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| 6/19/1995 12:00:00 AM

MENEM OTRA VEZ

La preferencia por la estabilidad, y el 'voto vergonzante' llevaron a Carlos Saúl Menem a la reelección en Argentina.

LAS PALABRAS DEL PRESIDENTE CARLOS Menem fueron muy gráficas: "Ganamos por demolición". Y no le faltaba razón. El peronista fue reelegido el domingo 14 de mayo por casi el 50 por ciento de los votos, comparado con el 29,5 por ciento de su contendor más cercano, José Bordón, del centroizquierdista Frente País Solidario (Frepaso), al tiempo que el tercero en discordia , Horacio Massaccesi , del Partido Unión Radical, alcanzó la peor votación de su historia, con un escaso 17,08 por ciento.
Lo cierto es que Menem ganó con una sola bandera: la estabilidad. Eso hizo que las capas más pobres de la sociedad, y las más ricas, fueran las principales protagonistas de ese fenómeno electoral, mientras Bordón tuvo su mejor desempeño en las clases medias, al punto que el único lugar en el que alcanzó una mayoría fue en la capital, Buenos Aires, el centro urbano más grande del país. Allí, Menem ganó en sólo dos barrios; Lugano y Recoleta. En Lugano, un barrio casi tan pobre como los cinturones de miseria que rodean a la capital, Menem alcanzó el 51 por ciento de los votos, mientras que en Recoleta, el barrio rico por excelencia, la mayoría del presidente alcanzó el 57 por ciento.
Eso tiene sentido en la medida en que los sectores extremos de la sociedad son los que temen más el regreso de la hiperinflación, que era del 5.000 por ciento en 1989 y que Menem dejó en casi 4 por ciento en el año pasado. Pero en el resto del país, muchos miembros de la clase media, tradicionalmente más inclinados a cuestionar la corrupción estatal, también votaron por Menem, pero en una forma que algunos calificaron de 'vergonzante'. Ese voto, consignado por muchos que lo negaron, hizo que la victoria del presidente fuera más allá de lo previsto por los encuestadores. La filosofía de ese voto fue resumida por un chofer de taxi en Buenos Aires: "Todos los políticos son corruptos, pero este gobierno ya se llenó los bolsillos y no creo que robe más. En cambio con uno nuevo que viene sin nada, empieza todo de vuelta. Así que mejor que sigan trabajando a ver si sacan al país adelante".
Efectivamente, Menem se enfrenta ahora al reto de cumplir la promesa de acabar con el desempleo -que en su gestión pasó del 6 al 12,2 por ciento-, al mismo tiempo que consolida el ajuste fiscal y las privatizaciones. Para ello, si algo le favorece, es el control político que asumirá en todos los frentes.
Sin embargo, algunos analistas opinaron que tanta ventaja electoral para Menem, triunfador no sólo por la presidencia sino en ambas cámaras congresionales podría convertirse en una amenaza para la renaciente democracia argentina, que apenas ha superado 12 años desde el término de la dictadura militar. Quienes piensan así recuerdan las críticas que ha enfrentado Menem por su control del Poder Judicial, obtenido a través del nombramiento de jueces cercanos a sus ideas. "Esta aproximación hacia la supremacía es negativa en una democracia moderna porque debilita el sistema de partidos y pone a los hombres por encima de las instituciones", dijo un miembro del Instituto Di Tella de análisis político.
Esa situación tiene su contrapeso en el surgimiento de Bordón y su Frepaso, una coalición de socialistas, demócratas cristianos y antiguos peronistas que consideran a Menem como un traidor a las tesis justicialistas. De hecho, Bordón surgió como una verdadera alternativa de poder, que deberá cumplir un papel fiscalizador para que la democracia argentina se consolide aún más en el umbral del siglo XXI.
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