Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2016/10/29 15:51

Mariano Rajoy es reelegido. Así será su Gobierno

El candidato del PP fue elegido con la abstención de 68 de los 85 diputados socialistas

Mariano Rajoy es reelegido. Así será su Gobierno Foto: EFE
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EFE

Después de 10 meses de una presidencia interina, el conservador Mariano Rajoy fue reelegido como jefe del gobierno español por el Congreso del los Diputados. Ahora, tendrá que hacer de la necesidad una virtud para, en minoría, afrontar los grandes retos de España.

Rajoy logró 170 votos de un parlamento de 350: procedentes del PP, 137 escaños; los liberales de Ciudadanos, 32, y una diputada regionalista canaria. En votos contrarios tuvo 111 y 68 abstenciones.

La abstenciones procedieron de las filas del PSOE (socialistas, 85 escaños), que se ha dividido sobre la conveniencia de mantener el "no" a Rajoy o pasar a la abstención para evitar unas nuevas elecciones.

Consecuentemente, la virtud tiene que estar en la capacidad que tengan Mariano Rajoy y su equipo para dialogar, negociar y pactar. Esto con el fin de evitar que la oposición parlamentaria sume todos sus votos y tumbe al Gobierno en la Cámara Baja.

Se trataría, entonces, de recuperar el consenso que imperó durante la histórica Transición española para alumbrar la Constitución de 1978 y el proceso de normalización democrática que permitió a España integrarse en la Unión Europea y experimentar un fuerte progreso económico y social.

De la muñeca del presidente -y de la actitud de sus adversarios políticos- dependerá el que salgan adelante las importantes reformas que necesita el país.

El Parlamento está muy fragmentado. La minoría mayoritaria es el Partido Popular y la segunda fuerza es un Partido Socialista tan dividido que está en manos de una comisión gestora.

Su último secretario general, Pedro Sánchez, partidario del "no" a Rajoy, se vio obligado a dimitir hace un mes y hoy renunció a su escaño para no abstenerse, como acordó la dirección de su partido, ni romper con su negativa la disciplina de voto.

Sin líder y traumatizado por la fractura que ha supuesto al PSOE facilitar la investidura de Rajoy (de sus 84 diputados, 15 han desafiado las directrices del partido votando "no"), los socialistas parecen inclinados a hacer una oposición muy dura.

El PSOE tiene, además, la presión de Unidos Podemos, la tercera fuerza política, un partido que aspira a liderar la oposición de izquierdas y desplazar de ese papel a los socialistas.

El líder de Podemos, Pablo Iglesias, tacha de "viejos" a los dos partidos que han estructurado la moderna democracia española, los conservadores y los socialistas, y acostumbra a despreciar lo que despectivamente llama "el régimen del 78", que considera obsoleto.

Así las cosas, al Gobierno que viene le corresponde adoptar medidas de gran envergadura, como la reforma de las pensiones, el siempre pendiente pacto por la educación, la regeneración política necesaria tras los sonados casos de corrupción o la reforma constitucional.

El mayor de los retos para España es, sin embargo, atajar la deriva independentista que se ha producido en Cataluña, tan alarmante como que el presidente de la Generalitat (ejecutivo catalán), Carles Puigdemont, ha prometido celebrar en septiembre de 2017 un referéndum para constituir una república catalana independiente... "con o sin" el acuerdo del Estado español.

Las fuerzas políticas constitucionalistas, con el Gobierno a la cabeza, tendrán que buscar, pues, la manera de contener la secesión a base de un difícil acuerdo que permita el encaje de Cataluña en una España unida.

En todo caso, lo primero que tiene que hacer Rajoy es tomar posesión ante el Rey en el Palacio de la Zarzuela -previsiblemente este lunes- y anunciar -ha dicho que el próximo jueves- su nuevo Gobierno.

Una de las medidas más urgentes del flamante Gabinete será llevar al Congreso los presupuestos para 2017. Ahí se verá la primera gran batalla parlamentaria, aquella que indique cuán flexibles y cuán inflexibles son las posiciones de unos y otros.

En el horizonte político español se ve, pues, bien un panorama despejado para la negociación -con el consenso constitucional en la memoria-, bien el nubarrón de una legislatura corta que desemboque en unas nuevas elecciones generales.

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