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| 12/31/1990 12:00:00 AM

¿MAJOR-DOMO?

Es elegido primer ministro de Gran Bretaña John Major, en quien muchos ven la sombra de la señora Thatcher.

¿MAJOR-DOMO? ¿MAJOR-DOMO?
Hace tres años escasos, John Major era un ilustre desconocido para los británicos. Pero la semana pasada, ese hombre de cabello grises y gruesas gafas se convirtió en el primer ministro mas joven del siglo. Un gobernante conservador que nunca asistió a la universidad, y que en sus años mozos fue obrero de construcción.
Major llegó a esa investidura luego de que la bancada conservadora de la Camara de los Comunes lo escogiera entre tres candidatos. Se trataba de la segunda votación, ya que en la primera ni el retador Michael Heseltine ni la primera ministra Margaret Thatcher habían obtenido la votación suficiente para alcanzar el liderazgo del partido. La señora Thatcher abandonó la contienda de inrnediato, y surgieron entonces como candidatos dos antiguos colaboradores suyos, el ministro de Relaciones Exteriores Douglas Hurd, y el canciller del Tesoro, el propio Major.
La votación resulto contundente. Por Major votaron 185 de los 372 miembros, o sea que le faltaron solamente dos para completar la cantidad necesaria para ganar sin necesidad de vueltas adicionales. Michael Heseltine, su mas cercano rival, obtuvo 131 votos, y los 56 restantes correspondieron a sir Douglas Hurd. No pasaron sino dos cuantos minutos antes de que los perdedores renunciaran, mientras felicitaban a Major por su victoria y pedían a sus partidarios votar por él en la tercera ronda. Pero está fue rápidamente descartada por innecesaria. Gran Bretaña tenía, sin más ni más, un nuevo primer ministro.
Sin embargo, la mayoría de los observadores coincidió en que la Thatcher podía haber muerto políticamente, pero el thatcherismo seguía vivito y coleando. Al final, la señora Thatcher no logró su propósito de "continuar y continuar" al frente de los destinos de la Gran Bretaña, como dijo en 1987. Pero con todo y su decepción, logró lo que quería. La señora había dicho a su gabinete que se retiraba de la contienda para permitir que otros le cerraran el paso a Heseltine. Y ese objetivo estaba conseguido.
Es claro que Major tiene entre sus convicciones mas profundas, las ideas que movieron en lo fundamental, la política de la Dama de Hierro en sus 11 años de gobierno: orden monetario, disciplina presupuestaria para combatir la inflación y una defensa a ultranza de la soberanía británica frente a la Comunidad Económica Europea.
Pero el nuevo primer ministro tiene entre sus novedosas características la de pertenecer a una generación que no tiene recuerdos de la Segunda Guerra Mundial. Por ello, carece de la rigidez ideológica de su mentora y del profundo escepticismo de la Thatcher frente a las propuestas paneuropeístas.
Muchos en Gran Bretaña consideran que Major es tan gris como los vestidos que suele usar (se dice que tiene seis corbatas grises identicas) y que la verdadera conductora del país seguira siendo la señora Thatcher, pero desde ahora en el asiento de los pasajeros. El nuevo primer ministro ha dejado en claro que su criterio es semejante al de su predecesora en relación con la idea de una sola moneda y un banco central para la Europa Comunitaria de los años 90.
Eso puede ser cierto. Pero también lo es que detrás de la cautelosa acogida que tuvo la elección de Major en los 12 gobiernos de la Comuunidad, se esconde una secreta esperanza. La de que con Major sea más fácil debatir los puntos vitales de la unión monetaria, con vistas a la crucial reunión de Roma, que se celebrará el mes entrante.
Lo cierto es que la señora Thatcher descalificaba cualquier propuesta que fuera más alla de la eliminación de las barreras aduaneras internas. Eso, al fin y al cabo, era la expansión de los mercados y un desarrollo lógico de los principios de libre empresa tan queridos para ella. En particular, la posibilidad de mayor integración en materia política y monetaria era siempre recibida con una estridente oposición de la primera ministra.
Pero esa beligerancia no solamente resultaba contraproducente en la medida en que la Thatcher dejó de ser tenida en cuenta a la hora de las decisiones. También resultaba negativa en cuanto al examen serio de la contrapropuesta britanica a la unión monetaria. Esa propuesta, diseñada por el propio Major en su calidad de canciller del Tesoro, se basa en la creación de una moneda numero 13, cuyo valor se cifraría en una "canasta" de las 12 divisas nacionales.
En cualquier caso, es demasiado pronto para determinar el grado de independencia ideológica de Major. El panorama político británico no acabara de dilucidarse antes las próximas elecciones generales, que se celebraran en cualquier momento de aquí al verano de 1992. Porque los laboristas de Neil Kinnock estan listos a demostrar que ellos son de nuevo elegibles.

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