Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1983/08/29 00:00

MATANZA DE JUSTOS POR PECADORES

El atentado terrorista de los armenios en el aeropuerto de Orly indica que ASALA tiene una estrategia más radical

MATANZA DE JUSTOS POR PECADORES

Armenios: un pueblo sin tierra, sin patria y que algunos quisieran sin memoria... Como de costumbre, en estos casos, la prensa francesa encontró difícilmente los adjetivos adecuados para describir la "monstruosa " e "inhumana" matanza perpetrada, el 15 de julio, en el aeropuerto parisino de Orly.
La bomba, disimulada en una maleta, explotó a las 14 horas 11 minutos en medio de los pasajeros de el vuelo 926 de la compañía turca "Turkis Airlines" con destino a Estambul, provocando la muerte a siete personas e hiriendo gravemente a otras treinta.
Este atentado, reivindicado por el "Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia" (ASALA) es, en realidad, el cuarto ejecutado este año en París contra los "interes turcos" .
ASALA fue creado en Beirut a fines de los años sesenta por jóvenes armenios cansados de ver que sus padres, ni sus abuelos, habían logrado por las vías las diplomáticas hacer reconor el genocidio sufrido por su pueblo: en 1915, y menos aún, obtener la restitución de sus tierras repartidas entre Turquía, Irán y la Unión Soviética.
Desde su primer atentado, el 3 de enero de 1975, esta organización ha sido la principal responsable de los actos que han ocasionado la muerte de más de treinta turcos en varios países y, en particular, en París.
Con su llegada al poder, la izquierda francesa pensó poder poner fin a la espiral terrorista propiciada por ASALA. Con este fin, varios dirigentes socialistas (el canciller Cheysson, el ministro de la Defensa, Charles Hernu) expresaron su total apoyo al combate de la comunidad armenia en favor del reconocimiento, por parte del Estado turco, del genocidio de 1915. Los mismos servicios del primer ministro Pierre Mauroy --indicó la prensa-- trataron de negociar una "tregua" con ASALA. Oficiosamente, el gobierno se comprometía a condenar el genocidio y a no inquietar a los militantes de esa organización deseosos de transitar por los aeropuertos franceses. El gobierno desmintió, naturalmente, la existencia de tales negociaciones. Pero algunos indices hicieron pensar que Francia no había renunciado a establecer, en parte por lo menos, un "modus vivendi" con el "Ejército armenio".
Varios periódicos afirman, por ejemplo, que la policía francesa prefirio no detener al jefe supremo de ASALA, Agap Agopian, cuando éste llegó a París, en abril, después de haberse hecho pasar por muerto durante los combates de Beirut del pasado verano.
Prevenidos por un "país amigo", los servicios secretos se limitaron a seguirlo y a recoger información sobre sus contactos en Francia, trabajo que permitió --se dice en París- la rápida intervencion de la policía después del atentado del aeropuerto y que se concluyó, según el portavoz del gobierno, Max Gallo, con el arresto del principal terrorista.
El Estado francés trató, igualmente, como militantes políticos --y no como simples terroristas-- a los cuatro miembros del comando de ASALA que había tomado el consulado de Turquía en París, en septiembre de 1981. Pero, en vez de liberarlos --como lo exigía esa organización-- fueron juzgados y condenados. Aunque con menos rigor que en otros casos.
Con todo, este hecho y hs demás atentados perpetrados por ASALA, pusieron fin a la búsqueda de un acuerdo tácito que, después de dos años de gobierno, los socialistas parecen haber excluido en razón del papel primordial que juega Turquía en el seno de la OTAN.
¿Como explicar, sin embargo, la actitud del "Ejército armenio" frente a un gobierno que se ha comportado "correctamente", según los mismos responsables de la comunidad Armenia?
Los observadores dan, por ahora, dos respuestas: para unos, ASALA no actúa únicamente por sus propios intereses. Durante su permanencia en Beirut, este grupo estableció relaciones con los sectores palestinos que, después de la evacuación de la capital libanesa, han radicalizado sus posiciones, como los grupos disciplinados a Siria, por ejemplo. Nadie ignora que la estrategia, en Líbano, de Francia y Siria es completamente diferente. Sobre esa base todas las deducciones parecen permitidas.
Para otros, la opción de ASALA en favor de atentados ciegos, gratuitos y extremadamente mortíferos se explica por el triunfo,en su seno, de los partidarios de una acción desesperada.
Este atentado es "el signo de una nueva estrategia de ASALA que se inscribe dentro de una política general de desestabilización", afirmó el portavoz del Partido Socialista Armenio, Henri Papazian, quien no vaciló en agregar: "La ASALA cayó, manifiestamente en los brazos de la Unión Soviética". Las demás asociaciones armenias han condenado, unánimemente,el atentado del 15 de julio. En gentral, la comunidad armenia no desaprueba la violencia ejercida contra los representantes del Estado turco, pero repudia este tipo de actos que golpea a inocentes que nada tienen que ver con el genocidio y sus consecuencias. En el mismo sentido podrían ir las conclusiones del Congreso Mundial Armenio que se reunió, por segunda vez desde 1979, del 20 al 24 de julio en Lausana (Suiza).
Venidos de 17 países, 200 delegados se proponían establecer una organización permanente como plataforma política para la "diáspora armenia" obtener su estatuto legal y un estatuto de diplomáticos, para sus representantes reservado a las entidades no gubernamentales; luchar, en fin por todos los medios diplomáticos y políticos para lograr el reconocimiento del genocidio y la recuperación de sus tierras.
DEPORTACION QUE TERMINO EN MASACRE
A finales del siglo XIX, los armenios son, dentro del imperio Otomán, una minoría particular. En varios tratados figura la obligación para el Sultán de efectuar reformas en las provincias armenias. Por otra parte, la adhesión de los intelectuales de esa comunidad a las ideas laicas, nacionales y socialistas y la aparición de organizaciones y partidos, algunos fundados en Rusia, los convierte en serios enemigos del Imperio. Más aún en ese momento en que en Turquía surge una ideología, mezcla de nacionalismo y laicismo, cuyo fin es edificar, sobre las ruinas del imperio, una nación turca. Que excluye, pues, la existencia de esas minorías nacionales.
Por esto, sostienen los arménios, se llevó a cabo la deportación de la población armenia hacia las regiones del sur, provocando un verdadero genocidio. Iniciada el 24 de abril de 1915, esta operación fue dejada entre las manos de gendarmes turcos y de bandas de criminales comunes que,pretextando una alianza de los armenios con los rusos, exterminaron, según las fuentes, entre 1, 3 y 1.5 millones de armenios. Muchos sobrevivientes, internados en Siria, fueron, en efecto, asesinados en 1916.
Durante tres generaciones, la clase política turca ha rechazado reconocer el genocidio, calificado de invención propagandística. En un largo artículo publicado por "Le Monde", el mes de mayo pasado, el embajador turco, en Francia, da la versión oficial de ese período. Según él, las "potencias imperialistas" se sirvieron de los armenios para atacar el imperio Otomán.
Después de varias advertencias, escribe el embajador, el gobierno decidió trasladar a los armenios "lejos de los campos de guerra". ínstrucciones fueron dadas para que la vida y los bienes fueran respetados. Cerca de 700.000 hicieron parte de la operación. Muchos de ellos consiguieron instalarse en Europa. Otros ya habían dejado el país en dirección de Rusia. Cerca de cien mil permanecieron en Turquía. En definitiva, concluye el embajador, no hubo genocidio. ¿Hubo muertos? Sí y el gobierno no lo niega. Algunos debido a la guerra. Otros al hambre o víctimas de las epidemias.

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