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| 11/5/2012 12:00:00 AM

Mitt Romney vs. Tim Yenmor

Talentoso, atractivo y elegante. Mitt Romney parece desde la orilla republicana un candidato ideal para alcanzar la Presidencia de Estados Unidos. ¿Por qué le ha costado tanto alcanzar a Obama en las encuestas?

Quijada cuadrada, algo de candor en los ojos, un impecable peinado y una sien plateada que le da cierto aire de sabiduría. Mitt Romney luce como un candidato presidencial ideal para el bando republicano, un poco al estilo de Reagan: como sacado de un casting para una película de Hollywood.

Se casó con Ann Lois antes de cumplir los 20 años, y desde entonces la ha adorado con una fidelidad y una sinceridad que los fact-checkers (verificadores de datos) no han podido desafiar. Con ella tuvo cinco hijos, todos varones, que le han dado 18 nietos.

Como el millonario Ross Perot, ha financiado sus candidaturas con su fortuna personal, que amasó gracias a su habilidad en los negocios. Su recorrido como empresario le sirve, además, como una ventaja electoral en términos de la recuperación de la economía estadounidense.

Es asimismo una figura que ha consolidado un perfil nacional con experiencias en elecciones exigentes y altos cargos de gobierno, pues fue gobernador de Massachusetts entre los años 2003 y 2007. Gracias a sus conexiones con la Iglesia mormona, su visión para los negocios y  su reputada honestidad, se le encargó nada menos que evitar el naufragio de los Juegos Olímpicos de Salt Lake City del 2002, amenazados por graves escándalos de corrupción.

Romney cuenta a su vez con una amplia red de apoyo económico, por no hablar de los seguidores que consiguió en su primer intento por alcanzar la nominación de su partido, en el 2008, que perdió frente al exsenador de Arizona John McCain. En esa ocasión gastó 35 millones de dólares de su propio bolsillo.

Su campaña ha estado sin embargo lejos de ser contundente. Su candidatura se encuentra en un cerrado empate con la del presidente Obama, quien podría además verse beneficiado electoralmente por el buen manejo de la tragedia causada por huracán Sandy.

¿Y quién es Tim Yenmor?

Mitt Romney pasó los sesenta en dos de las grandes cimas de la revolución cultural de la década. Entre 1966 y 1969 estuvo treinta meses en Francia ejerciendo como misionero mormón, primero en Burdeos y luego en París, donde ascendió rápidamente en la jerarquía de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. No participó en las protestas de Mayo del 68 ni mucho menos compartió las reivindicaciones de los manifestantes.

De hecho, Romney hacía parte de la contrareforma cultural conservadora. En noviembre de 1965, cuando el poeta Allen Ginsberg galvanizaba a la juventud californiana con las consignas que desencadenarían el movimiento flower-power, el joven Romney se había fijado una misión de menor impacto, pero de gran simbolismo en su carrera.

Adscrito a la comunidad universitaria AxeComm —que se define como los “Custodias del espíritu, la tradición y el Jolgorio de Stanford”— el hoy candidato republicano tuvo el mismo año la misión de defender el hacha de leñador de la universidad. Nada menos que el premio del campeonato interuniversitario de fútbol ‘americano’.

Con tal fin, el entonces veinteañero Romney infiltró la conspiración de estudiantes de Berkeley usando el seudónimo de Tim Yenmor —su nombre al revés— para enterarse de sus planes y difundir información falsa sobre el paradero de la herramienta. “Estábamos más preocupados por proteger el hacha de los estudiantes de Berkley que por la guerra de Vietnam”, le dijo al New York Times Michael Roake, otro estudiante de primer año al recordar su participación en dicha operación de contrainteligencia.

Lo cual no es exacto, pues en un artículo publicado en mayo de 1970 por el Boston Globe, Tim ‘el rebelde’ Yenmor dijo: “Creo que nos lavaron el cerebro. Si no fue un grave error político meternos en Vietnam, entonces no sé cómo se podría definir.”

Una declaración que se fue moderando con el paso de los años.

En 1994, cuando se enfrentó a Ted Kennedy durante su campaña para el Senado, Romney afirmó en una entrevista para el mismo medio que “estaba perturbado por las críticas [de T. Kennedy] a los esfuerzos realizados en ese entonces, cuando teníamos hombres y mujeres en el campo de batalla”, para luego concluir que “hay momentos para ser críticos, pero cuando hay vidas en riesgo, es necesario respaldar al comandante en jefe.”

En el 2008, durante las primarias del Partido Republicano, fue aun más claro. Refiriéndose a su intervención como mormón en Francia, Romney dijo que “esperó con ansia en muchos sentidos haber estado en Vietnam” y que fue “frustrante no sentir que hacía parte de las tropas que estaban combatiendo”.

El gran veleta

Aunque el lapso transcurrido entre esas declaraciones podría llevar a pensar que hubo una evolución hacia posiciones más conservadoras, en el pensamiento de un político que comenzó explorando posiciones liberales, hay buenos argumentos para ver allí una característica de su personalidad.

En particular, para ganar la nominación de su partido, Romney tuvo que empeñarse en convencer a los electores republicanos de la autenticidad y la profundidad de sus principios conservadores. Del mismo modo, se empeñó en persuadirlos de ignorar sus antecedentes relativamente liberales.

Como gobernador de Massachusetts, fue célebre por haber adoptado una ley que implicaba una revisión comprensiva del sistema de salud, con lo que se exigía a todos los residentes del estado tener un seguro de salud, y otorgaba así mismo subsidios a quienes no podían pagarlos ni los recibían de sus empleadores.

Sin embargo, Romney ha sido particularmente crítico con la Ley de Protección al Paciente y Cuidado de Salud Asequible, conocida como 'Obamacare', que coincide en su espíritu y aplicación con el sistema que él había propuesto en Massachusetts.

Tras afirmar que revertiría el proyecto presidencial desde el primer día de su mandato, el republicano se contradijo en una entrevista con David Gregory del programa Meet the Press de NBC: "Bueno, no me voy a deshacer de toda la reforma de salud. Por supuesto, hay varias cosas que me gustan y que voy a aplicar".

Lo también llamativo de ese cambio fue que Romney, antes de anunciar su candidatura, dio un discurso defendiendo la política pública aplicada en Massachusetts, al tiempo que atacaba el programa de Obama.

El candidato republicano también ha afrontado cuestionamientos relativos a su compromiso con los principios conservadores. Durante su periodo como gobernador de Massachusetts, por ejemplo, una corte decidió que el estado sería el primero en adoptar matrimonios del mismo sexo.

Romney criticó tímidamente esa decisión, diciendo que los cambios en las leyes sobre matrimonio debían consultarse por voto popular, y trató de construir una base para una enmienda constitucional del estado prohibiendo los matrimonios del mismo sexo.

Romney tampoco ha logrado superar las dudas sobre sus posiciones sobre el aborto y los derechos de los homosexuales. En el 2002, al llenar el cuestionario de la Liga de Acción Nacional sobre el Derecho a Abortar (NARAL), el candidato afirmó: “Respeto y protegeré el derecho de una mujer a escoger. Se trata de una decisión profundamente personal”.

Pero en el 2010, en el programa Imus in the morning, afirmó otra cosa: “Bueno, ya sabe, nunca me definí como favorable al aborto, aunque dije cuando era candidato a gobernador que dejaría la ley tal cual está”.

Respecto a los derechos de los homosexuales, en febrero del 2007 Romney le dijo al Washington Post que “la política de no preguntar y no contar (don’t ask don’t tell) ha funcionado bien”. Pero en el 2008 el entonces candidato a las primarias declaró: “La primera vez que escuché hablar de la política de no preguntar y no contar, pensé que sonaba particularmente tonto”.

Romney, además, ha cambiado diametralmente su punto de vista u opinión sobre temas como la caza, su admiración (o lo contrario) por halcones políticos como Bush y Reagan, las investigaciones y los tratamientos basados en la experimentación con células madre, los impuestos sobre las plusvalías, los límites a las emisiones de carbono o su relación con la Asociación Nacional del Rifle (NRA).

Porque dudaban de la pureza ideológica de Romney, algunos votantes de derecha incitaron a otros candidatos a desafiarlo en su campo, dividiendo a un partido que jugaba en desventaja al afrontar a un presidente que busca reelegirse.

Pese a las virtudes de Obama como estadista y orador, para muchos republicanos el carácter veleta de Romney podría ser uno de los principales obstáculos para elegirlo como presidente. Él mismo —es decir Tim Yenmor— habrá sido su principal y desleal competidor.
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