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| 8/19/1985 12:00:00 AM

MAS FUERTE QUE EL TUMOR

A pesar del éxito de la operación, el futuro político de Reagan no está muy claro.

Primero la mala, después la buena. Tal fue el orden que el patólogo Steven Rosenberg escogió para revelar, ante una nutrida rueda de prensa en el Centro Médico Naval de Bethesda, lo que los cirujanos habían hallado en el bajo vientre del anciano mandatario norteamericano. "El Presidente tiene un cáncer", fue la primera frase empleada por el médico. Tras unos segundos de visible emoción de los periodistas completó la información: "Todos los resultados son optimistas, hay más de un 50 por ciento de probabilidades de que el Presidente ya no tenga cáncer, de que no haya células cancerosas en su cuerpo y de que esté completamente curado". Finalmente remató: "La posibilidad de que el tumor no reaparezca es alta". Lo que siguió después fue la descripción técnica de lo que habían hecho los cirujanos y la mórbida aritmética de las posibilidades de recuperación del paciente.
El cáncer había tomado la forma -típica en esos casos- de un nódulo que "invadió la pared muscular del intestino" obligando a remover 60 centímetros del colon, dato este último que ya se conocía, pues la primera rueda de prensa ofrecida tras la operación del sábado así lo había aclarado.
Cauto en extremo, el doctor Rosenberg habló de un 50 por ciento de posibilidades de que el Presidente saliera adelante en los próximos cinco años, cifra que otros especialistas pronto corrigieron diciendo que las posibilidades de que un nuevo tumor aparezca en ese período es de 50 a 75 por ciento. Siguiendo su ventajoso método de "primero la mala, después la buena", Rosenberg continuó: "El Presidente tendrá que someterse a exámenes rutinarios de pulmones, hígado y otros órganos vitales" lo que en otras palabras quería decir que existen posibilidades a mediano plazo de una metástasis (extensión del cáncer). Y agregó: "Mi impresión es que no es necesaria ninguna otra terapia en este momento", pues todos los exámenes practicados indican que el hígado del Presidente esta "perfectamente normal".
El sábado anterior el capitán Dale Oller, cirujano que dirigió la operación del mandatario norteamericano, había hecho una predicción que arrojaría luz el lunes sobre la verdadera situación médica de Reagan. Oller explicó que si el cáncer hallado era del tipo "Duke A" el Presidente tenía un 95 por ciento de posibilidades de ser curado con la cirugía. En cambio, si la dolencia era del tipo "Duke B" las posibilidades serían de un 50 por ciento. Por lo visto, los análisis indicaron que se trata de un cáncer "Duke B" que no ha alcanzado a interesar aún otros vasos sanguíneos ni los ganglios linfáticos.
El paciente mientras tanto, ratificando el vigor demostrado en marzo de 1981 cuando fue herido de bala por John Hinckley, y dando muestras de buen humor, recibió con serenidad el veredicto médico y muy pronto inició algunas actividades de gobierno y hasta realizó un paseo de 60 pasos en el hospital el mismo sábado en la noche. "El ha terminado de leer una novela de vaqueros de Louis L'Armour", precisó el vocero Larry Speakes, luego de comunicar que el Presidente había hecho muchas preguntas al equipo médico durante media hora al ser informado del diagnóstico. Nancy Reagan, de quien se rumoró hace unos meses que estaba enferma, fue la primera en conocer los resultados de patologia, tras lo cual "expresó su alegría" de que el cáncer no se hubiera extendido. "Yo estoy contento de que el tumor haya sido sacado", agregó el mandatario, según el capitán Oller.
Tanto optimismo no impidió que ciertos círculos médicos expresaran su disgusto con el desempeño de los facultativos oficiales, desatándose un contencioso científico que pronto opuso a Edward Cattau, jefe de gastroenterólogos del Hospital de Bethesda -quien es secundado por el doctor Rosenberg- de un lado, y del otro al doctor Donald A. O'Kieffe gastroenterólogo de la Universidad de Washington y al doctor John S. Najarian, jefe de cirujanos de la Universidad de Minnesota. Los segundos afirman que nada se ganó con esperar 14 meses para un nuevo examen del colon del Presidente. Tomando en consideración la edad de éste han debido sus médicos, afirman los criticos, examinar más detenidamente el intestino y no contentarse con sólo remover los pequeños pólipos no malignos hallados en esa ocasión (ver recuadro).
Cattau y los otros responden que los primeros pólipos, y los encontrados en marzo pasado, eran de un tipo que no indicaban que un cáncer estuviera creciendo en el colon y que el procedimiento seguido ha sido "el indicado". Craso error, les responden, "cualquiera que fuera el tipo de pólipo encontrado, éste era una invitación para examinar todo el colon". En el caso del presidente Reagan el examen decisivo sólo tuvo lugar el 12 de julio pasado con los resultados conocidos.
¿Cuál es verdaderamente el porvenir político del mandatario norteamericano? ¿Podrá él ciertamente retomar sus responsabilidades con la misma energía de siempre? En lo que a él hace, pronto estará despachando. Sus deseos de "vencer de nuevo" propio de todos los presidentes norteamericanos obsesionados siempre con la necesidad de ganar, se expresaron en esta ocasión cuando el mandatario hizo saber a Donald T. Regan, jefe del personal de la Casa Blanca y el hombre fuerte que ha surgido en estos días de emergencia médica, que él está dispuesto a reunirse con el presidente de China Popular Lixiennien la próxima semana.
Con esta actitud, Reagan envía un mensaje en el sentido de que quiere retomar las riendas del poder lo antes posible y recuperar su imagen de hombre batallador. También hay que considerar que cuando un Presidente es golpeado, el instinto natural de la nación es cerrar filas en torno de él. Por unos meses, probablemente hasta finales de este año, el actual sentimiento de simpatía y unidad pueda prevalecer, pero no es seguro que se extienda a los tres años y medio que le quedan de mandato.
Sin duda alguna, las figuras centrales del gabinete y la Casa Blanca estarán en capacidad de zanjar sus diferencias sobre control de presupuesto, carrera armamentista y otros temas espinosos. El Congreso se mostrará tal vez menos combativo por un tiempo, especialmente ahora que, al traspiés del Presidente, se suma el hecho de que la Cámara baja, díscola hace unas semanas frente a los planes sobre Centroamérica, ha dado un viraje hacia la derecha y aprueba ayuda militar por 12.6 mil millones de dólares a las guerrillas anticomunistas de Afganistán, Kampuchea y Angola.
Pero tres años y medio son mucho tiempo para una administración donde hay profundas divisiones en torno de la política interna y externa. La batalla por el control del Congreso el año entrante será dura y se dará bajo circunstancias muy difíciles, independientemente del estado de salud del Presidente y su buen ánimo. El jefe del Ejecutivo no ignora que su administración encara tareas como la negociación del próximo presupuesto, la necesidad de trazar políticas frente a Siria, con tácticas más ofensivas contra las acciones terroristas, y la preparación de la reunión con el rey Hussein de Jordania y los representantes palestinos no afiliados a la OLP, lo mismo que la crucial "cumbre" con el dirigente soviético Gorbachev. Si antes habia enfrentado a viejos y achacosos líderes soviéticos que dejaban las decisiones a un liderazgo colectivo, ahora Reagan tendrá que vérselas con alguien diferente que ha ido deshaciéndose de la vieja guardia, mientras él mismo sufre las inevitables dolencias de la edad y hace un relevo de su propio "liderazgo colectivo" a Washington.
Será interesante ver quién surge del equipo de Reagan durante su convalescencia y quién gana su confianza para sacar adelante los proyectos republicanos. Si los doctores están en los cierto cuando afirman que Reagan tiene un 50% de probabilidades de recobrarse completamente y de terminar su mandato en pleno uso de sus facultades, entonces, no habrá problemas. Pero quienes se apuntan al otro 50%, piensan que el Presidente tiene siempre la opción de renunciar y de entregar la Presidencia a Bush, situación ésta que no es ni del gusto de Reagan, ni de los demócratas. Habrá que esperar el desarrolo de toda la situación, pues en ella Bush, aunque no sea el consentido de los conservadores republicanos, puede jugar un papel no sólo en el diseño de las políticas, sino como personaje político él mismo.
EL CANCER DE REAGAN
La grave anomalía descubierta en el presidente Reagan es el tipo de cáncer que causa mayor número de decesos en Estados Unidos después del de pulmón.
Las cifras que dan las autoridades sanitarias de ese país son elocuentes: anualmente mueren allí 60 mil personas por cuenta de cáncer de colon. En lo que va de este año, 138 mil nuevos casos ya han sido diagnosticados. Los índices son un poco menos altos en Europa (en Francia es de 15 mil muertes al año), y aún menos en América Latina. Asia y Africa, tienen la más baja incidencia de este azote.
Los gastroenterólogos vienen hace años librando silenciosas batallas contra esta enfermedad. El método más empleado por ellos es el diagnóstico precoz de pequeñas -a veces minúsculas- bolas carnosas (conocidas en el lenguaje médico como nódulos o pólipos) adheridos a la mucosa del intestino grueso (o colon). Tales pólipos son, en sus comienzos, generalmente benignos.
Con el paso de los años aumentan de tamaño y pueden degenerar en fenómenos cancerosos. En teoría, este tipo de desarrollo puede ser anulado si se lo detecta a tiempo. El problema es que no existe hasta el momento una forma rápida, sencilla y barata para hacerlo. La prueba más exacta es la endoscopia o colonoscopia (introducción rectal de un tubo dotado de un sistema óptico que permite examinar la mucosa intestinal, detectar el más pequeño nódulo y extraerlo si no es grande) pero ésta es costosa y dolorosa desde el punto de vista físico.
Hasta el momento, el examen más simple y frecuente es el que se hace sobre las heces con rastros de sangre prueba que no es muy confiable, pues las hemorragias intestinales pueden ser causadas por otros desórdenes, no necesariamente por la existencia de pólipos. La vigilancia también suele hacerse mediante radiografía, minutos después de que el paciente ha ingerido una sustancia de contraste.
Lo más exacto es, pues, el control costoso de la endoscopia, examen que los médicos aconsejan se practique anualmente a las personas mayores de 45 años, especialmente en aquellas que han tenido familiares con cáncer de colon. También sugieren que toda persona mayor de 50 años efectúe exámenes de materias fecales cada año para saber si en ellas hay sangre. En el caso del presidente Reagan, quien tiene 74 años y un antecedente familiar (un hermano de él fue operado también de cáncer de colon) no se entiende por qué los médicos no detectaron mucho antes el pólipo en los exámenes rutinarios que le practican. De hecho, el tumor extraído tenía 5 centímetros de diámetro.
Los especialistas de la sociedad norteamericana de cáncer afirman que la aparición del cáncer de colon tiene que ver con las costumbres alimenticias de la gente. La dolencia ataca más a personas adineradas que a individuos pobres y más en los sectores urbanos que en el campo. El causante de la propensión a contraer cáncer de colon parece radicar en las dietas altas en grasas animales y bajas en alimentos con fibras vegetales.
Este último elemento, la fibra, se ha convertido recientemente en la mayor reivindicación de los dietistas y de muchos gastroenterólogos quienes aseguran que los alimentos ricos en fibra protegen a las personas de la temida enfermedad.
La fibra es el conjunto de cáscaras, hilos y semillas que tienen los productos vegetales (frutas, legumbres y granos) pero que son generalmente -y lamentablemente- eliminados durante el proceso que lleva el alimento del productor al consumidor. De ahí que el cáncer de colon sea una enfermedad relativamente nueva y no tenga incidencia en comunidades rurales "atrasadas" de Africa, Asia y América Latina, donde el consumo de alimento vegetal no procesado industrialmente es alto.
¿Por qué la fibra es protectora? Expertos en cáncer como la doctora Regina Ziegler de Washington afirman que las grasas estimulan la producción de ácidos biliosos, importantes para la digestión pero que son suceptibles de generar bacterias potencialmente cancerosas. La fibra puede en cambio, según ella, impedir ese fenómeno cambiando la composición de las bacterias que anidan en el colon. Por otra parte, el carotene (fuente de la vitamina A y C que se encuentra preferentemente en vegetales como el repollo, las coles la zanahoria el coliflor y el brócoli), protegen al organismo contra las sustancias cancerígenas. La científica dice que la gente debe comer más alimentos ricos en fibra como fríjoles, arvejas, frutas frescas, y nueces.
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