Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/05/15 00:00

MERO MACHO

Carlos Salinas de Gortari toma por los cuernos el toro del narcotráfico mexicano.

MERO MACHO

Miguel Angel Félix Gallardo considerado por altos funcionarios mexicanos y estadounidenses como el narcotraficante más poderoso de México--y según algunos de ellos del mundo--, cayó preso en forma fulminante por carecer aparentemente de un buen asesor político que le dijera al oídó que ciertas inercias han dejado de ser válidas desde que Carlos Salinas de Gortari llegó al poder hace apenas cuatro meses.
Cuando asumió Salinas de Gortari pocos creyeron que ese hombre menudo, de voz aflautada, educado en Harvard y con maneras de tecnócrata, pudiera manejar con la fuerza suficiente un país de 60 millones de "meros machos". Pero sus enérgicas actitudes han dejado a más de uno boquiabierto. La última, la captura de Félix Gallardo, ha demostrado por fin que la "salinastroika" va en serio.
Gallardo, número uno de los "carteles de Guadalajara y Sinaloa" y vínculo principal en México del cartel de Medellín, era oficialmente buscado desde 1971, cuando abandonó sus ocupaciones habituales como agente policial y guardaespaldas de políticos sinaloenses, para empezar a amasar con la droga una fortuna que él mismo no puede o no quiere calcular. Su búsqueda, muchas veces "anunciada" y nunca concretada hasta el sábado 8 de abril pasado, arreció formalmente a partir de mediados de 1985, cuando los narcos asesinaron al agente de la DEA estadounidense Enrique Camarena Salazar y su colaborador, el piloto mexicano Alfredo Zabala.
El episodio originó uno de los peores momentos en las relaciones entre los gobiernos de Ronald Reagan y Miguel de la Madrid y la tensión no se alivió siquiera ante la captura de Rafael Caro Quintero y otros "capos" menores de la mafia de las drogas.
Numerosas voces de la administración y el Congreso norteamericano se alzaron al otro lado del Río Bravo para hablar de complicidad entre narcos, policías y funcionarios de alto rango del gobierno mexicano.
Desde entonces pesaron sobre Gallardo seis órdenes de aprehensión lo cales, más varios pedidos de captura de otros países, que dieron pie a numerosos procedimientos que siempre se frustraban a último momento, porque "alguien" le daba oportunamente a Gallardo el dato salvador.
No ocurrió lo mismo en días pasados, cuando 35 efectivos de la Procuraduría General de la República tomaron por asalto--sin disparar un tiro--la vivienda de la calle Cosmos número 2718, en la zona residencial de Guadalajara.
Ni los vecinos se dieron cuenta de lo que estaba ocurriendo, y a Gallardo, que en ese momento se hallaba --curiosamente--sin el apoyo habitual de sus guardaespaldas, no le sirvió de nada el poderoso arsenal que tenía a su disposición.
La policía había hallado por fin una de las madrigueras del traficante que el vulgo conocía de sobra, a tal punto que a la calle Cosmos, esquina con la avenida Arcos, la gente del pueblo le cambió hace mucho tiempo el nombre y la llama "narcos".
Mientras Gallardo era aprehendido en Guadalajara, estado de Jalisco, la Procuraduría General de la República y efectivos de la IX zona militar llevaban a cabo un impresionante operativo en Culiacán, la capital de Sinaloa, el estado donde el "capo" nació hace 43 años y en el que llegó a conocer a importantes políticos como el ex gobernador Leopoldo Sánchez Celis, de quien llegó a ser guardaespaldas, o el también ex gobernador Antonio Toledo Corro, a quien muchas voces señalan como uno de sus principales protectores .

AHORA LOS POLICIAS
En un operativo relámpago, que generó fricciones entre las autoridades nacionales y las provinciales, efectivos de la IX zona militar llegaron sorpresivamente a Culiacán el mismo sábado en que Gallardo era detenido en Guadalajara, y tras acordonar el edificio de las policías municipales detuvieron al director de seguridad pública, al jefe de la policía judicial municipal y a 600 agentes de este último cuerpo, con lo que vaciaron literalmente de policías las calles de la capital sinaloense.
La policía judicial federal completaba la tarea al detener al propio subdelegado de la Procuraduría General de la República en Sinaloa, Enrique Corza Marín, a quien se ha acusado de recibir cuantiosos sobornos de Gallardo.
Funcionarios de la administración provincial y una comisión legislativa integrada por representantes del partido oficial y las dos principales fuerzas de oposición, cuestionaron el despliegue ejecutado por las tropas al mando del general de cuatro estrellas Jesús Gutiérrez Rebollo, con el argumento de que se habían violado varios artículos constitucionales que aseguran la autonomía de los estados.
El propio gobernador de Sinaloa, Francisco Labastida Ochoa, admitió que hubo "excesos", pero terminó por adherir a la "enérgica acción" emprendida por órdenes directas del presidente Carlos Salinas de Gortari y anunció la remoción de todas las jefaturas policiales de la provincia.
Aunque la mayoría de los 600 policías recuperó la libertad, un número considerable de agentes no se ha reintegrado aún a sus puestos y en varios estados del país hay deserciones policiales ante la presunción, bastante realista, de que la purga está lejos de haber concluido.
La oposición, especialmente la de izquierda, englobada en el cardenismo, ha elogiado la decisión oficial de combatir el narcotráfico, pero ha expresado sus temores de que esta manu militari pueda descargarse también sobre la legitima disidencia.
Pero todo el mundo, tanto en México como en el exterior--donde se han producido significativos elogios como los del Departamento de Estado norteamericano--, admite que la mano dura de Salinas de Gortari, está fortaleciendo politicamente a un gobierno que nació debilitado por las acusaciones de fraude y un crecimiento inédito de la oposición, especialmente la que engloba el ex gobernador de Michoacán, Cuauhtemoc Cárdenas.
Salinas de Gortari no ha perdido el tiempo para demostrar a propios y ajenos que no hay fuerza particular que pueda enfrentarse a los intereses estratégicos del Estado.
Primero metió entre rejas al otrora todopoderoso lider petrolero, Joaquin Hernández Galicia, alias "La Quina", que comandaba un verdadero imperio de corrupción sindical. Luego le tocó el turno a Eduardo Legorreta, un magnate de la bolsa que en el crack de 1987, dejó en la lona a muchos pequeños inversionistas y defraudó al fisco.
Legorreta no sólo tenía poder económico propio: su hermano Agustin ha sido nada menos que el dirigente que los empresarios destacaron para concertar con el gobierno y los sindicatos el llamado plan de solidaridad que desaceleró el proceso inflacionario.
Al pegar sucesivamente a uno y a otro, Salinas no sólo reafirmó la autoridad presidencial, sino que apuntó a recuperar la credibilidad de una sociedad hastiada por el fenómeno de la corrupción.
Los más críticos sostienen, sin embargo, que no todo son halagos en el camino del joven Presidente mexicano, que sigue teniendo por delante el desafio mucho más profundo de la inquietante situación económica y social.
México, que acaba de firmar una carta de intención con el FMI, enfrenta en el corto plazo una delicada renegociación de su deuda externa, que debería significarle una reducción neta del servicio para poder crecer a las tasas que reclama su explosiva situación demográfica.
Algunos observadores vinculan esa renegociación con la detención de Félix Gallardo, en la medida en que ese hecho ha sido bien recibido por las autoridades norteamericanas y éstas pueden influir sobre los banqueros.
Mientras el narco se declaraba inocente ante los jueces mexicanos y comenzaban a sustanciarse varios procesos que podrían acumularle una sentencia que puede oscilar entre 40 y 69 años de prisión, el Procurador General de la República, Enrique Alvarez del Castillo, viajaba a Washington la semana pasada, para recibir el premio "Espiritu de la Libertad" que fue otorgado a México por Pride, la organización privada más importante en la lucha contra el tráfico de estupefacientes .
Alvarez del Castillo, quien curiosamente fue acusado de blando frente al narcotráfico cuando era gobernador de Jalisco, llegó a Estados Unidos con un as en la manga para sostener una primera entrevista decisiva con su colega estadounidense Richard Thornburgh .
Mientras ambos funcionarios discutian una mayor cooperación entre los conflictivos vecinos, solamente los archiconservadores --como la Heritage Foundation o el senador Jesse Helmes--insistían en pedir mayor intervención directa de la DEA en territorio mexicano o en cuestionar la "certificación" de México como país cooperador en la lucha contra el imperio de la droga.

EL NARCO-SATANISMO
Por lo menos trece personas han sido asesinadas, en crímenes rituales, por una banda de narcotraficantes que operaba en la franja fronteriza entre México y Estados Unidos.
Elegidas al azar o sentenciadas para el cumplimiento de terribles venganzas, las víctimas fueron sometidas a torturas y mutilaciones que recuerdan por un lado los viejos ritos sacrificiales, y por otro al vudú.
Los "narcofanáticos", o "narcodiabólicos", como los ha calificado la prensa mexicana, combinaban productivas operaciones de tráfico de marihuana (unas cinco toneladas al mes) con prácticas tales como la trepanación de los cautivos, para olerles el cerebro y tornarse así "invulnerables frente a las balas de la policía".
El centro de operaciones de la banda, comandada por el norteamericano--de origen cubano--Adolfo de Jesús Constanzo (alias "El Padrino"), era el rancho "Santa Elena", aledaño al Río Bravo y cercano a la ciudad mexicana de Matamoros, en el estado norteño de Tamaulipas.
El rancho fue allanado el miércoles 11 de abril por agentes de la Procuraduría General de la República mexicana y efectivos de la policía de Brownsville (Texas). La Procuraduría mexicana había logrado detener antes a cuatro integrantes de la bandasecta.
Los policías descubrieron inicialmente doce cadáveres en cuatro fosas comunes, donde también encontraron cabezas de gallinas, chivos y tortugas. El cuerpo número 13 fue hallado varios días más tarde.
Uno de esos cadáveres, el más mutilado de todos, correspondía al joven estudiante de medicina texano, Mark Kilroy, quien había desaparecido el 14 de marzo pasado en las inmediaciones del puente internacional de Matamoros.
Los restos del joven norteamericano, por quien se había ofrecido una recompensa de 15-mil dólares, eran los más mutilados. Según el comandante de la policía judicial federal, Juan Benítez Ayala: "Le sacaron completamente la columna vertebal el corazón, le partieron la cabeza de un hachazo, le cortaron las piernas así como otras partes del cuerpo".
Pero fue justamente la sonada desaparición de Kilroy la que puso a las policías de ambas naciones sobre la pista de esta secta alucinante.
Un trabajador rural del rancho "Santa Elena", reconoció las fotos del muchacho que le exhibieron los agentes mexicanos y con sus declaraciones se obtuvo luego la confesión de cuatro integrantes de la banda que habían sido detenidos previamente por actividades como narcotraficantes.
Al día siguiente del macabro hallazgo, el ejército mexicano cercaba el rancho y las autoridades norteamericanas comenzaban la búsqueda en su territorio del "Padrino" Constanzo y una de sus principales sacerdotisas, la profesora de gimnasia también estadounidense Sara Villarreal Alderete.
Al margen de la evidente cooperación entre los efectivos policiales de ambos países y del hecho ya citado de que los principales responsables fueran ciudadanos estadounidenses, la prensa texana comenzaba a "batir el parche" hablando de la inseguridad existente al otro lado del Río Bravo, suscitando la inmediata respuesta de los mexicanos, para los cuales esta extraña mezcla de droga y terror --que trae a la memoria las atroces hazañas de otras sectas satánicas como la de Guyana--es una alucinante excepción y no una regla en la vida cotidiana de Tamaulipas.

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