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| 1/13/2007 12:00:00 AM

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La 'nueva estrategia' de George W. Bush en Irak ignoró los consejos y no ayudará a aliviar la violencia.

Después de todas las especulaciones y expectativas por el 'giro' de la política del presidente norteamericano, George W. Bush, en Irak, al final no hubo tal. La 'nueva estrategia', que incluye un incremento marginal de las tropas norteamericanas, tuvo más bien poco de novedoso e ignoró todas las señales políticas de su país. El plan del texano, anunciado desde la biblioteca de la Casa Blanca el miércoles en un discurso televisado de 20 minutos, no consideró el mensaje que traía la derrota de su partido en las elecciones legislativas de noviembre, ignoró las principales recomendaciones del bipartidista Grupo de Estudio de Irak, las encuestas e incluso la opinión de sus propios generales.

Ya nadie espera hacer de Irak una ejemplarizante democracia pro occidental en Oriente Medio, como habían prometido los halcones de Washington. El fantasma de la humillante salida de Vietnam cada vez se siente con más fuerza. Pero, en lugar de anunciar el repliegue escalonado de las tropas que muchos sectores piden, Bush habló de un aumento de 21.500 soldados estadounidenses (hoy son 132.000) para ayudar a pacificar las zonas más violentas de Irak, principalmente en Bagdad, y de una serie de metas para el gobierno del primer ministro iraquí, Yawad al Maliki, que casi con seguridad será incapaz de cumplir. En medio de las reacciones, la expresión que más se repitió fue "too little, too late" (demasiado poco, demasiado tarde).

En un duro editorial, el diario The New York Times calificó la salida de Bush de "una forma de agotar el tiempo restante de este Presidente y dejarle este desastre al siguiente" y criticó que el texano reconoció el fracaso, "pero incluso así, dio la impresión de que era un turista accidental en Irak".

Y es que aunque Bagdad es el escenario central de la violencia sectaria, el aumento de tropas no es suficiente para hacer una diferencia significativa y sólo le dará más blancos a la insurgencia. De hecho, el número de soldados se ha incrementado en el pasado, al llegar incluso a 160.000 en diciembre de 2005, sin reducir la violencia. Por el contrario, muchos observadores aseguran que más soldados alimentarían el resentimiento contra la ocupación extranjera.

En su discurso Bush también mencionó que las tropas llegarían a todos los barrios de Bagdad sin restricciones. Eso incluiría Ciudad Sadr, el bastión de las milicias del clérigo chiita Muqtada al Sadr, uno de los hombres más poderosos de Irak, y arriesgarse a una confrontación directa con más sangre de por medio.

Entre las exigencias para el gobierno de Al Maliki, habló de hacerlo compartir el poder y las ganancias del petróleo con la minoría sunita, así como desarmar las milicias chiitas. Las posibilidades del iraquí no son prometedoras, pues su apoyo parlamentario depende de Muqtada al Sadr. Basta recordar que el gobierno estuvo a cargo de la ejecución de Saddam Hussein, y la muerte del ex dictador mientras sus verdugos gritaban "Muqtada" para provocarlo no invita a creer en una reconciliación entre los iraquíes.

Aunque prometió usar "todos los recursos diplomáticos", en realidad Bush también esquivó las recomendaciones para entablar un diálogo directo con Irán y Siria, los influyentes vecinos de Irak. Por el contrario, una vez más, aseguró que no iba a aceptar su injerencia, una amenaza que abre aún más las posibilidades de un eventual conflicto con el país de los ayatolas.

La lluvia de críticas, liderada por la nueva mayoría demócrata en el Congreso, pero también por algunos republicanos, no se hizo esperar. Pero seguramente se quedará en mucho ruido y pocas nueces. Aunque la guerra es cada vez más impopular, como lo demostraron las protestas en varias ciudades norteamericanas, tras el anuncio de Bush, los demócratas probablemente no bloquearán los fondos para materializar las intenciones de la Casa Blanca. Hacerlo implicaría asumir responsabilidades por un fracaso que, de principio a fin, ha tenido la impronta de Bush.
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