Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/03/31 00:00

Mar de leva

La captura por Irán de 15 marinos británicos en el Golfo Pérsico aumenta peligrosamente el tono de la confrontación entre ese país y Occidente.

La televisión iraní divulgó imágenes de la operación en que efectivos iraníes capturaron a los 15 marinos británicos. La entrevista con Faye Turnery, la única mujer del grupo, y su ‘confesión’ despertaron indignación en el Reino Unido

Las aguas del estrecho de Chatt al Arab suelen ser patrulladas por estadounidenses y británicos. Esos dos países tienen un mandato de Naciones Unidas en esa zona que ha sido disputada entre Irán e Irak desde hace décadas. (Ver recuadro). Y es que el 80 por ciento del presupuesto del frágil gobierno de Bagdad depende de dos vulnerables instalaciones petroleras en las aguas del Golfo Pérsico, frente a la pequeña costa iraquí, de apenas 50 kilómetros. En esas labores de patrullaje estaban 15 militares británicos cuando fueron capturados por efectivos iraníes hace ya más de una semana. Según Teherán, habrían violado las aguas territoriales iraníes. Para Londres, se trató de una "emboscada".

Al cierre de esta edición, ninguno de ellos había sido liberado y la crisis desa-tada, de consecuencias imprevisibles en momentos de creciente tensión por cuenta del programa nuclear iraní, había producido no sólo una batalla diplomática, sino una guerra de propaganda de agresividad creciente.

El tono moderado de los primeros días dio paso a un enfrentamiento frontal. Londres hizo públicas fotografías de satélite y las coordenadas de la operación para probar que sus hombres nunca salieron de los límites establecidos y que la captura habría sido hasta tres kilómetros dentro de aguas iraquíes. Como respuesta, la televisión iraní mostró varios videos de los militares bajo custodia, y en especial de la única mujer del grupo, Faye Turnery. En las imágenes, la joven madre de 26 años salía con una pañoleta a manera de velo islámico, se disculpaba por haber cruzado la frontera y aseguraba que "los iraníes son amables, considerados, cariñosos, compasivos y muy hospitalarios". La escena de la dudosa 'confesión' bastó para despertar indignación en el Reino Unido y la imagen de Turnery apareció en la primera página de toda la prensa británica. Una segunda 'confesión' de otro de los prisioneros, quien daba excusas al "pueblo iraní", fue divulgada al final de la semana. El viernes también se conoció una tercera carta de Turnery, divulgada por la embajada iraní en Londres, en la cual, con errores gramaticales, denuncia "las políticas intervencionistas de los gobiernos de Estados Unidos y el Reino Unido".

El primer ministro, Tony Blair, pidió a la comunidad internacional incrementar la presión y hacerle sentir a Teherán un "aislamiento total". La ONU expresó su "profunda preocupación", pero se negó a condenar la detención y suavizó el borrador presentado por Londres. Teherán, por su parte, asegura que si el gobierno británico admite el error, la crisis se resolverá, algo que no parece posible a estas alturas.

El antecedente más cercano se remonta a junio de 2004, cuando ocho militares británicos fueron capturados en circunstancias similares y liberados después de tres días. Pero a medida que pasa el tiempo, el paralelo comienza a trasladarse a la toma de la embajada norteamericana en 1979 que humilló al entonces presidente norteamericano, Jimmy Carter, durante 444 días. La prensa británica ya ha comenzado a usar la palabra "rehenes" para referirse a sus hombres.

Viejos enemigos

Irán no sólo tiene al 'Gran Satán' en Estados Unidos, sino que muchos se refieren como "el pequeño Satán" a Gran Bretaña. "Desde el siglo XIX y durante la mayoría del XX, Irán ha visto a Gran Bretaña, que llegó a controlar la producción petrolera por medio de la compañía angloiraní, como un villano todavía peor que Estados Unidos", explicó a SEMANA John Robertson, profesor de historia y culturas de Oriente Medio de la Universidad Central de Michigan.

Y es que Londres financió y ayudó a orquestar con la CIA el golpe de Estado de 1953 que derrocó a Mohamed Mossadeq, el popular primer ministro iraní que había nacionalizado la industria petrolera, para darle un poder omnímodo al sha Mohamed Reza Pahlevi. La brutalidad represiva del sha, apoyada por Occidente, condujo a la larga a la revolución de los ayatolas en 1979. "Con esa historia, más el apoyo de Blair a Bush en la invasión y la ocupación de Irak, el liderazgo iraní puede sentir que los británicos son un objetivo legítimo", agrega Robertson.

Una región volátil

El incidente llegó en un momento al que muchos le atribuyen tintes prebélicos. El programa nuclear iraní, que según Estados Unidos busca armas atómicas, ha producido un segundo paquete de sanciones económicas contra Teherán, mientras Washington acusa a los ayatollas de patrocinar la insurgencia iraquí. En enero, cinco miembros de la Guardia Revolucionaria (diplomáticos según Teherán) fueron arrestados por soldados estadounidenses en el norte de Irak. A eso se suma la reciente desaparición en Estambul de Ali Reza Asghari, un ex viceministro de Defensa iraní que conocía muchos de los secretos del régimen de la República Islámica. Su paradero es un misterio. Unas versiones dicen que habría desertado, pero Teherán asegura que debió haber sido secuestrado por servicios de inteligencia como la CIA norteamericana o el Mossad israelí.

Y aunque Teherán se niega a vincular la acción con cualquier otro incidente diplomático, muchos observadores aseguran que los radicales podrían estar pensando en un intercambio de prisioneros, aunque esto obligaría a una triangulación que Washington difícilmente aceptaría.

Entre tanto, Estados Unidos emprendió durante la semana las mayores maniobras militares en el Golfo Pérsico desde la invasión a Irak con dos portaviones, un centenar de bombarderos y 10.000 militares. Los ejercicios incluyeron simulaciones a 19 kilómetros de la costa iraní. En medio de los rumores de un ataque militar a Irán (que Washington ha negado), el líder supremo de la República Islámica, el ayatolla Alí Jamenei, ya ha advertido que responderían con todos los medios a su alcance. Entre tanto, el presidente Mahmoud Ahmadineyad, cabeza del gobierno civil, ha mantenido un relativo silencio.

La captura de los marinos recuerda que Irán no teme confrontar a Occidente y puede ser un dolor de cabeza si se lo propone, con todas las consecuencias que eso puede traer al comercio mundial, como demostró la escalada en los precios del petróleo. Lo peligroso es que, con un ambiente tan tenso, este es el tipo de incidente que puede desencadenar una desafortunada cadena de eventos que lleven a una acción militar si la cabeza fría de quienes toman las decisiones no se impone.

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