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| 9/17/2011 12:00:00 AM

Malas compañías

Un nauseabundo sistema por el cual tiranos africanos financiaban a políticos franceses tiene conmocionada la carrera a las presidenciales de 2012.  

Era todo un ritual la entrega de maletines con millones de dólares enviados por dictadores africanos a Jacques Chirac a mediados de los noventa. El alcalde de París recibía de noche en su oficina a Robert Bourgi, intermediario con los países del continente negro, lo hacía sentar en uno de  sus finos sillones azules y le ofrecía una cerveza. Abría la maleta que el emisario le llevaba y empezaba a organizar los fajos de billetes, varias veces con su amigo Dominique de Villepin.   

Tal es el relato que hizo Bourgi al denunciar el caso en el Journal du Dimanche. Hace poco relevado de su cargo como consejero para asuntos africanos del presidente Nicolas Sarkozy, este abogado de 66 años de edad asegura que participó en la entrega de millones de dólares enviados por los gobiernos de Senegal, Gabón, Costa de Marfil, Burkina Faso y Congo a Jacques Chirac, presidente de 1995 a 2007; a Dominique de Villepin, primer ministro en sus dos últimos años de gobierno, y al político de extrema derecha Jean Marie Le Pen. El escándalo estalló en medio de la campaña para las elecciones de abril de 2012 y pone en evidencia la corrupción de la Françafrique, término que evoca las relaciones entre el país galo y sus excolonias.

Cuando Chirac llegó al Elíseo seguía recibiendo, a través de Villepin, entonces secretario general, dineros africanos que le habrían permitido financiar la campaña de 2002 en las que fue reelegido. Bourgi afirma que camuflaba los fajos de billetes en maletines con código de seguridad, en maletas deportivas e incluso en instrumentos africanos, y se los daba a Villepin en su oficina, quien lo esperaba "como si fuera Papá Noel". En total, Bourgi habría entregado 20 millones de dólares, además de regalos, entre ellos, un reloj Piaget con diamantes incrustados y bellas máscaras africanas.

Por supuesto, el primer afectado es Villepin, contendor de Sarkozy por los votos de la centroderecha en las elecciones del próximo año. Esto y el hecho de que Bourgi sea amigo de Sarkozy hacen pensar que se trata de un artificio del gobierno para apartar a Villepin de la carrera. El periódico contestatario Marianne se pregunta si el abogado no es más que un "misil teledirigido" del presidente.

Las acusaciones también ponen sobre el tapete la histórica podredumbre de las relaciones entre África y Francia. Después de la independencia de las colonias, a mediados del siglo XX, el país continuó los vínculos con ellas El término Françafrique se utiliza hoy para definir las conexiones entre las dos partes. De hecho, la expresión ha servido como juego de palabras: France a fric (Francia tiene plata). Por medio de este sistema, París apoyó a dictadores, el más sonado de ellos Omar Bongo, quien gobernó Gabón de 1967 hasta su muerte, en 2009, y desarrolló una política imperialista para beneficiarse de los recursos naturales de los países de su círculo francófono.

Es claro que esos millones, aveces fruto del saqueo de dineros públicos de pueblos atenazados por la miseria, convencieron a los presidentes franceses de cerrar los ojos sobre los abusos de sus aliados africanos. Omar Bongo asesinó a decenas de líderes opositores y tenía 33 apartamentos en París y millonarias cuentas en bancos suizos. Y Laurent Gbagbo, expresidente de Costa de Marfil y mencionado también por Bourgui, es investigado por la Corte Penal Internacional.

Por eso no sorprende que Bourgi, heredero del consejero político para asuntos africanos Jacques Foccart, haya dicho que esas prácticas non sanctas del Elíseo vienen de tiempo de los presidentes Georges Pompidou, Valéry Giscard d'Estaing y François Mitterrand.

Las autoridades judiciales francesas ya abrieron una investigación preliminar para escuchar a Bourgi, pero es poco probable que avancen, pues el mismo abogado ha admitido que no puede probar sus acusaciones. Puede que estas denuncias solo hagan parte del sucio juego político de cualquier campaña electoral. Pero para otros, como el diario Le Monde, Bourgui reveló algo mucho más oscuro, un sistema mafioso que no aleja mucho a Francia de una república bananera.

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