15 diciembre 2012

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Matanza en Connecticut: la peste gringa

ESTADOS UNIDOSLa masacre de 27 personas, entre ellas 20 niños, en la escuela primaria de Newton, Connecticut, es un nuevo síntoma de los problemas sociales de Estados Unidos y un llamado urgente para que los políticos se atrevan a tomar medidas.

Matanza en Connecticut: la peste gringa. La escuela elemental de Sandy Hook en Newton tenía más de 600 alumnos. Una mujer llora al escuchar las trágicas noticias.

La escuela elemental de Sandy Hook en Newton tenía más de 600 alumnos. Una mujer llora al escuchar las trágicas noticias.

Algo está muy mal con Estados Unidos y ese país padece una enfermedad crónica que nadie logra remediar. Con una regularidad casi cíclica, el país se viste de luto por una nueva carnicería. La última es una de las más absurdas, trágicas e inexplicables de los últimos tiempos: 27 personas muertas en u
na escuela primaria en la costa este. Entre ellos 20 niños entre 5 y 10 años que estaban a pocos días de salir a vacaciones de navidad.

Newton, en Connecticut, es una localidad de menos de 30.000 habitantes. El prototipo de la comunidad tranquila, pacífica, un pueblo sin noticias. Como dijo Stephen Delgiadice, un padre de familia "siempre pensé que era el sitio más seguro de Estados Unidos". Pero a las 9 y media de la mañana del viernes la paz se acabó. Alguien marcó el 911, el número de emergencias, y en pánico dijo que estaban disparándole a los niños de la escuela primaria de Sandy Hook, donde estudian más de 600 alumnos.

Un hombre enmascarado con un uniforme negro, un chaleco antibalas y una chaqueta militar acababa de irrumpir en la escuela. Empuñaba un fusil automático Bushmaster .223 y dos pistolas. Los primeros tiros resonaron por todo el edificio. El asesino quería acabar con todo. Según un testigo, disparó "por lo menos 100 veces".

Los pasillos eran un caos mientras cientos de niños trataban de escapar y algunos profesores alcanzaron a esconderlos en armarios. La madre de una alumna de 7 años le contó a la cadena CNN que ese día tenía una cita con el rector y la psicóloga del colegio. De pronto escucharon tiros y los dos funcionarios fueron a ver qué pasaba. Poco tiempo después yacían en "un charco de sangre".

A las 9 y 45 llegaron los primeros agentes del SWAT, la unidad élite de la Policía. En una carrera contra el reloj, empezaron a buscar el asesino en cada rincón, detrás de cada puerta e incluso en los casilleros. Mientras más se demoraran, sabían que el balance podía ser peor.

Los agentes empezaron a evacuar a los niños. Afuera decenas de personas rodeaban el edificio, vecinos asustados con el ruido, padres buscando a sus hijos, policías acordonando la zona, profesores, empleados del colegio y alumnos que acababan de escaparse del infierno.

Menos de una hora después las autoridades anunciaron que habían encontrado el cuerpo sin vida del asesino. Para escapar a sus crímenes tomó la decisión más radical: se pegó un tiro en la cabeza. Pero la tragedia apenas empezaba. Muchos padres esperaban que sus hijos aparecieran entre el tumulto. 20 niños nunca volvieron, así como cinco adultos, incluyendo el rector. Y Estados Unidos se empezaba a dar cuenta de que acababa de vivir una masacre horrorosa y brutal, una de las peores de su historia.

Richard Wilford, padre de familia de un niño que salió vivo de la escuela, le explicó a la agencia AP que "no hay palabras para describir el terror que se siente cuando uno sabe que su hijo está amenazado. No se sabe nada, no se puede hacer nada. Es una experiencia de impotencia aterradora".

En un principio las autoridades pensaron que dos personas coordinaron el crimen, el que se suicidó en la escuela y otra persona que vivía con él, que también apareció muerto. También dijeron que el asesino podía ser Adam Lanza, un joven de 20 años cuya madre, Nancy, era profesora de preescolar en Sandy Hook. Pero al cierre de esta edición la Policía aún no había reconstruido con certeza la catástrofe.

Cinco horas después, el presidente Barack Obama hizo uno de sus discursos más emotivos. Dijo, mientras se le escapaba una lágrima, que "nuestros corazones están rotos. Sé que no hay ningún padre que no sienta eso. La mayoría de los que murieron eran niños, niños hermosos que tenían toda la vida por delante. Cumpleaños, grados, matrimonios, tener hijos". El presidente prometió adelantar "acciones para prevenir este tipo de tragedias". Pues inevitablemente esta nueva masacre volvió a encender el debate sobre la venta libre de armas de fuego en Estados Unidos.

Las masacres en Estados Unidos se han vuelto un cataclismo tan predecible como los huracanes: se sabe que van a ser trágicos, devastadores y que van a suceder en algún momento. Hace apenas unos meses el país entero se encontraba en estado de choque por los asesinatos del cine de Aurora. Hace unos años fue Virginia Tech y unos más, Columbine. Lo peor de todo es que estas son solo las más grandes, las más sangrientas, las que son noticia mundial. Semana tras semana, en una escuela, una iglesia o un centro comercial, algún desequilibrado pierde la cabeza y acaba con todo lo que se cruce. Solamente este año ha habido siete masacres de gravedad.

¿Cuál es el problema? Algunos dicen que es culpa de los videojuegos, de la música o de la falta de valores. Otros argumentan que es el sistema educativo, la falta de voluntad política o la personalidad violenta de algunos. Y muchos sostienen que detrás de todo está la extrema libertad que existe en ese país para poseer armas de fuego.

Lo cierto es que Estados Unidos, gracias a la famosa Segunda Enmienda de la Constitución, es el país en el mundo donde es más fácil comprar armas. Las venden en los supermercados, en internet o en mercados de segunda. Y el país tiene unos récords no muy gloriosos. 11 de las peores 20 masacres de los últimos 50 años fueron en ese país. Desde 1982 se han registrado por lo menos 61 matanzas, casi todas con armas compradas legalmente. Según una encuesta de Gallup, 47 por ciento de los estadounidenses tiene un arma en casa. Y hay más de 310 millones de rifles, pistolas y revólveres en el país. Toda una marca mundial.

Y mientras tanto el país se desangra. Como dijo el rector de la tristemente famosa secundaria de Columbine: "Vas a un cine en Aurora y pierdes la vida. Vas a un centro comercial en Portland y nunca vuelves. Esta mañana, cuando los padres de Newton besaron a sus hijos, deseándoles un buen día, solo pensaban en la temporada navideña que iban a pasar juntos. Nadie espera que pasen este tipo de cosas. Como sociedad, tenemos que unirnos. Esto tiene que parar, son muertes sin sentido".
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