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| 6/9/2003 12:00:00 AM

Mentiras y guerra

Escándalo en Washington y Londres por la posibilidad de que se confirme que la invasión de Irak se promovió con informes falsos.

Ya han pasado mas de dos meses desde que las tropas de Estados Unidos y Gran Bretaña tomaron el control de Irak. Desde entonces equipos especializados se han dado a la tarea de encontrar las armas de destrucción masiva (ADM) que eran el argumento estrella para justificar la urgencia de derrocar a Saddam Hussein. Pero nada que aparecen y, en cambio, crece la controversia acerca de la veracidad de los informes de inteligencia que se presentaron a la opinión pública.

De por medio están la credibilidad del presidente de Estados Unidos y del primer ministro de Gran Bretaña y, lo que podría ser aún peor, la confiabilidad de las entidades gubernamentales dedicadas a recoger información de inteligencia. Las implicaciones son de una extrema gravedad. Si se comprueba que los informes fueron deliberadamente alterados, una guerra de implicaciones todavía inciertas habría sido lanzada con base en mentiras.

Aunque el misterio de las ADM existe desde que los inspectores de la ONU negaban su existencia antes del ataque contra Irak el asunto hizo crisis la semana pasada. Varias publicaciones norteamericanas le hicieron eco: Time, Newsweek y US News and World Report publicaron artículos sobre el tema, y algunos medios de derecha, como The Weekly Standard y The Wall Street Journal terciaron en una defensa vehemente del gobierno. El Journal acusó a "la izquierda francesa y europea" de tratar de enlodar la victoria norteamericana y sostuvo que el descontento de los analistas de la CIA que han hecho denuncias se debe a su resentimiento con el secretario de Estado, Donald Rumsfeld.

El escándalo político comenzó en la Cámara de los Comunes de Londres, donde una enfurecida bancada laborista (el partido de Blair) puso al primer ministro contra la pared mientras la comisión de relaciones exteriores anunció que abriría una investigación en contra de la voluntad del gobierno. Rahul Mahajan, autor de una columna en USA Today titulada 'Terminen el engaño', dijo a SEMANA que "las consecuencias políticas para Blair van a ser muy graves, y la comparación que se ha hecho con Watergate no es propia, porque esto involucra una guerra y miles de vidas inocentes".

El principal motivo en Gran Bretaña fueron las afirmaciones de Blair de que Saddam Hussein tenía la capacidad técnica para atacar con armas químicas y biológicas en un lapso de 45 minutos, lo que no aparece en los informes. Sus detractores, como sus propios ex ministros, Robin Cook y Clare Short, no han tenido problema en afirmar públicamente que Blair acordó con Bush ir a la guerra contra Irak y luego les mintió, lo que motivó sus renuncias.

El asunto se complicó cuando The Guardian reveló la existencia de una transcripción de una charla entre el secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, y el sucesor de Cook, Jack Straw, en el Hotel Waldorf Astoria, de Nueva York, poco antes de la crucial presentación de Powell ante el Consejo de Seguridad de la ONU el 5 de febrero. El periódico dice que Powell parece "preocupado" sobre las pruebas que le presentaron los servicios de inteligencia y que expresa su temor de que los hechos reales les "exploten en la cara". US News and World Report afirmó, además, que el primero de febrero, cuando ensayaba la presentación en la sede de la CIA, el muy educado Powell lanzó varias hojas al aire mientras gritaba "¡esto es pura mierda!".

Al otro lado del Atlántico los informes de Newsweek y Time también añadieron leña al fuego y en un artículo en Vanity Fair el segundo al mando en la secretaría de Defensa, Paul Wolfowitz, admitió que el argumento de las ADM fue escogido por "razones burocráticas". El columnista Paul Krugman, del diario The New York Times, concluyó, luego de afirmar que "desinformar al público norteamericano ha sido la estrategia consistente del equipo de Bush", que "no es respuesta decir que Saddam era un dictador asesino. Al público se le dijo que Hussein era una amenaza inminente. Si esa afirmación era fraudulenta, la promoción de esta guerra sería el peor escándalo de la historia de Estados Unidos, peor que Watergate y que el asunto Irán-Contras".

Por lo que los medios han podido recoger el asunto se remonta a septiembre de 2002, cuando Rumsfeld, Wolfowitz y el subsecretario Douglas Feith crearon en el Pentágono un comité de inteligencia llamado 'Oficina de planes especiales' y conocido como 'Cabal' para determinar qué 'faltaba' en la información proveída por las otras agencias, con el obvio objetivo de buscar los mejores argumentos a favor de atacar a Irak.

La mayor parte de esa 'evidencia' provenía de fuentes que la CIA y la DIA (Defense Intelligence Agency) habían tenido siempre como poco confiables. Se trataba de miembros del Congreso Nacional Iraquí, el grupo de exiliados que los neoconservadores de Washington han apoyado desde hace décadas y al cual pertenece Ahmed Chalabi, el candidato de Estados Unidos a gobernante de Irak. Varios funcionarios retirados de esas agencias, como el ex jefe de antiterrorismo de la CIA Vincent Cannistraro, dicen que éstas "cedieron ante la presión política ejercida desde el Pentágono".

Tanto Powell como George Tenet, el director de la CIA, defienden a capa y espada los documentos en que se basaron. Pero lo cierto es que la CIA ya inició una investigación, lo mismo que por lo menos dos comités de la Cámara y el Senado. Glen Rangwala es el profesor de la Universidad de Cambridge que reveló que el informe de Powell a la ONU era plagiado de una tesis de grado. Rangwala dijo a SEMANA que el gobierno norteamericano enfrenta una grave crisis de credibilidad. "Si no se encuentran las armas el escándalo va a destruir muchas carreras políticas, tanto en Gran Bretaña como en Estados Unidos", concluyó.

La gran pregunta es hasta qué punto Bush podría enfrentar un problema político como el que tiene a Blair contra las cuerdas. Mahajan piensa que no, por dos razones: "En Estados Unidos los medios están alineados con la Casa Blanca y el patriotismo que se practica, de tipo chauvinista, se traduce en un apoyo a todo lo que el gobierno decide en tiempo de guerra".

Esa opinión no es compartida por el profesor de derecho Francis Boyle, de la Universidad de Illinois, quien en octubre de 2002 lanzó la campaña para el impeachment (destitución) de Bush. Boyle dijo a SEMANA que "la crisis en Gran Bretaña es enorme y no puede ser ignorada. En Estados Unidos se ignora lo que dice la prensa mundial, excepto la británica. O sea que mientras la situación se ponga peor para Blair, peor se va a poner para Bush".

Los defensores de la guerra, entre ellos el propio Bush, sostuvieron la semana pasada que los horrores de Saddam quedaron al descubierto tras su caída y demostraron que la guerra estaba justificada. Pero ninguno enfrentó directamente las afirmaciones de que se podría haber mentido al público norteamericano. Bill Clinton estuvo a punto de perder la presidencia, no por haber realizado actos sexuales con una practicante sino por haber mentido al negarlo. Si se aplicara el mismo rasero, George W. Bush debería estar en un problema mucho más grave que el de su antecesor.
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