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| 9/18/1995 12:00:00 AM

MANOS MANCHADAS

A pesar de la deserción de sus yernos, y del sobredimensionado escándalo internacional, no hay mucho optimismo sobre la caída de Saddam.

LA CARAVANA DE AUTOmóviles Mercedes-Benz atravesó los 800 kilómetros que separan a Bagdad, capital de Irak, de la frontera con Jordania, y se internó en el vecino país. Cuando llegó a Amman, los rumores ya se habían instalado en la capital jordana, y todo era cierto: los fugitivos eran nada menos que dos yernos del presidente Saddam Hussein, el teniente general Hussein Kamel y su hermano, el coronel Saddam Kamel, junto con sus esposas, Raghad y Rana, ambas hijas del dictador iraquí, y un séquito digno de las familias reales.
El asilo de un grupo tan cercano a Saddam Hussein, y sobre todo, la presencia allí del general Hussein Kamel, inició de inmediato una oleada de especulaciones sobre la posibilidad de que el régimen de Bagdad estuviera a punto de caer. Al fin y al cabo, el general Kamel había sido considerado el segundo hombre en el régimen, había sido ministro de Defensa, a cargo de todo el andamiaje armamentista, y por lo tanto poseedor de los secretos estratégicos más sensibles para Bagdad.
La situación planteada para el rey Hussein de Jordania no era fácil, porque el monarca hashemita se alineó con Saddam en la guerra del Golfo, presionado por su propio Parlamento y por los estrechos vínculos de su país con Irak. Sin embargo, aparentemente no dudó en dar el sí cuando la comitiva le pidió asilo.
Esa situación, de por sí compleja, se complicó aún mas cuando el general Kamel utilizó el palacio real de Amman para una rueda de prensa en la que prometió derrocar a quien además de ser su suegro, era su primo lejano y su mentor en las cercanías del poder.
Hussein siempre ha mantenido una actitud de cautela hacia Irak, pero esta vez pareció cambiar ligeramente, al exhortar a los iraquíes a prepararse para cambiar. Pero su cancillería no tardó en aclarar que el suelo jordano no sería usado como base para ninguna operación destinada a intervenir en el país vecino.
Lo cierto es que la ocasión fue aprovechada por el gobierno de Estados Unidos para tratar de cortar esos incómodos vínculos entre su mejor aliado en la región, el rey de Jordania, y su peor enemigo, su homónimo iraquí. Al efecto, el secretario de Defensa, William Perry, anunció el adelanto de unas maniobras militares conjuntas con Jordania, destinadas supuestamente a precaver cualquier reacción adversa de parte del dirigente de Bagdad.
Sin embargo, pocos creen que realmente la deserción del general Kamel pueda representar un peligro para Saddam Hussein. La razón es que si Kamel tuvo poder en Irak, no fue por su ascendiente popular, sino por su cercanía al propio Hussein. Por otra parte, la huida de su grupo no se debió a un auténtico deseo de librar a su pueblo de la dictadura, sino de escapar de la presión ejercida por los hijos del presidente, Uday y Quosay, quienes llevaban las de ganar en una sangrienta disputa palaciega, y habían arrebatado el poder a sus cuñados. Todos ellos formaron parte del círculo íntimo de su dictador, y todos tienen las manos manchadas de sangre. -
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