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| 4/9/2011 12:00:00 AM

Más que ojo por ojo

La emocional reacción de Rafael Correa ante un wikicable creó una crisis diplomática entre Washington y Quito en la que este lleva todas las de perder.

Desde que WikiLeaks comenzó a entregar los cables secretos de las embajadas de Estados Unidos a sus jefes en Washington, muchos jefes de Estado han tenido que reprimir sus ataques de rabia en función de sus intereses nacionales. Pero era previsible que el sanguíneo presidente de Ecuador, Rafael Correa, no siguiera ese sabio ejemplo. El miércoles, en medio de uno de los ataques de ira a los que tiene acostumbrados a los ecuatorianos, decidió expulsar a la embajadora estadounidense Heather Hodges, a causa de un comentario filtrado por el grupo de Julian Assange. Y al día siguiente, cuando Washington reaccionó con igual dureza y declaró "persona non grata" al embajador ecuatoriano, Luis Gallegos, quedó al descubierto la dimensión del problema bilateral desencadenado.

De acuerdo con los analistas, la situación echará por tierra la posibilidad de renovar en el Congreso estadounidense las preferencias arancelarias andinas, conocidas como Atpdea.

Por este sistema, vigente desde 2002 para ayudar a los países del área que luchan contra el narcotráfico, el 72 por ciento de las exportaciones ecuatorianas a Estados Unidos entraban libres de aranceles, hasta que se suspendió en febrero, por desaveniencias entre republicanos y demócratas en el Congreso.

El legislador demócrata Eliot Engel anticipó que lo ocurrido diluye la posibilidad de que las preferencias sean renovadas. La prueba es que Washington suspendió una reunión bilateral con Ecuador prevista para junio, según anunció a SEMANA Marta Youth, portavoz de la embajada en Quito. "Estamos interesados en mantener una relación positiva con Ecuador, pero la lamentable e inmerecida decisión sobre nuestra embajadora será tenida en cuenta de cara al futuro", explicó a esta revista desde Washington el portavoz del Departamento de Estado, Charles Luoma-Overstreet.

El asunto comenzó cuando influyentes diarios como El Comercio, La Hora, Hoy y El Universo publicaron -basados en cables de WikiLeaks- que la diplomática estadounidense informó a sus jefes que Correa había designado como comandante de la Policía al general Jaime Hurtado Vaca, pese a conocer que era corrupto. La embajadora admitía que "el gobernante (Correa) quiso, con el nombramiento, tener un jefe de Policía manipulable". "La corrupción es generalizada en la Policía ecuatoriana", recalcaba el informe.

Correa, rojo de indignación, se regó en insultos. Dijo, entre otras cosas, que "es un secreto a voces" que Estados Unidos tiene infiltradas a la Policía y las Fuerzas Armadas y que siempre sospechó que Hodges era "enemiga del gobierno" por sus posturas de "extrema derecha". "Y como van a venir retaliaciones de Estados Unidos, porque así es la política imperial, prepotente, pese a que es totalmente culpa de ellos lo que está pasando por malos embajadores que mandan a entrometerse en asuntos internos de otros países, responderemos también a nivel regional", dijo, implicando que busca el apoyo de la Unasur y de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba).

"No conozco ninguna conducta de altivez de un gobierno que no tenga consecuencias", afirmó a SEMANA el canciller, Ricardo Patiño. Y sostuvo que "la honra del presidente Rafael Correa es más importante que la posibilidad de que se amenace la extensión de los beneficios arancelarios".

Como es lógico, el sector exportador ecuatoriano no comparte esa política de personalizar los asuntos de Estado. El presidente de la Federación Ecuatoriana de Exportadores (Fedexpor), Felipe Ribadeneira, destacó a SEMANA que "lo más probable es que los congresistas estadounidenses que están en contra de renovar el Atpdea utilicen esto como argumento, como hicieron con Bolivia años atrás". A su vez, Blasco Peñaherrera Solah, presidente del Comité Empresarial Ecuatoriano (CEE) dijo a esta revista que el gremio hizo un llamado al gobierno para que las decisiones que se tomen sean prudentes, tolerantes y que expresen la madurez de los gobernantes.

En efecto, asuntos igual o más espinosos de otros países no han causado semejante revuelo y se han manejado con diplomacia. El excanciller Mauricio Gándara resumió a SEMANA lo que muchos piensan en Quito: que en este caso hubiese sido más simple hacerle un llamado de atención a la embajadora, como sucedió hace poco en México en circunstancias parecidas, para que abandonara el país por su propia decisión y no expulsarla. Así mismo, que la información publicada no debe ser considerada como una ofensa, pues lo que ha hecho la diplomática es lo que hacen todos los enviados: informar a su Cancillería lo que pasa en el país que residen.
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