Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/03/27 00:00

MI NOMBRE ES BOND

Muere el dueño del nombre del 007.

MI NOMBRE ES BOND

Si nombre de James Bond está asociado invariablemente con un hombre alto, atlético, divinamente vestido, que domina todas las situaciones, cuando no está pidiendo martini acompañado de una mujer hermosa. En la pantalla el papel ha sido desempeñado por Sean Connery y Roger Moore, quienes durante 25 años han salvado a la humanidad de grandes catástrofes con el número secreto del agente 007. La semana pasada murió James Bond. Pero no se trataba del galán creado en los estudios cinematográficos sino de un ornitólogo, bajito y gordito de 89 años, y que en lugar de manejar un "Astond Martin" viajaba en bus y cuya vida amorosa se limitó a 60 años de matrimonio con una voluminosa ama de casa de Filadelfia.
Por uno de esos accidentes de la vida, el nombre de este discreto personaje acabó convirtiéndose en uno de los símbolos de la cultura popular del siglo XX. Bond había estudiado ornitología en la Universidad de Cambridge y luego se había ido a vivir a West India, en donde estudió los pájaros de esa región. Treinta años de observación lo convirtieron en la primera autoridad del mundo en todo lo que tuviera alas en esa región del Caribe. Después de la 11 Guerra escribió un libro titulado en inglés Birds of the West Indians. El libro cayó en mano del escritor Ian Fleming quien por ese entonces vivía en Jamaica y como muchos ingleses tenía el extraño hobby de observar pájaros. Fleming estaba escribiendo una novela que se llamaba "Dr. No", en la cual el protagonista era un espía inglés de 35 años que tenía todos los atractivos que un hombre puede anhelar en la vida. Lo único que le faltaba era un nombre. El del autor del libro le vino como anillo al dedo. "Me llamó la atención por ser breve, seco, anglosajón y al mismo tiempo muy masculino", escribiría Fleming 20 años después. Como los ingleses son muy formales, estrictos y decentes, decidió escribirle al ornitólogo solicitándole autorización para utilizar su nombre. El profesor distraído que vivía mirando con binoculares aves raras, se sintió muy halagado del éxito de su humilde y no aristocrático nombre.
Sobre todo, le llamó la atención la forma jocosa como Ian Fleming pensaba pagarle. "Como no tengo un centavo lo único que puedo ofrecerle es reciprocidad. Es decir, el uso ilimitado del nombre Ian Fleming para cualquier rara especie de pájaro que usted descubra y no tenga con qué bautizar". Con este apunte vino al mundo el segundo James Bond. El resto es historia.

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