Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2005/09/18 00:00

Mucho tilín y...

La Cumbre del Milenio, la mayor reunión de líderes de la historia, tuvo pocos resultados

Kofi Annan

El ánimo imperante en la cumbre realizada en Nueva York la semana pasada fue un pálido reflejo del que caracterizó la realizada hace cinco años para erradicar varios azotes de la humanidad. El hambre, el sida, el armamentismo iban a ser borrados a mediano plazo de la faz de la Tierra mediante el plan Objetivos de Desarrollo del Milenio, concertado en el mismo escenario en el año 2000. Pero, por lo visto en Nueva York, esas no han pasado hasta ahora de ser vanas promesas. Más aún, la incapacidad de los líderes de acordar una profunda reforma al máximo organismo multilateral, el otro objetivo de la reunión, dejó en el ambiente una sensación deprimente.

Desde hacía varios meses el secretario general de la ONU, Koffi Annan, venía haciendo campaña por la introducción de reformas, y había promovido vehementemente la redacción de un borrador de acuerdos que deberían ser suscritos por los países miembros en el marco de la cumbre. Para Annan, la renovación era el eje sobre el que debía girar la asamblea, y la única forma de hacer que Naciones Unidas estuviera a la altura de las necesidades actuales.

Pero, a principios de agosto, el conservador John Bolton fue nombrado embajador de Estados Unidos en la ONU. El nuevo embajador presentó un texto que contenía 750 enmiendas al borrador que Annan venía trabajando, junto con representantes de varios países. El llamado 'Plan Bolton' eliminaba o esquivaba algunos de los temas más importantes que se debían tratar en la Asamblea General, tales como los Objetivos del Milenio, los acuerdos ecológicos, el desarme nuclear y la reforma del Consejo de Seguridad. La oposición de la gran potencia dificultó que las cosas marcharan como Annan las tenía presupuestadas. Y el informe sobre el escándalo de corrupción del Programa de petróleo por alimentos en Irak le quitó credibilidad al Secretario General en un momento clave.

Las mayores críticas por lo que muchos consideran el fracaso de la cumbre han recaído en la postura adoptada por el gobierno de George W Bush. "Claramente, Washington decidió sabotear la cumbre. Los negociadores estadounidenses tomaron parte en la negociación desde hace cinco meses y participaron en la redacción del documento. ¿Por qué, de repente, decidieron 700 cambios en el texto pocas semanas antes? Estas acciones tienen la intención de hacer naufragar la cumbre y desacreditar a la ONU", dijo a SEMANA James Paul, director del Foro de Política Global, organización que monitorea las políticas del ente internacional.

Uno de los puntos más sensibles dentro de la agenda de la cumbre era la reforma del Consejo de Seguridad, pero su estudio quedó aplazado para diciembre. Este consejo tiene a su cargo solucionar los conflictos internacionales. Decisiones tan importantes como la de emprender acciones militares o promover sanciones a Estados agresores están en manos de los 15 miembros del Consejo pero, sobre todo, en las de los cinco permanentes que tienen derecho a veto: Estados Unidos, Gran Bretaña, China, Francia y Rusia, que se han opuesto a cualquier intento reformista.

La última reforma a este órgano se dio en 1964, cuando se amplió el número de miembros no permanentes. Muchos países consideran que el consejo, diseñado tras la Segunda Guerra Mundial, no es plural ni equitativo. Pero el documento de la cumbre resultó ambiguo al respecto, y aunque advierte que el consejo debe ser más representativo, no especifica cómo se va a lograr ese objetivo.

Este no fue el único tema estancado. No se logró un consenso en cuanto a la lucha antiterrorista, debido a que la definición misma de terrorismo causó problemas conceptuales entre los negociadores. Para algunos, como Estados Unidos, cualquier acción armada dirigida a intimidar a la población y que sea causante de daños a personas debe ser considerada como terrorista. Para otros, particularmente los países del Tercer Mundo, esto no sería aplicable en casos de ocupación extranjera. Al final, la única salida fue abstenerse de definir el terrorismo y encargar a la asamblea general un estatuto en el curso del año que viene.

En el tema de desarme y la no proliferación nuclear tampoco se llegó a algo concreto. Las posturas ambivalentes de los países que tienen bombas, que presionan porque no haya nuevos arsenales, chocan con las de países que exigen que el desarme sea para todos, y con los países en desarrollo, que buscaban un mayor énfasis contra el comercio de armas ligeras y personales. Annan se mostró muy decepcionado por un acuerdo sobre este punto.

Por otra parte, la sustitución de la desacreditada Comisión de Derechos Humanos por un Consejo de Derechos Humanos fue uno de los pocos acuerdos efectivos. Esta reforma supone una reducción de los miembros, de la que hacen parte naciones como China, Libia, Cuba y Zimbabwe, acusadas de violar estos derechos. Aunque ya está contemplada la creación de este nuevo organismo, su estructura y la decisión de los países que deben ser excluidos o incluidos se tomará posteriormente. Lo que sí se anunció fue que el presupuesto de la Oficina del Alto Comisionado para Derechos Humanos de la ONU será duplicado.

El discurso más fuerte fue el del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, quien dijo que la ONU "no sirve para nada". Además, acusó a Estados Unidos de manipular el borrador de la reunión. "No podemos aceptar la dictadura abierta y descarada en Naciones Unidas. Estas cosas son para discutirlas. Este documento fue entregado cinco minutos antes y en inglés a nuestros delegados y fue aprobado con un martillazo dictatorial que denuncio ante el mundo como ilegal, nulo e ilegítimo".

Lo más decepcionante fue la falta de compromiso sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Éstos buscan que se reduzca la pobreza extrema global a la mitad para 2015. No obstante, la falta de financiación hace pensar que muchos países pobres, especialmente los de África, van a naufragar en el intento.

Y es que para financiar los más de 135.000 millones de dólares anuales que va a costar el plan, la ONU había previsto que los países ricos llegaran a aportar el 0,7 por ciento de su Producto Interno Bruto. Sin embargo, Estados Unidos evitó cualquier alusión directa a ese compromiso y, aunque habló de ayuda, no hizo ninguna precisión. Por el contrario, lanzó la pelota al otro campo al proponer a los países pobres que modernizaran sus economías y las ajustaran a los nuevos mercados globales.

Thabo Mbeki, presidente de Sudáfrica, fue enérgico. "Nuestro acercamiento a los desafíos para comprometer y colocar los recursos necesarios para el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo del Milenio han sido indiferentes, tímidos y tibios", expresó.

Algunos, como Courtney Bruce Smith, profesor de relaciones internacionales de la Universidad de Seton Hall, son más benévolos. "La discusión muestra que los países tienen intereses divergentes sobre cómo alcanzar los objetivos. Pero estos, al menos, han hecho que los miembros dialoguen sobre el mismo tema, al mismo tiempo", dijo a SEMANA.

El descontento fue generalizado entre los países con menos poder dentro de la ONU, lo que, sumado a los recientes escándalos de corrupción en el programa de petróleo por alimentos en Irak, hace temer que se extienda la falta de confianza frente a una organización que, pese a sus fallas, sigue siendo el símbolo de la acción colectiva global.

Para los optimistas, si bien la asamblea no logró todos sus cometidos, sí fue un paso adelante hacia la reforma. El cumpleaños 60 dejó claro que el tiempo no les pasa en vano a las instituciones, y que la ONU necesita un aire que la rejuvenezca y le devuelva credibilidad frente a la comunidad internacional.

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