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| 9/11/1995 12:00:00 AM

MAR DE PROTESTAS

El subcontinente latinoamericano es atravesado por las protestas contra el modelo neoliberal.

DESDE HACE UNAS TRES semanas el continente americano viene siendo escenario de protestas sociales que abarcan prácticamente toda su geografía. Países tan disímiles como Argentina, Venezuela, Costa Rica, Nicaragua, México, El Salvador y Panamá han estado en las primeras planas por una impresionante cadena de paros, marchas e incluso motines desencadenados por trabajadores descontentos.
Esa ola de tensiones sociales se debe, en primer lugar, a los ajustes estructurales hechos por todos esos países para acomodar a sus economías al esquema neoliberal de mayor actividad privada, menor presencia del Estado y apertura de fronteras comerciales. Y en segundo lugar, al efecto tequila, diseminado en algunos países de la región por la dramática devaluación del peso mexicano. En cualquier caso, según la Organización Mundial del Trabajo, el número de desempleados en Latinoamérica ya sobrepasa los 12 millones, o sea uno de cada 12 habitantes.
Los casos son patéticos. En Argentina, el presidente Carlos Saúl Menem no alcanzó a celebrar debidamente su segunda posesión, porque el desempleo masivo desencadenó disturbios en el interior del país. En Costa Rica, los maestros iniciaron una huelga indefinida por la modificación del sistema de pensiones, diseñado para enfrentar la crisis de la seguridad social y hacer al país más atractivo para los inversionistas extranjeros. En Nicaragua, unos 200 campesinos tienen en jaque a Managua con una protesta de más de 60 días sin que sus reclamos por alivio de su cartera y créditos nuevos hayan sido oídos.
Entre tanto, las protestas en Caracas se convirtieron en un evento cotidiano. En las condiciones por las que atraviesa Venezuela, la protesta es el único vehículo que le queda a amplios sectores de la población, como los jubilados o los trabajadores oficiales. La situación es tan delicada que ni siquiera por las vacaciones escolares han disminuido las manifestaciones, como era tradicional en el mes de agosto.
En México se ha destapado un nuevo foco de inconformidad en el estado de Guerrero, donde hay muchas similitudes con lo ocurrido en Chiapas. En Ciudad de México, mientras tanto, las marchas tienen como fin protestar contra la crisis económica o para expresar el descontento por el estancamiento de las conversaciones con los guerrilleros del Frente Zapatista en Chiapas.
Los defensores del esquema neoliberal sostienen que los ajustes son dolorosos, pero que a largo plazo la economía quedará saneada para que trabajen en ella las fuerzas del mercado. Pero para los miles de afectados, el problema es su subsistencia diaria. Lo malo es que el modelo no tiene marcha atrás, y ningún gobierno parece demasiado interesado en ponerle la cara humana al proceso.
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