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| 11/15/1982 12:00:00 AM

MALESTAR ENTRE LOS OFICIALES

las disensiones internas han comenzado a afectar la unidad del ejército.

Las masacres de Beirut establecieron una rivalidad sin precedentes entre varios antiguos oficiales del ejercito israelí y el ministro de Defensa, Ariel Sharon. Pocos días después de las matanzas, un comandante de la brigada aérea de Beirut se enfrentó a Sharon y declaró: "Yo soy únicamente un coronel, pero yo le digo en nombre de 3.00 paracaidistas que nosotros no tenemos confianza en usted".
En un turbulento encuentro de tres horas, de más de cien altos comandantes, convocados por el teniente general Rafael Eitaan, jefe del Estado mayor israelí, algunos oficiales predijeron que en las venideras investigaciones respecto de la masacre, Sharon trataría de implicar a sus propios generales en lugar de aceptar su propia culpa. "Sharon voló a Beirut dos veces al día, y supo en detalle qué ocurría allí de una hora a la siguiente", denunció un general. "¿Cómo puede decir que él no sabía durante todo el viernes lo que estaba pasando en los campos?", dijo otro. "Sharon ha introducido nuevos niveles de decepción dentro del ejercito israelí", añadió.
La semana pasada Sharon citó al mismo grupo de generales a un encuentro en Tel Aviv armado con una transcripción de la reunión de ellos con Eitan, Sharon los desafió uno a uno a repetir sus quejas. Después de escuchar las acusaciones la mayoría de las cuales fueron expresadas en términos más cordiales que los empleados en la reunión con Eitan, Sharon pronunció un sermón sobre la disciplina militar en la democracia. "Si ustedes quieren pelear conmigo", dijo Sharon a los generales, "tienen que hacer lo que yo hice hace 10 años: quitarse los uniformes y meterse en política". Sharon aparentemente castigó a algunos de los oficiales, pero muchos de los antiguos generales aún sienten una gran rabia hacia el ministro de Defensa. "Si esto fuera Sur América, y no Israel, yo estaría temeroso de que hubiera un golpe", dijo alguien que asistió a la confrontación. Los generales israelíes no eran los únicos que estaban haciendo campaña contra Sharon. Desde el último verano, millares de jóvenes reservistas quienes servían en el frente, hicieron peticiones exigiendo la renuncia de Sharon. Algunos de los mejores oficiales israelíes están ahora entre los más duros críticos de la guerra.
El coronel Eli Geva, un comandante de brigada de tanques, de 32 años de edad, pidió ser relevado de su comando durante el sitio de Beirut. Geva, quien fue condecorado por su valor en la guerra de Yom Kipur de 1973, dijo que él no quería ser responsable por muertes de civiles, si a él y a sus hombres les ordenaban atacar Beirut occidental. Su acto de conciencia lo conduj o a su retiro del ejército. Abraham Burg, de 27 años, hijo del ministro del interior, Joseff Burg, es otro prominente disidente. Teniente de la reserva, quien voluntariamente acudió por deber, a pesar de las muchas heridas sufridas en su entrenamiento de paracaidismo, Burg prontamente se desilusionó de la guerra. "Nosotros sabemos que nuestro ejército es tan fuerte que por eso precisamente sólo debemos usarlo cuando la existencia de Israel está en peligro. Pero ahora estamos asesinando y siendo asesinados sin que exista una amenaza".
Otros veteranos anti-guerra dejaron de ver a sus enemigos palestinos en el Líbano, como meros "terroristas". Yehoshua Yashuv, de 27 años, era un sargento en reserva de una unidad aérea que combatió durante tres días a un grupo de palestinos que defendían fortines en un campo de refugiados cerca de Sidón. "Cuando finalmente los vencimos y vimos cuán pocos eran, nos dimos cuenta que la gente que pelea tan arduamente por su causa no puede ser vencida militarmente", recalca él ahora, argumentando que Israel debería hablar con los palestinos y llegara un compromiso con ellos.
De otro lado, los palestinos no están conformes con la imagen que muchos israelíes han formado de ellos. "Nosotros vimos los libros en sus cuartos", dice Yashuv, "No eran sólamente de Marx; era de poesía, de clásicos griegos, de buena literatura. Ellos no eran simplemente una manada de salvajes como nosotros estábamos diciendo".
Algunos soldados israelíes, por su parte, mostraron un chocante lapso de disciplina en Beirut occidental, saqueando televisores, estéreos y otros "recuerdos de guerra". En un obseno gesto de desprecio, algunos defecaron en los tapetes y en los muebles antes de dejar la ciudad. "Incluso los sirios nunca hicieron eso", se quejó un padre de familia de Beirut .
El ejército israelí sigue siendo ampliamente la fuerza más poderosa del Medio Oriente. Sin embargo, últimamente se ha ido rasgando por la disensión interna, y ha ido perdiendo parte de su mística especial de ser una sagrada fuerza moral para todos los israelíes, una herida más de la guerra por la que se desboca Israel.
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