, cuando se apruebe la Ley Habilitante. La oposición teme que se convierta en dictador.

Para lograr la mayoría parlamentaria, el chavismo tuvo que desempolvar un viejo caso de supuesta corrupción contra una de sus propias exmilitantes, la diputada María Mercedes Aranguren, quien se había pasado a la oposición. 

“Disimulen por favor, no sean tan evidentes. ¿Una sala plena del Tribunal Supremo de Justicia se reúne extraordinariamente para un caso que lleva cinco años?”, dijo Aranguren antes de que sus excompañeros votaran para quitarle la inmunidad parlamentaria, y así podar contar con el voto de su suplente, Carlos Flores, quien pasará a la historia como ‘el diputado 99’, en alusión al número de votos que necesitaban para aprobar la ley.

¿Para qué va a utilizar Maduro sus superpoderes? La guerra económica que ha montado quizá le resulte a corto plazo, pero en el mediano y largo plazo, cuando pase la ilusión de las fiestas de año, Maduro enfrentará una situación económica aún más difícil. Si el gobierno no logra reformar el sistema de acceso a divisas, será difícil abastecer en los próximos meses lo que ha desaparecido de los anaqueles en estos días.
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