La plaza Tahrir vuelve a ser escenario de protestas y revueltas contra el gobierno de Egipto. El pueblo egipcio no está dispuesto a perder las libertades ganadas a sudor y sangre tras derrocar a Hosni Mubarak. Aunque los reproches comenzaron por un decreto propuesto por el presidente Mohamed Morsi q
ue le otorgaba poder casi absoluto, hay un trasfondo religioso que marca la diferencia entre esta revolución y la de hace dos años. Morsi es el principal líder de los Hermanos Musulmanes y los cambios que quiere hacer a la Constitución buscan establecer la ley islámica como única fuente de derecho. Pero la Asamblea Constituyente ya frenó sus planes de convertir a Egipto en un Estado cien por ciento islamista: decretó que la sharia será la principal fuente de legislación, pero no la única. La nueva Constitución será aprobada en diciembre y se perfila como una lucha entre los islamistas radicales y los laicos y liberales. Morsi logró firmar la paz entre Israel y Palestina pero el malestar de sus propios ciudadanos está cerca de salírsele de las manos. ?