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| 9/2/2002 12:00:00 AM

Mucho ruido...

La Cumbre de Johannesburgo se abrió con pocas esperanzas de que el mundo desarrollado asuma su responsabilidad ambiental. Angela Castellanos, enviada especial, informa.

Mas de 100 jefes de Estado -entre los que brilla por su ausencia el estadounidense George W. Bush-, 10.000 delegados gubernamentales y representantes de 800 organizaciones no gubernamentales de todo el mundo se pusieron cita en Johannesburgo para evaluar los avances alcanzados desde la Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro, en 1992, y acordar nuevos compromisos que aseguren el cumplimiento del plan de acción allí acordado, mejor conocido como la Agenda 21.

Hasta hace unos años hablar sobre medio ambiente era hacerlo de conservación de bosques, fuentes de agua, fauna y flora. Hoy el debate comprende pobreza y salud y tópicos económicos como subsidios y transferencia de tecnologías. Temas que implican financiamiento, compensaciones y compromisos concretos de los países industrializados con los que están en vías de desarrollo.

Aun cuando la temperatura es bastante benigna en esta moderna ciudad surafricana, unos 15 grados centígrados promedio, el clima de la Cumbre mundial sobre desarrollo sostenible ha estado mucho más caliente: manifestaciones callejeras con detenidos por parte del 'Movimiento de los sin tierra', titulares que anuncian un inminente fracaso en las negociaciones y fuertes declaraciones de las organizaciones no gubernamentales revelando acuerdos por debajo de la mesa entre Estados Unidos y Europa.

¿Por qué tanto alboroto? En esta Cumbre de las Naciones Unidas, que comenzó el 26 de agosto y termina el 4 de septiembre, se sentarán los derroteros del tipo de desarrollo que el mundo seguirá en los próximos 10 años. Naturalmente, todos los asistentes abogan por el desarrollo sostenible, es decir por aquel que permite satisfacer las necesidades actuales sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de satisfacer sus propias necesidades. Sin embargo no todos los países quieren pagar el costo que ello implica, como Estados Unidos, que continúa negándose a ratificar el Protocolo de Kioto; ni aumentar las contribuciones que los países del norte deben hacer para ayudar a los países del sur a reducir las principales causas de la degradación ambiental, entre ellas la pobreza y las enfermedades.

Según las propias palabras de Jan Pronk, enviado especial del secretario general de las Naciones Unidas, "no hicimos un buen trabajo en materia de desarrollo. Es una vergüenza pues durante los 90 se registró un crecimiento económico sin precedentes. De hecho, fue un fracaso en términos de medios de implementación de lo acordado en Rio de Janeiro".

Para la muestra unos botones: el 40 por ciento de la población mundial enfrenta escasez de agua; el 2,4 por ciento de los bosques del mundo fueron destruidos durante la década de los 90; cada año más de tres millones de personas mueren a causa de la contaminación ambiental; los nevados y los glaciares se están derritiendo como consecuencia del calentamiento climático, y tres cuartas partes de la pesca mundial está siendo explotada en los límites de su sostenibilidad o más allá de éstos, es decir, a un ritmo más rápido que el de su propia reposición.

Actualmente un tercio de la población mundial vive con ingresos de dos dólares diarios.

Para aliviar estos niveles de pobreza las ONG y muchos gobiernos del sur han estado impulsando la adopción de compromisos, particularmente el cumplimiento de las Metas de desarrollo del milenio, a la cabeza de las cuales se encuentra la erradicación de la pobreza. No obstante algunos de los países más ricos han estado reticentes a contraer compromisos sobre plazos y metas para su reducción. "Una sociedad humana global basada en la pobreza de muchos y la prosperidad de pocos, caracterizada por islas de riqueza rodeadas por mares de pobreza no es sostenible", afirmó el presidente de Suráfrica, Thabo Mbeki, en su discurso de apertura.

De hecho, se ha probado que un niño que nazca hoy en un país industrializado va a significar más consumo y a producir más contaminación durante su vida que 30 a 50 niños nacidos en un país en vías de desarrollo. De allí que una de las principales metas de la Cumbre sea alcanzar acuerdos para cambiar los patrones de consumo y de producción a fin de reducir sus efectos nocivos.

Ante esta situación las tareas saltan a la vista: el norte tiene mucho qué cambiar en relación con su estilo de consumo y producción para que éste no sea tan nocivo, mientras que el sur debe mejorar la calidad del nivel de vida de su población marginada para que ésta no se vea obligada a sobreexplotar los recursos naturales en su intento de sobrevivir a toda costa.

Si bien, en general, todos están de acuerdo en que la responsabilidad por la degradación ambiental es común, algunos países del norte no consideran que ésta deba ser diferenciada ya que ello implica llevar a la práctica acciones compensatorias puesto que ellos son los que más responsabilidad tienen en la degradación del medio ambiente. Compensaciones que pueden estar dadas en términos de reducción de la deuda externa, aumento de los montos de la 'Ayuda para el Desarrollo de Ultramar' (Overseas Development Assistance, ODA), transferencia de tecnologías ambientalmente amigables, etc.

Si bien estos temas no son nuevos, sí lo es el fenómeno de la globalización y de la liberalización de mercados, que ejercen una enorme influencia en las decisiones sobre el desarrollo. Precisamente el movimiento antiglobalización se ha hecho presente en Johannesburgo y ha levantado un campamento, conocido como Indaba, y las principales ONG han revelado documentos secretos entre la Unión Europea y Estados Unidos en los cuales "no se reconoce el peligro potencial que la globalización implica para la reducción de la pobreza", según declaró Rémi Parmentier, director político de Green Peace International.

Si bien hay expectativas comunes de los países del sur que tendrán que esperar mejores oportunidades para ser satisfechas, Colombia no sale con las manos vacías. La delegación nacional logró incluir, tanto en la Declaración Política como en el Plan de Aplicación de la Cumbre, un párrafo que insta a fortalecer la cooperación internacional para combatir los cultivos de narcóticos, tomando en cuenta su impacto económico y social, como por ejemplo la contaminación de cuencas y la pérdida de biodiversidad. "Esta es una ganancia para Colombia pues permite a futuro construir políticas de cooperación en la región", dijo a SEMANA Jimena Nieto, negociadora colombiana para la Cumbre sobre desarrollo sostenible.

Otra buena noticia para el país es el acuerdo para la creación del Primer corredor marino de conservación y desarrollo sostenible, que comprende las islas Galápagos, Gorgona, Coiba e Isla del Coco, de Ecuador, Colombia, Panamá y Costa Rica respectivamente. Mediante esta iniciativa Colombia podrá contar con una base para adelantar políticas de cooperación unificadas que impulsen el desarrollo sostenible en materias como pesca y ecoturismo.

Página oficial de la Cumbre de Johannesburgo 2002
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