Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2015/09/12 22:00

Crisis migratoria: por qué huyen millones de personas a Europa

Las cientos de miles de personas que tratan de llegar a Europa dejan atrás hambrunas, violencia, desgobierno y la certeza de que sus países no ofrecen futuro.

Desde marzo de 2011, han muerto 250.000 personas en Siria y más de 1 millón han resultado heridas. Foto: A.P.

“Podemos construir vallas, podemos construir muros”, dijo el miércoles el jefe de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en su discurso anual sobre el estado de la unión ante los representantes de los 28 países de la Unión Europea (UE). “Pero si el refugiado fuera usted, con su hijo en sus brazos, con el mundo que conoce hecho pedazos a su alrededor, no habrá precio que no quiera pagar, pared que no pueda escalar ni frontera que no quiera cruzar para encontrar refugio”.

Acompañó sus contundentes palabras con un plan para repartir los refugiados entre los países de la UE, según cuotas basadas en su extensión, demografía y capacidad económica (ver infografía). Pero su discurso puso de manifiesto las diferencias entre los miembros. Si países como Suecia o Alemania están a favor de la iniciativa y desde hace años tienen políticas para aceptarlos, los del este –Polonia, Hungría, República Checa, Eslovaquia y los tres bálticos– han expresado su desacuerdo e incluso amenazado con boicotear la iniciativa.

Es llamativo que esos sean los países que más han recibido ayudas de Bruselas, que en muchos casos han sido claves para que sus economías despeguen. También, que sean naciones que sufrieron dramas bélicos en el siglo XX, y tendrían elementos de juicio para entender la tragedia por la que hoy pasan millones de familias. Pues lo cierto es que, como señaló en junio el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, António Guterres, “se tiene la impresión de que el mundo está en guerra y, de hecho, muchas zonas del planeta están en una situación caótica. El resultado es esta impresionante escalada de desplazamientos”. En efecto, en 2015 la violencia se ha propagado por el mundo, y ha dejado cerca de 60 millones de desplazados, 20 millones de refugiados y varios millones de muertos. Y cuando se compara la lista de los países más azotados por la guerra, la corrupción o la miseria y la de los orígenes de los refugiados, coinciden.

Según las cifras más recientes de la Oficina Europea de Estadística (Eurostat), el mayor número de solicitudes de asilo proviene de Siria, Afganistán, Eritrea, Pakistán, Irak y Nigeria. Y todos comparten características. Como le dijo a SEMANA Gemma Pinyol Jiménez, experta del Grupo de Investigación Interdisciplinario en Inmigración de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, “se están convirtiendo o ya son Estados fallidos, con niveles muy altos de descontento social y muy bajos de institucionalidad, por lo que son incapaces de proteger a sus ciudadanos. En muchos casos, son responsables de sus dificultades”.

En Siria, el gobierno de Bashar Al Assad ha radicalizado tanto a la población entre sunitas y chiitas, que hoy el país parece un rompecabezas de odios étnicos. Tras más de cuatro años de guerra, las cifras son aterradoras: más de 250.000 personas han muerto, 4 millones han dejado el país y más de 11 millones– la mitad de la población– han sido desplazados de sus hogares. A su vez, la infraestructura ha sido arrasada y ciudades como Aleppo, Homs o Damasco presentan una destrucción similar al de las europeas bombardeadas en la Segunda Guerra Mundial. Por eso su población ha huido en masa y se concentra en campos de refugiados de Turquía, Jordania y Líbano.

Hoy, es difícil pensar que Siria pueda reconstituirse. De hecho, el caos que vive está vinculado al que azota a su vecino Irak, que lleva más de 12 años en una guerra que comenzó con la invasión estadounidense. A diferencia de lo que esperaba Washington, no floreció la democracia. Por el contrario, la disolución del Ejército de 300.000 hombres, el vacío institucional y las políticas sectarias del primer ministro Al Maliki –que gobernó con apoyo estadounidense entre 2006 y 2014– sembraron el odio. En ese contexto nació Isis, que el año pasado relanzó un conflicto que había dejado más de 1 millón de muertos entre 2003 y 2013. Según Eurostat, el número de refugiados iraquíes se multiplicó por dos y el de desplazados internos se disparó. Hoy hay más de tres millones sin hogar.

Pero no solo las guerras de Siria y de Irak están marcadas por el odio religioso. “En Nigeria, muchos de los refugiados están escapando de Boko Haram, que quiere formar un califato en el norte del país, y en Afganistán y en Pakistán están huyendo de los talibanes”, dijo a esta revista Carlos Vargas-Silva, investigador del Observatorio de Migración de la Universidad de Oxford.

Sin embargo, los conflictos no son el único motor de la migración explosiva. Como dijo a SEMANA Jan Semmelroggen, experto en Políticas migratorias de la Nottingham Trent University, “la miseria y la desigualdad en África y Asia son factores tan importantes como la violencia. Uno podría decir que la pobreza y la falta de democracia son las razones por las que explotó Siria”. Esa teoría se confirma en Eritrea, uno de los países más pobres del mundo, con niveles de represión similares a los de Corea del Norte, donde el servicio militar dura décadas y las detenciones arbitrarias son pan de cada día. Según Acnur, el 8 por ciento de los refugiados que hay en Europa provienen de ese país a orillas del mar Rojo.

Desde la Segunda Guerra Mundial, Europa no asistía a una crisis humanitaria así. Sin embargo, a diferencia de la mayoría de las migraciones del siglo XX, la actual no se debe a conflictos entre países, sino a guerras civiles que no se detienen ante las fronteras. Lo cual puede tener consecuencias geopolíticas. Como dijo Osama Abimershed, uno de los especialistas consultados: “El orden mundial posterior a la Segunda Guerra Mundial está en riesgo de colapsar debido a las poblaciones en continuo movimiento y ninguna sociedad está al abrigo de la violencia que se está propagando”.

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